La Noche Blanca

Reserva Espiritual de Occidente, La Noche Blanca (Autoproducido, 2014)

El mejor disco nacional de 2014 salió hace dos años. Exactamente, el 1 de septiembre de 2012. Fueron 220 vinilos blancos, cada uno con una portada diferente, de 180 gramos. Todos vendidos. Hubo una edición especial limitadísima que traía además un cd (evito por no ser nada coleccionista enumerar los fetiches no musicales que contenía dicho bello artefacto) con 5 ‘descartes’ (calificativo con el que no estoy nada de acuerdo, lo siento, porque son 5 temas hechos y derechos, quizás algo diferentes al cuerpo central del lp, pero de indudable calidad para arrastrar dicha etiqueta tan presuntamente negativa).

Hace 34 días pusieron a la venta física una reedición de los siete temas del álbum (acompañada de una camiseta blanca) en cd, donde incluían además 5 temas ‘extras’ (concepto confuso donde los haya, pero algo más valorable que el de descarte). 100 unidades. La hicieron para festejar el hecho de tocar en directo con Death In June y Die Weisse Rose el 15 de diciembre pasado en Madrid. Y ésa es la versión que yo tengo (para mi desgracia en 2012 desconocía por completo la existencia de REO), así que para mí el disco es de este año. Así de básico es, y así de básico lo he intentado contar. Además, seguro que habrá mucha gente que, como yo, descubra a REO a partir del relanzamiento de su obra magna hasta la fecha. Además, ahora es el momento en que la justicia divina intervenga (o sea, yo), y ponga a cada uno en su sitio.

La Noche Blanca es un disco conceptual, desmitificador, accesible y desprejuiciado, pero sobrecogedor por su brillante claridad, sobre la figura poliédrica que es la muerte. Una obra rara, extraña, pero no en sí misma, sino más bien por estar compuesta, grabada y autopublicada aquí, y lo que eso significa. Alejada completamente de los cánones tétricos y sensacionalistas usados siempre entre nosotros para hablar de ese tema tan políticamente incorrecto, muy ligado a nuestro rancio pasado, es el primer ejemplo claro de lo que es ahora la nueva oscuridad musical patria, ésa que se concentra más en el fondo que en la forma, ésa que hace que nazcan día a día grupos interesantes aquí, allá y acullá. Esta opinión, por supuesto subjetiva y discutible, dice poco de la poca ambición y profundidad que suelen tener las producciones musicales nuestras, por eso REO es lo que es, más la suma del valor añadido que representa su osadía, su amplitud de miras, su verdadera independencia, su futurismo… respecto de sus coetáneos, tan asentados en cierta mediocridad resignada, que deifica el ombliguismo deudor de lo importado de manera casi natural y automática.

Las 7 canciones originales son superlativas (eso sí, algunas más atractivas que otras), y mantienen tal nivel que parece una sinfonía fúnebre en mayúsculas, con un envoltorio pop de 24 kilates. Pese a los modestos medios utilizados a la hora de la grabación, la desbordante imaginación a la hora de los arreglos suple la carencia de una megaproducción cutre-indivacua al uso. Está claro que el aumento de recursos haría que todo explotara positivamente a diestro y siniestro, pero La Noche Blanca sólo es el segundo capítulo de una novela-río que viene de lejos (2001), y que se escribe en tiempo real sin condicionantes espacio-temporales de ningún tipo (un pajarito me ha dicho que el tercero se empezará a plasmar físicamente a partir del próximo febrero). La actitud y la aptitud de REO siempre están por delante de la pose epatante de la mayoría de sus compañeros de clase, y el lema ‘hemos venido a darlo todo’ es su santo y seña, y a las pruebas me remito porque es de una realidad pasmosa.

Los 5 extras de esta nueva edición forman parte, en mayor o menor medida, del reverso retorcido de la blanca palidez de la noche, que rememora, en mayor o menor medida, el primer capítulo de Reserva Espiritual de Occidente, la obra que nos ocupa todo el rato en esta suerte de crítica/crónica de un éxito anunciado, que está viniendo, aunque la mayoría de estos últimos temas están más cerca del pop de 2012 que del industrial de 2007, que engarzan perfectamente extremos aparentemente irreconciliables.

Una de las virtudes máximas de REO es que han sabido evolucionar sin que la ruptura chirríe lo más mínimo. Ellos no practican ni la transición, ni el pactismo. No consensúan nada con nadie. Son independientes de verdad, por lo menos hasta el momento del triunfo. Luego ya veremos como administran la victoria. Mientras tanto 2015 fluye pausado camino de la primavera, como el río Vóljov, que desemboca tranquilamente en el lago Ládoga, muy muy lejos de casa.

Luciano Alvarez