Nightmares On Wax

 

Rockológicas Una manera diferente de conocer la música

La Habitación de Nilsson

En pleno Londres, en el caro y prestigioso barrio de Mayfair en West London, y dentro del distrito de Westminster, podemos encontrar la calle Curzon Place, Shepherd Market. Justo en esa calle, en el número 9 piso 12, sucedieron algunos hechos que merecen estar en estas 'rockológicas' por derecho propio. En ese lugar se alza majestuoso, y rodeado de lúgubres leyendas, el que fuera piso maldito del malogrado cantante y compositor Harry Nilsson.

 
 

Pero, ¿qué sucedió exactamente en ese apartamento? ¿Por qué fue tachado de maldito? ¿Y por qué Nilsson terminó vendiendo aquel piso?

Lo que sigue a continuación es completamente real y sucedió tal cual lo contamos.

El 28 de julio de 1974 Michelle Phillips, la guapa componente del grupo The Mamas & The Papas, recibió la llamada eufórica de su ex compañera Cass Elliot, que estaba en plena vorágine de conciertos. Durante la charla que mantuvieron Elliot se jactó de su éxito en solitario, “dos semanas de entradas agotadas en el London Palladium y espectaculares ovaciones” le comentó a Phillips.

Al fin Cass Elliot vivía un momento dulce después de los muchos fracasos que a nivel personal había padecido, entre ellos dos divorcios, la disolución del grupo que le dio la fama y el hecho de ver a su mejor amiga, Michelle, acostándose con su amor platónico, el también miembro de The Mamas & The Papas, Denny Doherty, hecho del que nunca se recuperó del todo, Michelle, además, estaba casada con otro de sus grandes amigos, el otro miembro de The Mamas & The Papas, John Phillips.

Tras acabar exultante la llamada telefónica, Mama Cass decidió marcharse a descansar al piso que su amigo Harry Nilsson le había prestado por unos días. Elliot continuaba teniendo problemas de obesidad mórbida, pesaba 108 kilos y sólo medía 1.65 m, lo que ya le había dado diversos problemas de salud anteriormente. Aquella noche se acostó en la cama de una de las habitaciones del piso para no despertar jamás. Tenía 32 años.

Las primeras hipótesis se decantaron por una sobredosis, aunque después los rumores fueron apareciendo, cada uno más disparatado que el otro. El más conocido fue el que explicaba la muerte de la artista por asfixia al quedársele un trozo de sandwich atascado en la garganta (en su cama se había hallado el supuesto bocadillo asesino, pero no había sido empezado). Este rumor se popularizó enormemente al ser publicado, entre otros, por la revista Rolling Stone o por el New York Times. Otros cotilleos fueron aún más dantescos, como el que apuntaba el hecho de haber sido asesinada por estar embarazada de un supuesto hijo de John Lennon, o que su fallecimiento había sido organizado por el FBI para prevenir el éxito masivo de la cantante. Sin embargo, el informe de la autopsia fue claro y contundente, publicado un par de semanas después de la muerte de Elliot por el especialista Keith Simpson, y no dejó lugar a dudas: “degeneración grasa del miocardio debido a la obesidad”. Es decir, una acumulación anormal de grasa que le provocó un fallo cardíaco. No había rastro de drogas, ni fármacos, ni de comida. No obstante, las diversas leyendas ya habían tenido tiempo de expandirse como la pólvora. Nadie sabía entonces que el caso de Mama Cass sí iba a tener un componente realmente extraño y perturbador.

Cass Elliot fue enterrada en el Monte Sinaí  Memorial Park, en Los Ángeles, California.

Hemos de viajar en el tiempo para conocer un poco más la historia de la habitación maldita de Nilsson, concretamente al  6 de septiembre de 1978.

En el barrio de Covent Garden de Londres, y cenando en el restaurante Peppermint Park,  se encontraban aquella noche Paul McCartney, Linda McCartney, Annette Walter Lax y el batería de The Who, Keith Moon. 

Tras acabar la cena fueron, junto a otros famosos como Dave Frost, al preestreno de The Buddy Holly Story. Sin embargo, a mitad de la película Anette y Moon se levantaron, y abandonaron el lugar sin dar explicaciones para dirigirse inmediatamente después al apartamento que su amigo Harry Nilsson les había brindado para la ocasión, que no era otro que el piso 12 en el número 9 de Curzon Place. Se especuló que la pareja se marchó ante la impotencia acumulada al no poder Moon tomar una sola bebida.

Keith Moon durante toda su vida había tenido serios problemas de autocontrol: adicto al alcohol, las drogas, los tranquilizantes para caballos y las anfetaminas, además de otras curiosas adicciones, como colocar pequeñas bombas en los cuartos de baño de los hoteles o disfrazarse de Papa. Sufría además de horribles pesadillas, atormentado por la muerte de Cornelius Neil Boland, su amigo y guardaespaldas, acaecida el 4 de enero de 1970, cuando un grupo de cabezas rapadas abordaron el coche del músico y sus acompañantes frente al pub Red Lion en Hatfield para increparlos y zarandear el vehículo. El guardaespaldas Boland salió del coche para intentar mediar en el conflicto, y tras una fuerte discusión Moon, borracho como una cuba, tomó los mandos de su automóvil de la marca Bentley para intentar salir del lugar, con tan mala fortuna que lo estampó contra su amigo y guardaespaldas, arrastrándolo durante varios metros. Se necesitó al cuerpo de bomberos para poder sacar el cadáver de Neil Boland, cuya cabeza había quedado destrozada por completo, aplastada por las ruedas. A pesar de decretarse “muerte accidental”, Keith jamás se liberó de la sensación opresora de haberle quitado la vida a su compañero, y solía tener sueños espantosos reincidentes sobre el tema que pocas veces le dejaban dormir de un tirón.

Según declaraciones de su ex-amante Pamela D. Barres, por este hecho Keith Moon se consideraba a sí mismo un maldito hijo de puta asesino.

Estaba intentando controlar sus impulsos primitivos, y acababa de salir del hospital psiquiátrico, al que no deseaba volver jamás, como así le comentó a sus allegados. Keith inició un proceso de rehabilitación para salir del pozo de adicciones y depresión en el que estaba sumido, animado por varios de sus mejores amigos, entre los que se encontraban Alice Cooper, Ringo Starr o el propio Nilsson..

El doctor Geoffrey Dymond, que desconocía la personalidad inestable de Moon, le recetó un bote de 100 pastillas de clometiazol, un relajante muscular habitual contra los casos de alcoholismo agudo. El paciente debía tomar una pastilla cada vez que sintiera deseos de beber, y nunca más de tres tomas al día.

Según la poca información que existe sobre lo que ocurrió poco después de abandonar la sala cinematográfica, parece ser que al llegar al número 9 de Curzon Place, Keith le pidió a Annette que le hiciera un sandwich ya que al parecer aún tenía algo de hambre. La chica no estuvo mucho por la labor, y comenzaron a discutir. Poco después, tras tomarse su medicación, Moon se puso a ver el film El Abominable Doctor Phibes. Mientras, Annette se acostó en la cama de una habitación colindante.

A la mañana siguiente Annette Walker salió de su profundo sueño  para encontrarse al batería de The Who muerto en la habitación de al lado. Había sufrido una sobredosis de pastillas de clometiazol. En su estómago llegaron a encontrarse hasta 32 píldoras, de las que 26 aún no se habían disuelto. Moon fue incinerado en Londres, en el Golders Green Crematorium, y sus cenizas esparcidas por los jardines del mismo.

Se colocó una placa conmemorativa con la frase “no hay sustituto”, aludiendo a la famosa canción Substitute del mítico grupo inglés.

Lo espeluznante de la muerte de Keith Moon, sin embargo, es que tenía entonces 32 años, la misma edad que Cass Elliot en el momento de su muerte, y no acaban ahí las coincidencias. Moon había fallecido en la misma habitación que Mama Cass, y en la misma cama. La leyenda de la casa maldita de Nilsson acababa de nacer.

Como cabía esperar, se rumoreó que la muerte de Moon había sido en realidad un suicidio. ¿Cómo alguien con tanta experiencia con las drogas podía morir por una sobredosis de clometiazol? Estas insistentes teorías se basaban en hazañas protagonizadas por el propio finado, como ingerir una mezcla de tranquilizantes para caballo acompañada de brandy, y dormir después durante dos días seguidos, sin mencionar que en aquella ocasión Moon se desmayó en pleno concierto.

Por supuesto el piso entró de lleno en la historia de la música, pero no precisamente por su acogedora cama para invitados. Tras los acontecimientos Harry Nilsson cogió cierta fobia al apartamento y lo vendió. El valiente comprador fue el guitarrista y compositor Pete Townshend, compañero de Moon en The Who.

J.E. Luque