Nine Inch Nails

 

Nine Inch Nails No me Llames Dios

Empezó pervirtiendo los patrones rítmicos de New Order y I Start Counting en clave glam-rock, fabricó un hit (Closer) que dejó a Prince y Al Jourgensen de pasta de boniato, y acabó dejándose empalagar por el anfetamínico drum & bass de Wagon Christ y por las bajas frecuencias. ¿Quién ha dicho que Trent Reznor es un tipo convencional?

TEXTO  MARC PIÑOL

Trent Reznor es, para que negarlo, una estrella. Las ventas astronómicas de su The Downward Spiral -ha vendido hasta el momento unos siete millones de copias en todo el mundo- y la inevitable pose de una rock star al uso no le han hecho don de las simpatías de ciertos puristas de la música industrial. Reznor nunca tendrá el estatus de multiinstrumentista solvente del que peca con holgura el macarrónico y genial Jim Thirwell (Foetus, Steroid Maximus); nunca llegará -aunque tiempo al tiempo- a la consagración vía crítica de la que ya disfrutan Blixa Bargeld (Einstürzende Neubauten) o Richard H. Kirk (Cabaret Voltaire, Electronic Eye), y mucho menos conseguirá atraer a los incondicionales de Panasonic, Technoise o Füreasteen. Cuidado, que haberlos, haylos. En cambio, en ciertos círculos (el de adictos a los infectos hertzios del Top 40 USA, por ejemplo) se le rinde pleitesía, y es considerado poco menos que el nuevo mesías del rock & roll americano. El nuevo Elvis, dicen.

Ya han visto que encima del titular pone Nine Inch Nails, y que, a pesar de ello, solo he hablado de Trent Reznor hasta ahora. Muchos ya deben saber porqué, aunque en caso de que no lo sepan, allá va una sencilla explicación: Reznor compone él solito sus temas, acompañándose en el estudio por varios habituales (Flood, Alan Moulder, Stephen Perkins, Adrian Belew, Bill Kennedy, Danny Lohner, Rick Rubin o Chris Vrenna), aunque más de la mitad de las veces acaba haciéndolo todo solo. Así pues, y sin ninguna duda al respecto, se puede confirmar que Trent Reznor es Nine Inch Nails. Él hace las letras, él toca los instrumentos, él se remixea sus temas, él se lo guisa, y nosotros, por fortuna, nos lo comemos.

“Cuando llevé a los estudios The Downward Spiral, les dije que no había singles, que no había algo como Head Like A Hole. Una vez se lo escuchan me dicen que Closer es el single ¡qué es perfecto! Yo les dije que ni hablar, que con esos help me a lo Prince la gente se pensaría que soy un marica. Pero funcionó... “ Reznor nació en Estados Unidos hacia el 1967. Siendo él un niño, sus padres se divorciaron, pasando a vivir con sus abuelos maternos. Después de dictaminarle una fortísima alergia múltiple que le hacía ingresar regularmente en el hospital, los médicos le hicieron un chequeo general y vieron que se estaba quedando sordo a causa de una irritación en las mucosas. Aún no tenía diez años. Fue operado varias veces por reconocidos especialistas, acabando todo, afortunadamente, de una forma feliz. Pero, como dijo Freud, los traumas de la infancia son los que más nos marcan a lo largo de nuestras vidas, así que Reznor decidió aprender a tocar el piano una vez la sordera remitió. Casi como en un culebrón, vamos.

Diez años después. Cleveland. Reznor ha acabado sus estudios de ingeniero informático, se acaba de mudar y busca en los anuncios de apartamentos en alquiler una oferta asequible. Conoce a Chris Vrenna por casualidad, y deciden pagar un alquiler a medias, amén de tocar en conciertos de rock & roll para pagarse la luz y el gas. Pero empiezan a perder dinero, y pronto se encuentran limpiando meaderos públicos y barriendo callejones infectos. Poco a poco, Trent consigue colocarse, durante las mañanas, en un estudio de sonido en el que se graba a bandas locales. Al cabo de un tiempo consigue hacer entrar a Vrenna, y deciden ponerse a trabajar por las noches en su propias grabaciones. No molestan a nadie, y al conserje ya se lo tienen ganado. Un año más tarde (1989) sale a la calle Down In It. Al Jourgensen escucha el single, y telefonea a Reznor, con el que traba amistad rápidamente. Jourgensen lo invita a una de las sesiones de grabación de su grupo alternativo Lard (Ministry & Jello Biafra), no pudiendo evitar pasarle los DAT para que remezcle algún tema. Como era de esperar, Reznor acaba grabando con Lard un disco entero. Cuando lo llevan al estudio, un tipo lo escucha y les dice que esa basura sólo se la podrían comprar unos cuantos djs homosexuales, así que deciden darle al combo el sugerente nombre de 1000 Homo Djs. Al poco tiempo sale Pretty Hate Machine, y consigue colocarse líder de ventas en varios establecimientos durante algunas semanas.

Un año más tarde Trent empieza su serie de colaboraciones estelares: Meat Beat Manifesto, Revolting Cocks o KMFDM, aunque la más intensa fue con Pigface, el grupo de Martin Atkins y William Reflin (Ministry, 1.000 Homo Djs, Lard), en el que han colaborado Paul Barker (Ministry, 1.000 Homo Djs, Lard), Chris Connelly (Fini Tribe, Chris & Cosey), En Esch, Ogre (Skinny Puppy), Matt Schultz, William Tucker, David Yow, Genesis P. Orridge (Psychic TV) y el mismísimo Steve Albini. La cosa tenía su gracia. Sonido surf-industrial-80s, gritos en cacofonía y letras muy a lo David Bowie. Recuerden que Chris Connelly, en su Whiplash Boychild (91), versioneó a su ídolo de la infancia, Scott Walker, máxima influencia en la obra de Bowie, a su vez influencia glammy de Reznor. Casi como en una novela de Paul Auster. Al mismo tiempo conoce a la que será su futura novia, Tori Amos, y después de colaborar con ella en uno de sus discos, parte peras alegando que es una neurótica incurable, curiosamente lo mismo que dice la muchacha de él. A pesar de todo, siguen manteniendo una muy buena relación profesional y personal.

Al acabar 1997, Trent Reznor tiene en su haber dos premios Emmy (ya saben, los Oscar de la música) por Wish (a pesar de incluir la expresión Fist fuck) y por Happines In Slavery; ha participado en Woodstock ‘94 con una respuesta, por parte del público, arrolladora; ha realizado la banda sonora de un videojuego, Quake, de setenta minutos de duración, e influidísima por Liminal, Scorn y Coil, que bien podría haber editado en lp sellos como Extreme o Sähko; ha producido las bandas sonoras de Natural Born Killers de Oliver Stone y de Lost Highway de David Lynch, y nos ha entregado, recientemente, un último ep de remezclas en clave drum & bass, The Perfect Drug, con invitados de la talla de Luke Vibert (Wagon Christ, Plug), Meat Beat Manifesto o The Orb.

Por lo demás, no se saben de él demasiadas cosas en lo que respecta a drogas o adicciones varias. Sólo se sabe que junto a Jourgensen se ha corrido alguna que otra juerga animal, y que se le ha demandado por plagio, infructuosamente, varias veces. Lo dicho, una estrella con todas las de la ley. 

nin.com

Discografía

Down In It (Single) (1988)

Pretty Hate Machine (Lp) (1989)

Head Like A Hole (Single) (1990)

Sin (Single) (1991)

Broken (Ep) (1992)

Fixed (Ep remezclas) (1992)

March Of The Pigs (Single) (1994)

The Downward Spiral (Lp) (1994)

Closer (Single doble) (1994)

Further Down The Spiral (Lp remezclas) (1995)

The Perfect Drug Versions (Ep remezclas) (1997)

 

Tres rarezas imprescindibles

Trent Reznor: Quake (1996)

Pigface: Gub (1992)

1000 Homo Djs: Supernaut (1990)