Salteado De Ambientes

Taylor Deupree, Lost & Compiled (12K, 2014)

El título de lo último del, casi siempre, ambientalista norteamericano (esto a tiempo completo) ya explica de qué va el lote, y viene a ser en disco lo que pasa cuando vas a comprar algo y en vez de soltar un billetazo cuentas las monedas sueltas que llevas, y resulta que te llega. Taylor ha echado la vista atrás, recuperando temas en distintas fases de desarrollo, inéditos varios y cosas que se le habían quedado en los bolsillos, y le han llegado para completar un disco, uno que además no está mal, da el pego en lo que se refiere a unidad, coherencia interna y todo eso que siempre se dice, y se deja escuchar estupendamente como sonido de fondo que tapa conversaciones idiotas en el tren y los putos silbiditos del whatsapp. También se puede poner uno las gafas de bucear y explorar a sus anchas en esos ambientes abisales, por momentos levemente melódicos, sintiéndose envuelto por las cálidas capas de sonido mientras busca un pecio, analiza la estructura, aguanta la respiración, se hace el muerto, o algo, pero eso lo digo más largo en el segundo párrafo, o sea que vete allí si quieres. Éste lo voy a agotar explicando que Deupree tiene un estilo muy definido, hace lo que hace desde los tiempos gloriosos en que tenía pelo en la cabeza, y es por eso que da igual que el hombre recurra a fondo de archivo y ponga, uno al lado del otro, temas que intuyo para instalaciones, fragmentos que a lo mejor no acabó, y luego los continuó, y le salió otra cosa, cortes que quizá eran para un disco, pero se lo pensó mejor, o largas piezas arrullando en directo al personal. Cuando llegas al final, el conjunto no te ha dado impresión de batiburrillo.

Bienvenidos al segundo párrafo. Lo que aquí vengo a decir es que Lost & Compiled es, en efecto, un álbum de música ambiental, pero no de esos que simplemente amontonan mantas sonoras y casi te asfixian porque, aparte de calorcillo atmosférico, no hay allí mucho más que poder rascar, sino que una audición un poco al loro descubre elementos inesperados que te alegran la escucha y el día. Además de sonidos de los de ponerte en la posición del loto y hacer como que meditas, aquí y allá se localizan lejanos zumbidos de maquinaria perezosa, impresionistas indicios de lo que Debussy podría haber hecho de tener un laptop y no un piano, sonidos de grillos sintéticos llamándose a larga distancia a ver qué hacen esa noche, y símiles de punteo guitarrístico que invocan con ouija electrónica el espíritu de Derek Bailey. Tiene el disco mucho de enoísta, pero también de clusteriano, recompensa igual tanto si pones la oreja avizor como si no, y si lo haces encuentras que Taylor Deupree no se limita a dejar plantado el dedo en una tecla y dejar que suene. Se sostienen sus temas en un cuidado sólido armazón que revela la importancia que el tipo concede a la composición, en un sentido tanto estructural como al que atañe al efecto que un determinado sonido produce si se combina con otro. Es agradable, el disco, y como apunto arriba, nada deslabazado. Está bien.

Jesús Brotons