Acidoflexia

Luke Vibert, Ridmik (Hypercolour, 2014)

Y a todo eso, ¿con qué Vibert quedarse, si el hombre gasta varias guisas y emplea cada una en hacer con diferentes estilos lo que le sale del bolo? Más aún: ¿es preferible el Vibert de inicios de los 90, aquel que contribuyó como el que más a la popularización de una electrónica que hermanaba lo accesible con lo difícil, la academia con la pista de baile, o el actual, que aún se mantiene en forma dentro de un panorama musical que renunció hace tiempo a mover las caderas sin girarle la cara a la experimentación y la personalidad? ¿Te pides la abstracción de, pongamos, Wagon Christ, o el ejercicio de estilo de este Ridmik que ha sacado con su propio nombre? Bueno, basta de retóricas. Aquí uno está para mojarse. A título personal no cambio lo que el inglés hacía veinte años por lo que hace ahora, pero eso no obsta para admitir que Vibert, un consumado experto en extraerle blips y blops a una 303, logra en su nuevo disco que el venerable maquinillo muestre alma; alma en un sentido soulero y vacilón, en temas como Acage, y acercándose en otros, caso de Proper Gender, a lo que intuyo que podría haber hecho Richard H. Kirk de haber mantenido y hecho evolucionar Sweet Exorcist. Y ojo, que esto no lo digo de cualquiera.

Ridmik es un disco acid, está claro (PÍUU-pi-pi-PÍ-pipiPÍUUU; ¿sí o no?), pero no de ese facilón que se basa en la manipulación ad nauseam de frecuencias. No hay aquí grandes subidones, así que mejor no te tomes la rula todavía y siéntate a escuchar, purasangre. Probablemente sin pretenderlo, Vibert demuestra en Ridmik que aún hay chispa, vida y posibilidades que explorar en el momificado género, haciendo al mismo tiempo, como ya he dicho, un clásico ejercicio de estilo en temas-progresiones a la antigua usanza como cs303 o Double Dipped Acid, en los que quizá nos guiña un ojo como diciendo, ''no, si sé de dónde vengo, mira''. Sin provocar que nadie salga a correr desnudo por las calles, Ridmik es, en conjunto, un disco apreciable y más variado de lo que yo mismo le suponía con mimbres tan usados. Es como la papiroflexia: con la misma hoja de papel se pueden hacer docenas, cientos de formas, si tienes la suficiente maña o experiencia. Y Vibert tiene las dos.

Jesús Brotons