Pina

 

Pina Dark, Deep & Down

Pedro Pina es en estos momentos proa de la electrónica que se hace aquí. Alguien con tres largos ya como Pina (y uno más como Sloan) no es cualquiera. Además sabe lo que quiere tanto como lo que hace. Son escasos, pero muy buenos, de eso no hay ninguna duda. Y él quizás el mejor en estos momentos (hablo de 'solistas'). Y el Sónar 2014 lo tendrá que certificar, ya que Pina estará allí actuando para disfrute de todos los que sepan apreciar lo notable del asunto.

 

¿Cuándo y por qué te metiste en este mundillo de ‘indeseables’?

La cosa empezó a mediados de los 90 como consecuencia de la suma de diversas casualidades. Ya existía cierta inquietud por componer y entender un poco de qué iba esto de los sintes. Por otro lado en aquella época comenzaba a haber cierto movimiento con conciertos interesantes en centros cívicos. Con quince años y sin recursos salir el fin de semana se reducía a pillar una botella de vino por 100 pesetas y luego ir a ver un concierto, el que fuera, al centro cívico de turno. Una noche veías a Beef, otra noche veías a Eat Meat o a Teen Marcianas. Todo esto no hacía más que alimentar el runrún. Por otro lado descubrir que con un Amiga 500 se podía hacer música por muy poco dinero fue toda una revelación. El paso final fue cuando, casi por error, acabé tocando teclados y programando ambientes en una banda de doom metal. Por ponerlo en contexto comentar que en aquella época estaba metido en el gotiqueo y la electrónica oscura. Ya a partir de ahí, cuando comenzamos a tocar en directo, ya no hubo vuelta atrás.

¿Es duro venir del extrarradio de Barcelona o es tan difícil la capital como la provincia?

Es duro ser joven y no tener un duro. También eso fuerza a ser creativo, por supuesto. Reunir la pasta para poder ir un sábado por la noche a Toque era de todo menos fácil. Que un pueblo tradicionalmente mal comunicado con Barcelona como El Prat en comparación con Hospitalet tampoco ayudaba. A día de hoy, estando todo tan jodido y tan interconectado tampoco hay tanta diferencia. Bueno, el metro sigue sin llegar a El Prat.

¿Eso que cuentas influye a la hora de hacer música? ¿Se aprecia en las ‘canciones’ que haces?

Todo influye a la hora de hacer música: el entorno, tu estado emocional, etc... Empezar con pocos recursos se traduce en un aprovechamiento total de los pocos equipos de que se dispone. Un poco el ‘menos es más’, pero porque no queda otra. A partir de ahí se van adquiriendo ciertos hábitos (o ciertos vicios) que todavía arrastro hoy en día.

 ¿A qué hábitos/vicios te refieres?

Pues por ejemplo el pillar una nueva máquina y exprimir todas las posibilidades que ofrece, incluso más allá de lo que diga el manual. Obtener resultados distintos a los que se puede esperar de un determinado equipo. Ocurría al principio, con los pocos sintes que uno podía tener, y sigue ocurriendo cuando añado una nueva caja de ritmos o un nuevo pedal al estudio. También el haber empezado en una época en la que los ordenadores ni eran tan potentes ni ofrecían tantas posibilidades como ahora condicionaba la manera de componer y producir. Hoy todo esto ha cambiado, pero me siento más cómodo utilizando hardware. Me produce una cierta agorafobia tecnológica ponerme frente a una pantalla de ordenador con todas esas ristras de menús y presets.

¿Cuándo das el salto del doom metal a la electrónica pura y dura?

Poco después de comenzar en la banda de doom metal ya había montado en paralelo un grupo de electrónica, onda Skinny Puppy, pero en malo, muy malo. Pero no fue hasta los años 96/97 que pude comprarme el primer sampler. Ese momento supuso el verdadero punto de inflexión. La banda de doom metal había pasado a mejor vida por los habituales choques entre los componentes, y, si bien todavía continuaba con la banda de electrónica oscura, ya había comenzado a componer temas nuevos para lo que luego sería Sloan. Abandoné, aunque no del todo, todo ese rollo oscuro a favor del drum and bass y el elektro. Sónar fue en gran medida responsable de ese cambio. Podías descubrir una infinidad de estilos y propuestas diferentes. Seguramente fue ahí donde descubrí el drum and bass.

¿Cómo es que te dio por el drum and bass? Es un estilo que aquí apenas caló, quizás por ser demasiado inglés. Siempre te he visto como muy europeo, muy continental.

Pues una vez más supongo que fue una suma de factores los que me animaron a meterme en el mundo del drum and bass. Por un lado con la llegada del sampler al estudio disfrutaba como un enano sampleando todo lo que se me ocurría. Trabajar con loops y manipular material ajeno suponía una manera de componer totalmente nueva para mí. Por otro lado el drum and bass como estilo estaba en constante evolución. No dejaba de mutar y generar nuevos subgéneros. Se podía combinar con la IDM, con el jazz o incluso con sonoridades más oscuras o incluso industriales. De repente podía ser más oscuro y cabrón de lo que podía ser la tradicional escena oscura sin caer en ninguno de sus clichés. En un buen directo o una buena sesión de drum and bass podías sentir como los subgraves de los bajos te golpeaban en la boca del estómago. La música se convertía en algo físico. Luego quizás también pudo haber una cierta conexión con el hip hop, estilo que ha dado muy buenos frutos desde El Prat. Mucho Muchacho, Eat Meat... Estamos hablando de dos estilos en los que el legendario Amen Loop ha sido clave en su desarrollo. En aquella época estaba muy en contacto con Eat Meat. Sin ir más lejos fue gracias a Make que conseguí editar en Donna Lee Records. Tenía una excelente relación con Albert Pellicer, que manejaba el sampler en Eat Meat, y también compartíamos interés por el drum and bass. Creo que Albert es la persona más creativa con un sampler que he conocido en mi vida. Sin duda es uno de mis referentes a la hora de entender el proceso creativo. Te pillaba una caja de ritmos y te hacía un disco entero sin pestañear.

Es una pena que Eat Meat deaspareciera. Siempre he pensado que ha sido uno de los proyectos más interesantes de la escena electrónica nacional.

Es que eran un combo brutal. Tanto las letras y actitud de Make como la manera de tratar el sampler de Alberto iban mucho más allá de los cánones del hip hop de la época. Por supuesto que han seguido haciendo cosas por separado. Algunas muy interesantes, especialmente en el caso de Alberto. Una verdadera pena que no haya querido o no haya encontrado quien edite su material porque está a años luz de cualquier cosa que se haya podido planchar por aquí. Lo mejor de todo es que nunca le ha importado. Entiende la música como una vía de expresión sin más, independientemente de la repercusión que pueda tener. 

Entonces llega Sloan, que de la mano de Donna Lee Records publica un 12” y un álbum. ¿Cómo aterrizas en la ‘profesionalidad’? ¿Cómo vives ese momento? ¿Cómo lo ves desde 2014?

De entrada la cosa fue bastante suave. Para Linimental ya tenía los temas hechos y simplemente fue cuestión de pasar por un estudio. Quitando que durante la grabación se estropeó la caja de ritmos que utilizaba para secuenciar el sampler (el momento quedó inmortalizado en una foto que acabó incluyéndose en la portada) la cosa fue más o menos bien, sin agobios ni prisas. Los problemas empezaron cuando llegó la hora de preparar el álbum. Primero, porque tocaba crear casi todos los temas desde cero con un deadline más o menos rígido. En aquella época empezaba a estar bastante de moda el tener que llenar los 74 minutos del cd para que quedara amortizado. Al final lo acabé rellenando con un par de remezclas a cargo de Alberto Pellicer. Tube Map creo que se hacía llamar. Para el álbum decidí hacerlo todo en casa. Seguramente fue un error. No sé si fue culpa mía, lo más probable, o fue algo en el proceso de mastering. El caso es que la versión en vinilo sonaba decente, pero en cd sonaba muy cargado de medios, cosa que me desmoralizó bastante. Donde si que descubrí que la cosa iba en serio fue en Sónar, en la prueba de sonido. Si llegas 10 minutos tarde a la prueba, 10 minutos menos que tienes para probar. Punto. Desde ese momento no he vuelto a llegar tarde a una prueba de sonido. Desde entonces hasta la fecha todo ha cambiado, afortunadamente. Aunque aprender mediante prueba y error pueda ser doloroso, es un método de lo más efectivo. Con el tiempo y la perspectiva necesaria sabes dónde no tropezar.

¿Cómo te fue con Sloan después de todo? ¿Te preparó para ‘el gran salto’? ¿Por qué dejaste el drum and bass?

La verdad es que guardo muy buen recuerdo de aquella época. Directos de lo más interesantes. Tampoco sé muy bien que es eso del gran salto, pero desde luego que pillé muchas tablas. Con Sloan pasaron dos cosas que fueron las que ocasionaron la muerte del proyecto. Tras editar el álbum Mata Dolores, que tuvo una buena aceptación en medios, llegó el momento de trabajar en nuevo material. Grabé unos temas nuevos para un nuevo ep, y cuando llegó el momento de enseñarlo pues no gustó nada. Donna Lee buscaba algo más comercial, y no, no era eso justamente lo que había entregado yo. Por poner un poco en contexto estamos hablando de una época en que An Der Beat vendía más de 10.000 copias. ¡Ya me dirás quién consigue hoy en día esas cifras! No sé, tuve la impresión de estar en un sello independiente con mentalidad de multinacional, con los inconvenientes de una indie y ninguna de las ventajas de una multi (adelantos, cuando todavía se estilaban, etc... ). Pero lo que sí que supuso el fin de Sloan fue justamente lo que motivó su creación: los loops. Todavía no existían herramientas como Ableton Live, y trabajar con loops en directo era algo rígido. Acabó por aburrirme el no poder variar de bpms en directo.

 ¿Qué pasó entre el final de Sloan y B/N, el primer largo de Pina? 

Estuve pajareando con el elektro durante una temporada, nada serio, pero muy divertido. Alrededor del 2003 contactó conmigo Fire, un dúo de pop electrónico, con 3 o 4 temas para que mirara de hacerlos sonar bien. Fue ahí donde comencé a interesarme seriamente por la producción pura y dura. No era lo mismo hacer sonar más o menos bien los sintes y samplers de tus propios temas a, de repente, meterle mano al trabajo de otro, grabar voces y guitarras, etc... Me involucré tanto en el proyecto que acabé incorporándome a la banda. Al poco tiempo Sergio, con el que ya había tocado en los 90 en aquel grupo de electrónica oscura, abandona la banda y la cosa queda en dúo. Jose se encargaba de componer los temas y escribir las letras y yo me encargaba de todo lo relacionado con los arreglos, el sonido y dar coherencia a todas las canciones. Aprendí mucho en aquella época. El proyecto creció en todos los sentidos. Tocábamos regularmente y llegamos a tener algunas actuaciones interesantes teloneando a The Presets, participando en las fiestas Demoscópicas de Mondo Sonoro o incluso en algún festival como el Let’s Festival en L’Hospitalet. Estamos ya en 2007, y las diferencias entre Jose y yo sobre el futuro de la banda eran cada vez más evidentes, hasta que un día decidí echar el freno e inmediatamente comencé con los primeros temas como Pina. El giro fue de 180 grados, y donde antes habían melodías, estribillos y canciones ahora habían repetición, minimalismo y ritmo, mucho ritmo. Por un lado buscaba alejarme de todo lo que suponía el pop, y por el otro recuperar el ruidismo donde lo había dejado. En el 97, justo antes de editar como Sloan, la banda de electrónica oscura que tenía por entonces había abandonado los modos a lo Skinny Puppy para adentrarse en sonidos más industriales. Siempre he sido un gran seguidor de la escena industrial, incluso dentro de Sloan se colaban esas influencias, ya fuera sampleando a SPK o bien utilizando sintes como el MS20 de Korg en los bajos y efectos. Cuando se lo vi a Esplendor Geométrico en la primera edición de Sónar supe que quería uno.

¿Me imagino que Pina ya es la meta, y que lo desarrollarás hasta el infinito?

De momento es el proyecto que más está durando, y no está dando muestras de agotamiento. No estar atado a ningún estilo en concreto, ni depender de nadie, me permite evolucionarlo hacia donde me parezca mejor sin dar explicaciones a nadie. Hasta la fecha estoy más que satisfecho con la evolución, y todavía hay ganas de ir incorporando ideas nuevas.

¿Qué opinas de los tres largos (B/N, Onda Corta y Hum) que has hecho como Pina?

De momento no les he pillado demasiado gusto a ninguno, lo cual ya es algo positivo. Cada uno es fruto de una manera de producir distinta, tanto en la manera de estructurar los temas como en la de generar los diferentes elementos que los forman. He tenido total libertad en todo momento, con todo lo bueno y todo lo malo que eso implica.

¿Podrías haber hecho discos más accesibles? 

Seguramente, y probablemente mejor me iría. Para bien o para mal no vivo de la música, y de momento me da total libertad para hacer lo que me apetezca. Un punto a favor para el tipo de electrónica que hago es que acabar un álbum es sólo el punto de partida, no el fin. En directo esos temas pueden seguir evolucionando incorporando nuevas ideas y nuevas maneras de desarrollarse.

¿Crees que en el directo es dónde mejor se expresa Pina?

Tampoco diría eso, pero si que es verdad que le doy la misma importancia al trabajo en el estudio como al trabajo en directo. Tampoco entiendo una actuación como una simple puesta en escena de los temas que hay en los álbumes. La elección y orden de los temas tiene más que ver con ofrecer un único bloque compacto con su propia narrativa. Si se logra atrapar en algún momento de la actuación al público, el objetivo es que a partir de ahí te acompañen hasta el final. Por ese mismo motivo es tan importante disponer de un buen sistema de sonido en la sala. Estando mi trabajo basado en la manipulación de frecuencias y texturas, cuando el sonido está a la altura el componente hipnótico se ve incrementado y la música llega a convertirse en algo físico. También los directos ofrecen una ocasión ideal para ver que tal puede reaccionar el público ante material nuevo. Por ejemplo, Hum lo toqué en directo en Moog meses antes de que saliera el disco justamente con esa intención. No era un Onda Corta II y eso implicaba un cierto nerviosismo. Sin ir más lejos, mi última actuación en Miscelànea fue la excusa perfecta para, aún sabiendo que se trata de una sala con un sonido más bien justito, poder saber si los temas con los que empezaré mi set en Sónar podrían funcionar. En ambos casos la experiencia fue más que satisfactoria.

Últimamente te he visto muy en forma como remezclador y productor para otros. ¿Vas a seguir por ese camino?

¡Por supuesto! Son dos tareas que me encantan. Me encanta remezclar, supone meter mano al trabajo de otros llevándotelo a tu terreno. Me permite ser creativo sin la presión de dar una continuidad a un conjunto de temas, como puede ocurrir al hacer un álbum. También resulta el laboratorio de ideas perfecto para desarrollar nuevas ideas que, con suerte, puedo aprovechar en adelante. Por lo que respecta a producciones, aunque es igual de excitante, el planteamiento es diferente. Se trata de sacar lo mejor del artista, ayudándole a conseguir el resultado que busca a la par que intentas darle coherencia a su trabajo. Siempre corro el peligro de involucrarme demasiado, pero poco a poco voy centrándome más en ese aspecto. Otro terreno donde últimamente me están saliendo bastantes trabajos es el de mastering. Siempre me ha parecido una de las tareas más tediosas, y puede ser un proceso de lo más desmoralizante, sobre todo si cometes el error de intentar masterizarte a ti mismo como es mi caso. Pero como ya comenté antes aprendo a hostias, y poco a poco tiendes a entender el proceso y comienzas a obtener resultados mucho más rápido. Por ejemplo, el último recopilatorio de Lapsus fue todo un reto para mí. Acostumbrado a masterizar eps o lps de entre cinco y diez temas, enfrertarte a un master de 17 temas tan variados supuso un nuevo desafío. Creo que finalmente salí bastante airoso, y que de repente alguien como Ametsub, que incluía un tema suyo en dicho recopilatorio, contacte contigo para que masterice una remezcla suya para Gosthly International ayuda a la hora de ganar cierta confianza en tu trabajo. También me encanta la parte que implica en convertirse en espectador privilegiado de lo que está por venir. Cuando Nev. Era confió en mí para que me encargara del mixtering de Presión Profunda supe que estábamos ante uno de los trabajos de la temporada.

Se te nota satisfecho de todo lo que haces. ¿Qué esperaremos a corto y medio plazo de Pina?

Seguramente me líe con una nueva producción en breve, y seguir madurando Loppkio, el proyecto que tengo a medias con Moduleight donde le damos al techno y al ruidismo a partes iguales. También comenzaré en breve con el nuevo álbum de Pina. Comienzo a tener más o menos claro por dónde van a ir los tiros, y a diferencia de anteriores trabajos parto con una serie de ideas preconcebidas, sobre todo en lo que respecta a los nuevos directos cuando llegue el momento.

/Luciano Alvarez


B/N

B/N

Friday ` in Drone

Friday ` in Drone

  Hum Remixed

 

Hum Remixed

Onda Corta

Onda Corta

Hum

Hum

 

Pina

Y ahora llega el momento friki de mis entrevistas, que coincide con el final de las mismas. ¿Es tan importante el Sónar para un músico de aquí? ¿Te han llegado ofertas para trabajar para el mundo del cine? ¿Entrarías de nuevo en un grupo convencional? ¿Cuándo empezarás a pinchar? ¿Veremos algún día La Capsa otra vez activa?

Sónar es importante porque es Sónar, no porque se haga en Barcelona. La buena noticia es que ahora mismo comienza a haber una serie de festivales repartidos a lo largo del año en la ciudad que en cierto modo recuperan los orígenes del festival. Algo que no entiendo es porque justo en los días de Sónar se tiene que llenar la ciudad de saraos paralelos. ¿Por qué no ocurre lo mismo durante el Primavera Sound? Al menos ahora con estas nuevas propuestas junto con otras, como puede ser el L.E.V. en Gijón, existe un poco menos esa sensación de espejismo que vivíamos hasta ahora durante la semana de Sónar. 

Del mundo del cine dudo mucho que pueda haber algún tipo de contacto tal y como están las cosas. Como mucho hacer algo en algún documental como han hecho LCC en Ciutat Morta

Veo más que difícil volver a un grupo convencional. Es pensar en quedar regularmente para ensayar o poner ideas en común, y ponerme malo. 

Por alguna extraña razón nunca me ha interesado esto de pinchar. Como mucho preparar algún podcast cuando me lo pide algún medio. Tiene su gracia porque recientemente he leído a algún dj cuando le han preguntado por qué había comenzado a producir temas decir que así puede conseguir más sesiones. ¡Toma ya! Repito: no vivo de esto, y no tengo ningún condicionamiento externo que pueda alterar mi manera de hacer. 

Sobre La Capsa lo último que sé es que las obras están muy avanzadas, y que no deberían tardar en volver a abrir. Lo mismo se decía hace cuatro años de las obras del metro en El Prat, y la cosa sigue igual. 

Hasta luego y gracias por el pescado.

No pillo la frase final, pero no se lo voy a preguntar, me da reparo, será que soy demasiado mayor ya para según qué cosas.