Los amigos de Txarly

 

LA QUINTA COLUMNA

¿Qué fue de Baby G?

 

Facto. Anoche me acerqué a la inauguración de Trip Club. El Molino, Barcelona. Pasa media hora de la medianoche. Saludo a Wagner Pa, Panko, Angel Dust, Guille De Juan, Tito, Javi Zarko, etc... Tres de octubre. ¿De qué año? Pues si no lo menciono difícil será distinguir si es una noche del siglo pasado o de éste. 2014. Pinchan Nightmares On Wax, música clásica. Lo que en su día pudo considerarse experimental, electrónica, avanzada y multimierda a mí hoy me suena como hace veinte años, a música. Me presentan a Facto, Marc Barrachina. Me trata de "mítico", y conversamos atropelladamente durante quince minutos. No nos conocíamos físicamente. Actualmente tiene un proyecto llamado Facto Y Los Amigos Del Norte con Warner. Ya está. Hasta aquí la sinopsis, luego vemos todo el lío que genera mi intro. Hoy los guiones de cine se plantean así. Cuatro datos inconexos, y luego, !zasca! todo encaja. A ver si lo consigo antes de que estos señores de Self me chuten por incompetente. Y si no sale, pues ajo y aceite.

Llego a casa a las dos de la madrugada. No he tomado ni un triste Gin Tonic. La bebida que salvó Antonio Resines. Mi viejo amigo Iñaki Álvarez sostiene esa teoría. Sin Resines Larios se hubiera hundido y hoy no sería una bebida incomprensiblemente cool. Tiene una colección de grandes teorías sobre Chambourcy, New Balance, etc... En fin. Ni un triste Gin Tonic a pesar de que antes de pasar por la piedra del Molino estuve en Mau Mau saludando a Fran. Fran navegó al frente del Powder Room junto a Marcos Juandó en los dosmiles, todos los jueves noche en Apolo. Donde no estuvieron Nightmares On Wax, pero no hubieran desencajado entre DJ Food o Cut Chemist. Él ahora está escuchando Beach Boys y creo que reservaré unos dias para el beachboyismo, apetece oírles. Tanto tiempo rechazando el mainstream te convierte en un freak de piel gruesa. Descubrir a Marvin Gaye con cierta edad mola mucho, tu paladar ya está curtido. Algo así como reservarse para el postre. Fran maneja ahora el arte del Gin Tonic y del Ron Jeremy. Llego a casa a las dos de la madrugada y recibo un whatsup. Creo que sería más fácil copiar y pegar la conversación del whatsup. Sería supermoderno, ¿no? Avanzado y multifaltas de ortografía. Nuestros dedacos morcillescos convierten una conversación entre licenciados adultos en un diálogo de Latin Kings: "blojsh ahsnm jahs". Mejor lo cuento, saltándome los chascarrillos y las faltas de ortografía. 

El de los whatsupos es Javi Pez al que conocí en noviembre de 1993. Éramos muy peques. Él estaba en Barcelona de promoción de su primer disco de Parafünk. Apareció por la calle Valencia 300, 3º 3ª para que Albert Salmerón le entrevistara en el nombre de RDL. Eran las oficinas de Producciones Animadas, y mi casa. No juntéis nunca hogar y oficina si queréis conservar los amigos. Parafünk era algo muy raro en la España indie pop de los early 90tas. Flechazo. Durante varios de los años siguientes pasé todo mi tiempo de ocio en Donostia. Fundamos un sello discográfico juntando dinero entre cinco amigos. Novophonic. Editamos 17 o 18 referencias, y lo pasamos muy bien siendo multimiedos y avanzados. Tras diez años de experimentos y aventuras nos distanciamos. Una suma de circunstancias nos llevó a disolver la sociedad, cerrar el sello y liquidar cuentas. La necesidad de emprender nuevos caminos. Yo me colgué del mundo rumbero, publiqué la trilogía Achilifunk, el libro Achilibook, y mil cosas más. Pez volvió a su versión más acústica con la reciclada Javi Pez Orquesta, y más tarde Trizeps. Makala, que fue el último en llegar a Novophonic, se consagró como dj, y ahora anda también de combo acústico jazz funk. La ruptura de 2003 fue dolorosa, pero casi sin mal rollo. Dejémoslo en casi. No voy a esforzarme en recordarla, los buenos ratos se han de aprovechar y los malos mejor olvidar, es preferible reír que llorar. Diez años después, en el trece, volvimos a encontrarnos y nuestros cerebros habían macerado paralelamente. Suena bien, pero no sé que he querido decir, tampoco soy tan listo. Cientos de experiencias comunes y recuerdos cruzados. Ahora estamos en ese punto. Decidimos digitalizar todo el catálogo Novophonic con evidente interés económico, y a su vez por acercar una parte de nuestra historia musical pasada a la generación digital. Esa generación de catetos que escuchan música a través de un canal telemático de vídeo, y que optan a toda la información del planeta con la curiosidad de un autista. A ver si por casualidad alguien se preguntaba "que fue de...". Pero Spotify e iTunes no generan visitas por sí mismos. A raíz de ello pensamos en activar una página en Facebook, y rellenarla de pajas. Cómodas e incómodas. Rescatar imágenes y recuerdos. Un ejercicio divertido y necesario, en la Red no queda casi rastro del período entre siglos. Y justificamos nuestra dosis de nostalgia en busca del tiempo perdido. Estamos en ello, un retrato a través del tiempo de lo que ocurrió en nuestro ámbito cerrado y supermoderno, del que nos vanagloriamos, y hoy nos reímos. Visita facebook.com/novophonic. Ya he colado la cuña Javi, ahora te toca a ti.

Peor sería aprovechar esta columna con una cita del tipo "esto no lo va leer nadie" como diría Manuel Jalón Corominas. Por cierto, antes de que lo olvide, quiero recomendar un texto que he leído recientemente en el blog de Josele Sangüesa llamado Honor De Caballería. Una conversación con Santiago Auserón & Sabino Méndez. Estáis en Internet, venga, es fácil. No adjunto el enlace porque no deseo que sea tan sencillo. Esforzaos en copiar el entrecomillado y pegarlo en gugel. Esforzaos en leer de cabo a rabísimo la conversación, y volved aquí. Marco con una equis el punto para que lo encontréis al volver. X. ¿Qué tal? ¿Deseando que la librería de Alejandría esté instalada en la estantería de tu habitación? "Ahora sigo yo, y vuelvo a mi ponencia máxima", como decía Kiko Rivera. Y aunque no lo parezca estoy muy de acuerdo. Muy mucho en que deben ser los pensadores, divulgadores, divagadores y citadores los que deben reflexionar en voz alta sobre temas que a priori parece que conocen. E imagino que ellos ignoraban que mi ceño pudiera llegar a fruncirse tanto tras leerles. Joder qué densa está esta sopa. Y sin ser esa su voluntad, y suponiendo que en la transcripción se habrán contrastado las citas, joder qué riesgo. El de ambos. De repente he tomado conciencia de que no entendí nada en sus canciones. O quizás todo lo contrario. Volvamos.

Esta mañana, volviendo de un partido de fútbol en Hospitalet, me acerco a la Fira Del Disc de Barcelona. Paso por el stand de Milenio donde el editor Javier De Castro me muestra una edición reciente sobre Vainica Doble, libro en la que se habla del Donosti Sound. Casualidad. Lo primero que veo al hojearlo es a Peru Izeta de Le Mans. Es la misma foto de siempre. Con toda seguridad antes de que concluya la década existirá un libro sobre Le Mans construido sobre una sola foto. El pie de foto tendrá 200 páginas. Tipo Family. El marketing donostiarra. Evitémoslo ahora que aún le podéis pedir otra foto a Peru. Sigo andando. Me acerco al stand de Zero y Edu Domingo, el Nietzsche de la electrónica y el Pablo Escobar del vinilo, respectivamente. Le repito a Raül G. Pratginestós aka Zero la pregunta recurrente de cada encuentro casual anual: ¿realmente hay algo nuevo en la música electrónica? Conclusión "todos damos bastante asco" con acento sevillano como diría Tote King. Desde el desembarco, abaratamiento y democratización del software y hardware musical digital, y la consiguiente explosión hacia todos sus extremos, no hay nada nuevo bajo el Sol. Simplemente mutaciones de las ramas primigenias. En resumen, "estamos vendiendo maxis de Gemini y Cashmere a 50 euros". ¿Significará eso que las cotas creativas iniciales no son superables? El sonido podrá seguir mejorando, pero los patrones estilísticos son los mismos. Lo nuevo es una variación de otra variación. La progresiva revolución que generó esos gigantescos árboles de estilos y subestilos que tanto le gustaban a Lluis Lles en los especiales del Dance De Lux siguen produciendo hojas, pero el tronco y ramas no difieren del que empezó a florecer a finales del siglo veinte. ¿Y cuál es el problema? Ninguno, estoy intentando cerrar el círculo.

Veamos, ¿por dónde iba? ¡Ah si! Zero afirma que nada es nuevo y particularmente ahora, cuando el riesgo creativo está en la ecualización. Quizás no fuimos conscientes nunca de nuestro papel experimentando a la chapucera. Bazares y Espeso era uno de los proyectos de Novophonic que nunca arrancamos. El nanogranito en el microculo que nadie vio, y ahora resultará que teníamos millones de followers y todo el mundo conocía la historia. Pues imposible. Si los protagonistas que la vivimos apenas la recordamos, y tenemos un chat que parece el palco de Statler y Waldorf, ¿como váis a saberlo todo de mí? Gracias Mark Zuckerberg por darnos esta oportunidad de recuperar el tiempo perdido. De intentar clasificar nuestro archivo para dar sentido a lo que hicimos. Y sobre todo de generar tráfico en los portales de música digital de donde cuelgan nuestros embutidos a la espera de que alguien los disfrute de una vez. No sólo para que nos reporte unas centésimas de euro con las que pagar nuestro futuro geriátrico, simplemente para dar constancia de que existimos, ya que lo real ya no cuenta. Si no estás en Matrix no existes. Si el oráculo no responde cuando escribes en su metabuscador "tienes tres mil respuestas a tu pregunta", tu pregunta no es de este planeta. Lo estamos dejando todo en manos de la supermáquina. A poco que se esmere seguro que será más inteligente que nosotros, tan imperfectos como asimétricos. En resumen, tenemos Facebook a modo de time lapse, hemos vuelto virtualmente a 1995 y avanzamos día a día celebrando nuestro vigésimo aniversario con un año de antelación. Al marcharme de la Feria me parece reconocer en un hombre de dos metros y más de ciento cincuenta quilos el perfil de Antonio Franco, exdirector de El Periódico, trapicheando con revistas vintage en el stand de Milenio. Lamentablemente en la feria del disco cada día hay más canas. Nos han convencido a todos de que el futuro es digital. Más que en La Quinta Columna, me podéis dar un espacio en el "Self Chascarrillismo".

La Escena

Y volviendo al principio. Facto. Voy a enviarle un whatsup. Debería mandárselo. No lo haré. Tengo que desentramar el enigma central de este guión. Pero me da igual. Lo cuento aquí, y si lo lee, que decida él si vale la pena contestar. Una noche de 2005 aproximadamente, viendo un programa en La 2 de efímera trayectoria llamado Ipop, descubro un combo que me produce una extraña sensación. Coño, están haciendo parafünkismo evolutivo refinado. Es fascinante. Recitados sobre bases molonas como los de Pez en Parafünk. Son Facto Delafé Y Las Flores Azules. Campañas para El Corte Inglés o San Miguel. Novophonic habíamos influido, consciente o inconscientemente en alguien, o no. No era nuestro triunfo como sello, de hecho ya no éramos ni sello en ese momento. Simplemente confirmaba que una de nuestras apuestas pudo haber funcionado comercialmente. De haber estado en el momento adecuado en el sitio indicado, obviamente. La casualidad. Eso no demuestra nada. Pero reconforta. Al menos a nosotros, que en ese momento ya habíamos perdido la fe y bajado la persiana. Precisamente esa fe. Nos la ponía más dura descubrir que en Masters At Work o Gilles Peterson se la pelaban como mandriles con nuestros discos. Lo vimos con nuestros propios ojos. Pero quien cobraba quince mil euros por sesión eran ellos, nosotros jamás pasamos de quince mil... pesetas. Quizás porque nuestra fabulosa esquina del planeta se la conoce como "el orgullo del tercer mundo". Donde los ladrones mandan y los creadores piden limosna, donde los comerciantes son ricos y los productores pobres. Eso dobla nuestro mérito. Sí, claro, mientras nos calentamos las manos bajo un puente del Urumea quemando portadas de discos en un bidón, por encima de nuestras cabezas pasan Ferraris conducidos por los camellos de las salas que nos vieron triunfar. Todo muy Torrente. Y con el contacto perdido en esos años entre Pez y yo, el sello cerrado y Makala como único puente. En ese momento pensamos lo mismo y no parecía que nadie se hubiera dado cuenta. Total, que más da. La historia de la humanidad está repleta de cardadores de lana. A fin de cuentas el enigma sería ¿existe ese nexo o lo estoy soñando?

Vuelvo al whatsup. Y no transcribo, aún siendo lo más fácil. Las leyendas urbanas se sustentan en la imaginación y la fantasía. Le cuento el whatanight del Trip a Pez. He hablado con Facto. Esquematizado y con errores ortográficos de dedo muñón. Recito mi teoría sobre la casualidad que va de Parafünk a Delafé. Me comenta él que durante nuestros años de incomunicación coincidió con ellos en un bolo, les preguntó, pero no sacó nada en claro. O eso o que no me da la gana de transcribir su respuesta. Ojo, aclaro que a Pez y a mí se nos trataba de estrellitas porque siempre fuimos los resabidos del poblado. Petulantes fuimos. Ahora tengo la oportunidad de saber hasta que punto Facto sumó elementos y referencias. A diferencia de lo publicado en entrevistas donde intentas ser molón -Marvin Gaye, Dr. Octagon, Yo La Tengo- sonaría más lógico que sus referencias fueran más baratas. Pero menos cool claro. Como Novophonic se inspiró en Mo' Wax, Derribos Arias y mil cosas más que nunca ocultamos. Pensando en eso, otro día podría repasar la trayectoria de los fatboyslims locales, esos que citan como influencia a Jesús De Nazareth de Franco Zeffirelli, y tú estás viendo el Ecce Homo de Borja colgando de su etiqueta. Pero quizás me da más morbo que Facto, que hacía un programa en Radio Gladys Palmera junto a Carles Riu en los early siglo veinte, lea esto y me lo conteste para sus adentros porque tampoco cambiará nada su respuesta. O al igual se sorprende oyendo el Prólogo, por no decir el Epílogo de Parafünk. Por cierto, Carles Riu figura en el ranking Camping Gaz en segunda posición de "entrevista rara". Pero andamos buscando al ganador, un realizador de televisión que nos entrevistó tras el concierto de Camping Gaz en Barcelona del Sónar 2001 durante dos horas en el sótano del Hotel Gravina de Barcelona. Muy angustioso todo, pero se quedó con el reportaje y jamás vimos nada, y ni tan siquiera conocemos su nombre. No sé qué hacer. ¿De qué me servirá descubrir que conocía al "homo antecessor" si él ya evolucionó? ¿Variará mi concepción del mundo? He empezado a pensar que estamos entrando en el revivalismo de los 90s. Ha pasado una generación entera, veinte años. El efecto 2000 se nos llevó a todos por delante. ¿Qué fue de Baby Jane? Lo curioso no es saber como acabó todo, lo curioso es ver que a nadie parece interesarle un pimiento. Mirad esto, una web del pleistoceno, 1999. Si te suena a chinísimo entenderás de que hablo:  

arrakis.es/~chiu/sellos.htm

Pensábamos que este canal de comunicación, Internet, nos ayudaría. Nos conectaría. Al revés, la sobreinformación nos aisla. Tantas redes, tantos canales y al final todos perdidos. Los creativos son esos Robin Hoods que crean herramientas para acercar el conocimiento a los humanos, y en realidad están proporcionando inconscientemente números de cuenta a los mismos ladrones que en la vida real están colapsando la cultura y saqueando al pueblo. No es un man vs machine, nunca será eso. Es el hombre contra el hombre. Las debilidades del hombre contra sí mismo. No sé ni para qué escribo esto, ni para qué sirve, y sin embargo lo hago. Doy contenidos a Robin Hood para que Jose Marica Acenar se forre los testículos de Albal. Acabo dando beneficio a mi verdugo solicitando clemencia a mi creatividad. Es de traca. En resumen: tonto el que lo lea, y yo el primero al escribirlo. El chat del whatsup sigue. Durante la conversación Pez descubre una montaña de fanzines musicales avanzados de un solo número. El foco de Novophonic siempre fue él. Interpretaba guiones que inventábamos en un sótano. Yo conseguía un comodísimo segundo plano. Y hoy yo te lo cuento, y él seguro que se estará riendo. Eso espero.

Txarly Brown