Casete

Family Selfzine

Family, Casete (Elefant, 2015)

Elefant se ha empeñado en reflotar propuestas difíciles de ‘resolver’ (las maquetas del Aviador Dro y de Oviformia SCI, los dos últimos lanzamientos de la Colección Recuerdos Que Olvidé) con un éxito rotundo, artístico y sonoro (aunque lo segundo facilita más y mejor lo primero). Ahora era el turno de Family y su famosa maqueta ‘plateada’ (nunca la vi, en 1991 no sé ‘dónde’ coño estaba). Y gracias a Xavier Alarcón (Vanguard), el mago de las cuatro pistas, ha vuelto a refulgir la singularidad especial de este dúo de Sanse.

Llegué tarde a Family (no por desgana, más bien porque estaba ocupado escuchando otras cosas que creía más interesantes), pero más vale eso que nunca, y más en este caso. Son una isla en esos principios de los noventa, por eso conectaron tan bien en esos momentos con otra isla, Fangoria, dos de los pocos ejemplos de tierra en ese gran mar de la nada que era nuestra música pop en esos días. Ahora que veo, los dos grupos son dúos, empieza su nombre por F y abrazan una electrónica muy pop, una cierta explicación de por qué pasa lo que pasa cuándo pasa.

De su música poco más se puede decir. Que es notable, notable alto. Y aquí en versión original, más cercana a un tecno-pop personal que al pop electrónico sui generis que fue Un Soplo en el Corazón. Un grupo que sólo grabó un lp, y de ese nivel, que entró por méritos propios (lo bueno si breve, dos veces bueno) en nuestra aburrida historia reciente de la música pop. Este Casete confirma de dónde venían, y que no iban a ser flor de un día (ya han pasado 24 años, y siguen tan frescos como el primer día).

Mención especial a la restauración que ha realizado Xavier Alarcón a partir de la digitalización de las cintas originales del multipistas Yamaha MT3X (según parece fue decisión de Javier Aramburu e Iñaki Gametxogoikoetxea, los dos elementos que forman Family). Suena excelente, y sigue la estela sonora superior de los mismos trabajos primigenios del Aviador y de Oviformia, editados recientemente por Elefant. Ahora sólo hace falta que Heróica sea la siguiente pieza de esa ‘Operación Rescate’ discográfica de cierta escena electrónica endogámica, que anduvo entre la cal y la arena intermitente durante casi dos décadas, que iría desde La Chica de Plexiglás hasta Electricistas, y que nos colocó más cerca de Düsseldorf que de Zamora.

En fin, hay mucha más cera de la que arde, gracias a Moog, y hay que dar las gracias eternamente a esos elegidos que aún nos la hacen saborear (aunque no sea comestible). Como os habréis dado cuenta, esto no es una crítica. Nos hacemos eco de la existencia de una nueva joya al alcance de todo el mundo, por eso se nos ve tanto el plumero.

Luciano Alvarez

recuerdosqueolvide.bandcamp.com/album/casete

Thick

Des Âmes Libres, Thick (Nøvak, 2015)

Des Âmes Libres reaparecen en el panorama musical con su segundo disco de estudio, Thick, que no es otra cosa que, inconscientemente, un zarandeo a parte de las propuestas de música electrónica que suenan por aquí y por allá. Producido por Pedro Pina, grabado entre París y Barcelona, el trabajo ha llegado en formato vinilo, una edición limitada de 250 copias en blanco virginal, ideal para girar una y otra vez en un plato de discos.

Si hace un par de años, con su primer trabajo, ya trazaron las principales líneas de su firma, musicalmente hablando, y tuvieron una buena acogida entre el público y crítica underground, ahora las subrayan y reafirman con pulso firme. Actualmente Des Âmes Libres suenan a Des Âmes Libres y a nadie más, y cualquier parecido con otras realidades es pura coincidencia.  Naturalmente que sus influencias ahí están, a lo dime con quién andas y te diré quién eres, o lo que es lo mismo, una buena base de electrónica, post-punk y rock. Pero lo cierto es que tomando como referencia estos tres estilos predominantes, logran construir un producto muy personalizado, alejado de convencionalismos. Una buena dosis de imaginación y creatividad, una importante carga de energía en las composiciones y una clara voluntad de hacer música de calidad y diferenciada del resto, es lo que define los dos trabajos de esta banda que de un tiempo a esta parte va ocupando un lugar dentro de la escena underground actual.

Entrando de lleno en su Thick, e intentando hacer una especie de radiografía general de su contenido, comparándolo irremediablemente con su anterior disco, referente obligado para argumentar los cambios que pueden haber en su actual trabajo, la primera novedad es que existe un claro predominio de la electrónica. Seguramente la implicación de Pedro Pina tiene mucho que ver en este aspecto en tanto que Des Âmes Libres han contado con su inestimable participación para que sonasen precisamente cómo querían sonar esta vez, más electrónicos. Apostar sobre seguro tiene sus ventajas.

Por otro lado, sólo hay que escuchar la totalidad de su último disco para darse cuenta que mantienen su no-linealidad, cosa que demuestra que, siempre respetando sus propias bases, trabajan dentro de unos cánones de libertad que les permiten integrar sonidos pop, electrónicos, rock o noise, entre otros. Des Âmes Libres zigzaguean cual culebra escurridiza entre estilos musicales, básicamente por el propio conocimiento que tienen de estos, y entre guitarras que trabajan como pads y teclados que lo hacen como guitarras, cosa que les permite crear un sonido muy particular en el que es prácticamente imposible identificar qué instrumento está sonando en cada momento. Son malabaristas del sonido.

¿Qué vas a encontrar en su último trabajo? De las seis propuestas de su Thick, puedes dar, por ejemplo, con su Cracked Soul, con tintes claramente pop, y saltar como si nada a un Manipulés que, con una carga dominante de electrónica y rock te invita a su reescucha inmediatamente después de su fin. Propuestas másparecidas entre ellas, en tanto que te sumergen en cierta oscuridad ochentera, son su pegadiza Nightmare y su The End, breve, no llega a los tres minutos, pero en esencia un tema muy rotundo. Up & Down se diferencia de alguna manera del resto porque rítmicamente resulta más tranquila, aunque el resultado es el mismo, engancha. Por último, You Get Lost potencia algo más el trabajo de combinación de voces sobre una base rítmica, que por momentos parece ser repetitiva, pero sólo en apariencia.

Punto en común con su anterior trabajo es el uso de la tecnología, que sigue englobando desde aparatos analógicos de principios de los 70 hasta los actuales iPads, para dotar de una personalidad propia cada uno de los sonidos. Sin olvidar que estos siempre irán acompañados por instrumentos más clásicos, como el bajo eléctrico o la guitarra, con el objetivo de crear esas atmósferas densas tan características de sus temas. A parte de esto, aunque en Thick toma algo más de protagonismo la canción, también conservan los mismos idiomas, inglés y francés, e idéntica línea en los contenidos de sus letras: el sentido de la vida y la muerte, y algo de aislamiento social desde un punto de vista que bien podría ser el de un observador.

Thick, “espeso” para los que se saltaron las clases de inglés, engloba en esencia lo que Des Âmes Libres consideran que es su trabajo: espeso. Desde el punto de vista de las diferentes capas de sonido que usan, y de la propia temática que tratan, sí que este adjetivo encaja a la perfección. Thick, directo, contundente y del que probablemente muchos no puedan ni quieran escapar. Nueva ingeniería electrónica al alcance de tu mano y de tu oído.

Isa Take A Bow

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El Ruido Ibérico

El Ruido Ibérico. Contubernio, 2006-2015 (Nøvak, 2015)

Querría haber comenzado a escribir el informe del combate contando tanto sobre el netlabel, y actual agitador undergroundContubernio, como sobre el sello Nøvak, pero las aventuras de ambas propuestas ya han quedado suficientemente recogidas con anterioridad en este fanzine. No tenéis más que pinchar sobre ellas para obtener, y ampliar, toda la información.

En el principio fue la voz sampleada de un dictador agonizante advirtiéndonos de las conjuras masónicas izquierdistas en contubernio. La podemos escuchar en la pieza de Plagiarism Is Art Contubernio y Tabla de Embutidos Ibéricos, auténtica génesis del disco que hoy les traemos. El Big Bang.

Este El Ruido Ibérico es un disco recopilatorio seleccionado y producido por Nøvak para celebrar el décimo aniversario de Contubernio, donde colaboran un grupo de músicos enamorados de la experimentación, el ruido y la electrónica sonora más extrema, cuyo denominador común es pertenecer o haber pertenecido a las filas de Contubernio. Nos traen un zumbido que no cesa, que está aquí con nosotros, los locos de la clase. Me acuerdo del Manifiesto Ruidista Contra la Ley Mordaza, ése que dice que miles de estrellas incendian la oscuridad mientras nuestro ruido brilla para siempre.

Hay muchos valores en este disco. El principal radica en el propio posicionamiento de los sellos virtuales de no producir elementos físicos, o los mínimos, en beneficio de los formatos de compresión audiodigitales. Trabajos de artistas que se difunden a través de la Red, en descarga gratuita y de libre distribución. Una opción interesante tanto para nuevas audiencias inquietas como para el músico que trata de dar a conocer su propuesta sin la obligación de costear dicho proceso mediante la autoedición, o a la espera de que alguna discográfica asuma el riesgo. Este recopilatorio recoge canciones que pueden estar más o menos accesibles en la Red, o incluso guardadas en carpetas de discos duros, para después, con certero criterio, seleccionarlas, ordenarlas y sacarlas a la luz a través de un soporte físico que por suerte podemos ver, manosear, oler, y que quizás será pasto del romántico mundo de la segunda mano, de mercadillos, tiendas, puestos y ferias, que podrá tener muchas otras vidas, y ofrecer placeres y oportunidades para los amantes de la resistencia sonora.

El álbum contiene las propuestas de nueve artistas distintos, aportando dos canciones cada uno de ellos. Nos encontramos con Reserva Espiritual de Occidente, The Wyrm, Pawboss, Plagiarism Is Art, Plagio, PT-Uno, Explosivos Riotinto, Propaganda Tres y Muerte Solar. Toda una contundente declaración de intenciones para el sello homenajeado es lo que guarda el interior de este disco, una explosión de ruido, belleza en las imágenes, tradición y ruptura junto a una enorme voluntad de experimentar. Bastante punk. Ecos de una herencia que ofrece una oposición frente a los convencionalismos reinantes de la industria musical, la moda y el panorama sociopolítico actual.

Sobrevolamos la zona del objetivo, y pasamos sobre la posición de la escuadrilla.

Abren Reserva Espiritual de Occidente, y nos acercan a la España profunda y sus primitivos tambores de guerra. Sonidos sintéticos, samples, discursos y marchas. Pretendida y fantásticamente incómodos de escuchar.

The Wyrm y su darkfolk. Muy interesantes sus conciertos rituales, su puesta en escena y el abanico de instrumentación atípica que suelen desplegar en ellos.

Continúa Pawboss con su soundtrack preciosista, incluido en su trabajo Impacto Global, originalmente editado en limitado formato de cassette.

Plagiarism Is Art. Lo hemos dicho, para nosotros el origen de todo esto. Comenzó editando en formato cdr para su sello home studio Wanker. Acertada e intuitiva electrónica amateur casera.

Plagio. Cuando se fundó Contubernio, Plagiarism Is Art mutó en Plagio, electrónica experimental y minimal wave en sus bolsillos.

PT-Uno nos ofrecen unos temas editados previamente en soporte cassette Cr02, Vomitando Mariposas, limitado a 20 copias. Loops y ambiente industrial a partes iguales.

Explosivos Riotinto nos brindan unas piezas que aparecen en una cassette limitada a 15 copias, Carreteras de Castilla. Samples dibujados con diálogos de películas, improvisación y mucho noise-art es lo que nos aporta este dúo.

Propaganda Tres y su refrescante ensalada sonora repleta de loops, filtros, pedales, guitarras y micros, estratégicamente imprescindibles.

Y por último cierran filas Muerte Solar. Altamente exportables, experimentales y vanguardistas. Meticulosos en la secuenciación, música en constante transición y evolución.

Una verdadera joya es lo que esconde este cd recopilatorio. De precio asequible y valor incalculable. Por momentos provocativamente desconcertante, pero apasionado y adictivo. Nos muestra y ordena la escena de un territorio sonoro electrónico subterráneo, innovador y experimental, con una historia por contar que aún se está escribiendo. No se van a someter, esto es Contubernio. Un pasaje cotidiano, y previsiblemente inofensivo, repetido en bucle una y otra vez hasta conseguir el irritante y molesto efecto contrario. Bienvenidos a El Ruido Ibérico, el que se esconde e infiltra en los pliegues de nuestra sociedad para buscar fórmulas de repuesto, y evitar la confusión e incertidumbre. Pero confiemos en el ser humano, o no. Mientras tanto, confiemos en Nøvak, confiemos en Contubernio.

En el día de hoy, una vez analizado el recopilatorio, Self ha alcanzado el objetivo. El informe ha terminado.

Damon Bradley


Para pedir el cd podeís escribir a novakrecs@novak.es. Son 7 euros, con gastos de envío incluidos.

Digital Solutions

Model 500, Digital Solutions (Metroplex, 2015)

Andaba yo rumiando algunos chascarrillos supuestamente ingeniosos a costa de algunos de los títulos que aparecen en lo último de Model 500, elucubrando qué extraña dolencia debía padecer Juan Atkins para, en su delirio, haberle puesto a sus canciones cosas como Hi NRG (no veas), Electric Night (toma ya) o The Groove (aguanta ahí), cuando me entero de que el prohombre del techno de Detroit, efectivamente, anda pocho: aquejado de graves problemas hepáticos, viaja desde hace años con un equipo de diálisis portátil y, hace un par de meses, tuvo que cancelar varias actuaciones por haberse acentuado su enfermedad hasta el extremo de poner en riesgo su vida. Un poco más y meto la pata. ¡Cuídate, Juan! ¡Pero no pongas esos títulos!

Digital Solutions, nombre que parece de una desarrolladora de videojuegos, es el primer álbum de Model 500 en nada menos que 16 años, y en él Atkins de haber querido voluntariamente recuperar algunos de los rasgos de identidad del sonido “modélico” previo a los últimos tres lustros, más enfocados a una electrónica soulera de escucha agradecida, pero escasamente futurista. Se trata, por tanto, de un disco detroitiano en un sentido puro; o, lo que es lo mismo, que partiendo de bases reminiscentes de los Kraftwerk de los primeros 80, el funk robótico de los Parliament en su etapa electrónica, el techno pop de elocuentes voces vocoderizadas, las juguetonas extravagancias de la Yellow Magic Orchestra y ese sentido de la abstracción que siempre caracterizó al sonido Detroit en su buena época (la de Underground Resistance, Drexciya y demás basca), Atkins, que ahora forma equipo con tres ex UR, se reconoce a sí mismo y a sus raíces en un trabajo que transmite, ante todo, nostalgia. Nostalgia de unos tiempos en los que se soñaba con un futuro que estaba claro que nunca iba a ser, pero que aún permitían soñar. Hoy ya no nos queda ni eso. Futurismo y nostalgia, menudo oxímoron. Atkins logra que ambos casen, y eso testifica su talento.

En el párrafo anterior me he permitido enumerar algunas de las claves sonoras de este disco, y no lo he hecho de forma gratuita, sino porque cada una de las nueve canciones de Digital Solutions se mira en ellas, ya de frente o de refilón. Me explico: temas como Standing in Tomorrow o The Groove, ésta con ochentero solo de guitarra, cabrían sin roces ni codazos en un álbum de la YMO, mientras que Electric Night y el corte titular habrían, en un mundo ideal, sustituido a un par de las canciones más birriosas del Electric Café de Kraftwerk. La inicial Hi-NRG vendría a ser lo que las huestes de George Clinton quizá habrían hecho de tener una máquina del tiempo con la que avanzar unos años, y descubrir el electrodisco de inicios de este milenio; Storm, casi toda ella consistente en un continuo, cinético desarrollo de caja de ritmos, bassline y efectos, podría ser un rescate de una sesión perdida de Underground Resistance, y es un tema de esos que Jeff Mills ya no hace porque no puede o por lo que sea. El resto del disco se presta igualmente a las equiparaciones, si así se quiere, o a dejarse llevar por él sin quebrarse los cascos como yo, si así se desea.

Juan Atkins, piedra angular del techno como anteayer se entendía, nunca se ha ido; siempre ha estado ahí, haciendo cosas ya a su nombre o con varios seudónimos y proyectos, pero la vuelta de Model 500 y su retrofuturista sonido, minimalista y a la vez tan suntuoso, es una gran noticia, máxime si lo hace con un álbum que desde luego no va a marcar época, puede que hasta pase desapercibido, pero que entretiene lo suyo y ofrece momentos de brillantez sin paliativos.

Jesús Brotons

Otros Mundos, Otras Estrellas (1979-1982)

El Aviador Dro, Otros Mundos, Otras Estrellas (1979-1982) (Elefant, 2015)

Después de 36 años de vuelo, El Aviador Dro está más vivo que nunca. Y el lanzamiento del recopilatorio Otros Mundos, Otras Estrellas (1979-1982) es buena prueba de ello. Este doble lp/cd llega cronológicamente hasta la publicación de su segundo álbum, Síntesis: La Producción al Poder (1983), el despeque definitivo del grupo que formaron Servando Carballar y Arturo Lanz (luego Esplendor Geométrico) en 1979. Incluye maquetas, versiones inéditas, rarezas y grandes éxitos, 26 temas en total (que se quedan cortos), un acertado compendio de cómo empezó todo.

De entrada sorprende gratamente el diseño retrofuturista en tonos rojiblancos (y rojinegros en el librito interior, homenaje a toda la parafernalia propagandística de los aviadores). Luego, cuando entras en materia, te das cuenta de lo que bien que suena El Aviador Dro a pesar de los treinta y tantos años pasados. Además, un artefacto sonoro que contenga Programa en Espiral, Telepatía y Selector de Frecuencias es básico, necesario e insustituible si adoras el pop sintético atemporal. No sé si es el mejor resumen del grupo hasta la fecha, pero quizás sí que sea el más sorprendente dada su variedad dentro de un férreo estilo muy bien articulado.

El Aviador Dro fueron, en esos primeros años, pioneros en muchas cosas relacionadas con la incipiente nueva ola de aquí. Eran el gran ejemplo de tecno-pop cantado en castellano, a la altura de sus contemporáneos foráneos, dígase Devo, OMD, Tubeway Army o Depeche Mode, pese al lastre de no poder usar el mismo despliegue de medios que disfrutaban sus colegas guiris (los sintes aquí eran verdaderos artículos de lujo, allí no dejaban de ser otro instrumento más). Además, en 1982 crearon, para poder publicar sus propios discos, su sello, Discos Radioactivos Organizados (DRO), que llegó a ser el sello independiente más importante de nuestra errática historia musical antes de que lo engullera la todopoderosa WEA. Pero sobre todo eran en ese momento un grupo único, inteligente, combativo, original, diferente, atractivo, con ideas propias, discurso beligerante y metas alcanzables, cosas de las que adolecían la inmensa mayoría del resto de gente que hacía música a principios de los 80s en un país que intentaba alcanzar el furgón de cola de la creatividad europea, pese a que su repercusión popular nunca hizo justicia a su ambición extensiva e intensiva, y a sus logros artísticos.

 Otros Mundos, Otras Estrellas (1979-1982) es un buen retrato de los principios de un GRUPO. Éxitos del tamaño de Programa en Espiral, Telepatía o Selector de Frecuencias, tomas alternativas de himnos de una época que nunca regresará más (Nuclear Sí o La Chica de Plexiglás), versiones competentes de clásicos de siempre (Anarquía en el Planeta o La Modelo) o rarezas que ahora podrán estar al alcance de casi todos (Baila con tu Robot, Metalina 2 o En la 5ª Glaciación) están ahí. Una compilación hecha con cariño, devoción y respeto a partes iguales.

El Aviador Dro sigue funcionando (el 19 de junio actuará en Barcelona), y una joya como ésta le ha de insuflar nuevos aires, que les permita llegar aún más lejos, siempre más allá que la última vez. Ni se recrea, ni se autodestruye, sólo se transforma en algo cada vez más clásico e interesante. Larga vida al Aviador, siempre…

 Luciano Alvarez

Límite Radioazulado

Javier Hernando, Límite Radioazulado (Urafonia-Geometrik, 2015)

No es la facilidad para la autopromoción uno de los rasgos que caractericen a Javier Hernando, y probablemente sea ésa una de las razones por las que su nombre y su música no se conozcan más allá de un pequeño círculo de amistades y aventureros. Otra razón que se me ocurre: por estos lares estamos acostumbrados a músicas que te acarician la cerviz, y luego te dan unas palmadas en la cabecita. “¡Buen chico! ¡Ahora corre a por la pelota!” Puede que tan efímero premio sea suficiente para algunos, y también yo lo agradezco de vez en cuando (¿a quién no le gusta que le acaricien la cerviz?), pero en el largo recorrido son otras las sensaciones que de verdad perduran, otras las músicas -y las actitudes- que recompensan de forma más duradera, y en esa categoría se encuentra la de Javier Hernando.

Límite Radioazulado es, que yo conozca, el tercer disco de una discografía que abarca también varias cassettes, temas sueltos en recopilatorios más o menos ignotos, y el álbum de su antiguo grupo, Xeerox, grabado en la frontera de los 70 y los 80, y publicado en vinilo hace pocos años en/por el sello Anòmia. Una primera escucha mueve a pensar que la música de Javier no ha cambiado sustancialmente en los años transcurridos desde sus dos cds anteriores, pero sí lo ha hecho, y posteriores audiciones lo desvelan: se mantiene el estilo, bien asentado no en el inmovilismo sino en la certeza de lo que se quiere hacer, y varía el tono. Puestos a jugarnos la baza de las comparaciones, que es algo que reduce y simplifica, pero a la vez ilustra, a uno le parece que este disco toma distancia de lo que grupos como Oval, Microstoria o el propio Hernando hacían a mediados y finales de los 90 para adentrarse en los ambientes lóbregos, opresivos, y al mismo tiempo reconfortantes, como flotar al margen de todo en la cómoda nada del útero materno, de Arcane Device, Zoviet France y Hafler Trio.

La de este disco es música atmosférica, la clase de atmósfera que debe reinar en una cueva cuya humedad ambiental está ligeramente electrificada, y junto a las paredes se alinean extrañas máquinas de aspecto antiguo cuyos zumbidos, tintineos y luces parpadeantes en la oscuridad evidencian un funcionamiento que debería haber cesado décadas atrás. El borroso fantasma de un área fabril abandonado visto bajo los efectos de la morfina, o tal vez soñado en el interior de un tanque de aislamiento. Una capa gaseosa que te envuelve, inadvertida, y de la que sólo nos percatamos cuando desaparece, dejando alrededor un vacío perceptible, pero difícil de explicar. Música para emprender viajes hacia el interior, en definitiva. Escuchar Límite Radioazulado a oscuras y con los auriculares bien ceñidos es como girar los ojos 180 grados dentro de sus cuencas, y observar que dentro de tu cráneo existe un espacio insondable cuyos límites ni se vislumbran. Alucinaciones auditivas para esos momentos en los que el mundo no parece tan real como lo imaginado.

Jesús Brotons

La Noche Blanca

Reserva Espiritual de Occidente, La Noche Blanca (Autoproducido, 2014)

El mejor disco nacional de 2014 salió hace dos años. Exactamente, el 1 de septiembre de 2012. Fueron 220 vinilos blancos, cada uno con una portada diferente, de 180 gramos. Todos vendidos. Hubo una edición especial limitadísima que traía además un cd (evito por no ser nada coleccionista enumerar los fetiches no musicales que contenía dicho bello artefacto) con 5 ‘descartes’ (calificativo con el que no estoy nada de acuerdo, lo siento, porque son 5 temas hechos y derechos, quizás algo diferentes al cuerpo central del lp, pero de indudable calidad para arrastrar dicha etiqueta tan presuntamente negativa).

Hace 34 días pusieron a la venta física una reedición de los siete temas del álbum (acompañada de una camiseta blanca) en cd, donde incluían además 5 temas ‘extras’ (concepto confuso donde los haya, pero algo más valorable que el de descarte). 100 unidades. La hicieron para festejar el hecho de tocar en directo con Death In June y Die Weisse Rose el 15 de diciembre pasado en Madrid. Y ésa es la versión que yo tengo (para mi desgracia en 2012 desconocía por completo la existencia de REO), así que para mí el disco es de este año. Así de básico es, y así de básico lo he intentado contar. Además, seguro que habrá mucha gente que, como yo, descubra a REO a partir del relanzamiento de su obra magna hasta la fecha. Además, ahora es el momento en que la justicia divina intervenga (o sea, yo), y ponga a cada uno en su sitio.

La Noche Blanca es un disco conceptual, desmitificador, accesible y desprejuiciado, pero sobrecogedor por su brillante claridad, sobre la figura poliédrica que es la muerte. Una obra rara, extraña, pero no en sí misma, sino más bien por estar compuesta, grabada y autopublicada aquí, y lo que eso significa. Alejada completamente de los cánones tétricos y sensacionalistas usados siempre entre nosotros para hablar de ese tema tan políticamente incorrecto, muy ligado a nuestro rancio pasado, es el primer ejemplo claro de lo que es ahora la nueva oscuridad musical patria, ésa que se concentra más en el fondo que en la forma, ésa que hace que nazcan día a día grupos interesantes aquí, allá y acullá. Esta opinión, por supuesto subjetiva y discutible, dice poco de la poca ambición y profundidad que suelen tener las producciones musicales nuestras, por eso REO es lo que es, más la suma del valor añadido que representa su osadía, su amplitud de miras, su verdadera independencia, su futurismo… respecto de sus coetáneos, tan asentados en cierta mediocridad resignada, que deifica el ombliguismo deudor de lo importado de manera casi natural y automática.

Las 7 canciones originales son superlativas (eso sí, algunas más atractivas que otras), y mantienen tal nivel que parece una sinfonía fúnebre en mayúsculas, con un envoltorio pop de 24 kilates. Pese a los modestos medios utilizados a la hora de la grabación, la desbordante imaginación a la hora de los arreglos suple la carencia de una megaproducción cutre-indivacua al uso. Está claro que el aumento de recursos haría que todo explotara positivamente a diestro y siniestro, pero La Noche Blanca sólo es el segundo capítulo de una novela-río que viene de lejos (2001), y que se escribe en tiempo real sin condicionantes espacio-temporales de ningún tipo (un pajarito me ha dicho que el tercero se empezará a plasmar físicamente a partir del próximo febrero). La actitud y la aptitud de REO siempre están por delante de la pose epatante de la mayoría de sus compañeros de clase, y el lema ‘hemos venido a darlo todo’ es su santo y seña, y a las pruebas me remito porque es de una realidad pasmosa.

Los 5 extras de esta nueva edición forman parte, en mayor o menor medida, del reverso retorcido de la blanca palidez de la noche, que rememora, en mayor o menor medida, el primer capítulo de Reserva Espiritual de Occidente, la obra que nos ocupa todo el rato en esta suerte de crítica/crónica de un éxito anunciado, que está viniendo, aunque la mayoría de estos últimos temas están más cerca del pop de 2012 que del industrial de 2007, que engarzan perfectamente extremos aparentemente irreconciliables.

Una de las virtudes máximas de REO es que han sabido evolucionar sin que la ruptura chirríe lo más mínimo. Ellos no practican ni la transición, ni el pactismo. No consensúan nada con nadie. Son independientes de verdad, por lo menos hasta el momento del triunfo. Luego ya veremos como administran la victoria. Mientras tanto 2015 fluye pausado camino de la primavera, como el río Vóljov, que desemboca tranquilamente en el lago Ládoga, muy muy lejos de casa.

Luciano Alvarez

Control

Selfzine

Fernando Lagreca, Control (Irregular, 2014)

Sería allá por el 96 cuando la señorita Olvido Gara, refiriéndose a la escena actual patrio-electrónica, dijo “no nos hagamos ilusiones, esto aquí no va a pasar’’. Afortunadamente se equivocó. Empezaban a salir a flote artistas de indudable valor, hijos adoptivos de los hermanos Hartnoll y adoradores del techno más inteligente, muy esperanzador todo, pero nada explotó. Creo que de alguna manera toda esa generación sirvió para dar autoestima a aquellos que no tuvieron la fortuna de nacer en las islas británicas, requisito al parecer indispensable para que te tomen en serio en el mercado.

La situación actual la percíbo como algo diferente, hay menos artistas, pero con una realidad más sólida a la hora de ser tomados realmente en serio fuera de nuestras fronteras: The Suicide Of Western Culture, Lasers, Talabot, Pional… , y por supuesto, Fernando Lagreca.

Su anterior disco ya fue un ejemplo a seguir de elegancia y soltura, sólo hace falta escuchar su hit Silly Girl Meets Silly Boy para ver por dónde iban los tiros. Este Control no deja de ser un disco pop, donde el arma secreta utilizada es el equilibrio. Todo esta perfectamente equilibrado: la nostalgia y el optimismo, la melodía y el ritmo… Sin complicaciones, arreglos pop, momentos italo disco, sin abusar de nada, ni dejando espacios muertos, todo tiene un sentido en Control. El tema Way Of Control podríamos llevárnoslo a cualquier discoteca del año 82, pincharlo, y no supondría ningún vaciado de pista. Y si hiciéramos lo mismo de vuelta de tal viaje, el resultado seguiría siendo el mismo. Mucho más cerca del pop que del techno experimental porque sí, este disco se te puede meter en el bolsillo si te pilla desprevenido. Avisado quedas.

Rankine

Nothing Has Changed

David Bowie, Nothing Has Changed (Parlophone, 2014)

Estoy escuchando su enésima recopilación un sábado por la mañana de un otoño soleado y ventoso. Un día muy apropiado para poder constatar que después de él no habrá otro día igual, tanto como que después de él no habrá nadie más a su altura musical. Estamos hablando de un individuo, aquí no hay apoyos de ningún tipo, aquí no hay fieles escuderos, él solo ante el espejo, ante sí mismo, cual faro impertérrito ante la negritud de la noche, irradiando una luz infinita que nadie sabe de dónde ha salido.

Entre 1964 y 2014 han sucedido muchísimas cosas en la música pop. Y él siempre ha estado en la primera línea de fuego, disparando sin recibir ningún rasguño a cambio. Ha visto pasar a miles de invasores, pero nunca ha cedido el metro cuadrado donde reposa su sapiencia. Todos han querido imitarlo, pero sólo él puede ser igual que él (y a veces mejor), cosa que consigue cada vez que quiere reinventarse.

No sé si será la última (la definitiva), pero parece la 'mejor', concepto muy difícil de aplicar en su caso. Diría que es la más coherente, la más fiel, la más genuina, incluso parece que se haya preocupado él mismo de que parezca que la haya hecho él. Espero que no sea un simple testamento desde el presente hacia el pasado, si no más bien una certidumbre de que el futuro siempre estará aquí.

Manejo la edición de los tres cds. El primero es de una madurez asfixiante, el que puede confeccionar alguien que hace mucho tiempo que está más allá de la Puerta de Tannhäuser. El segundo es el que confirma que menos es mucho más, que casi siempre las apariencias engañan y que donde hay dudas siempre hay gemas. El tercero nos recuerda qué coño es hacer una grandiosa canción, y aquí empalma siete del tirón cuando aún tenía entre 22 y 25 años. Siete de tres, un porcentaje alucinante, digno de la última estrella de nuestro sistema solar pop.

En fin, sólo me queda citarle a modo de epílogo de esta 'crítica':''La gente de mi generación, y no hablo sólo de los Rolling Stones, se ha acomodado en una especie de limbo. Nadie se atreve a saltar sin red. Casi todos siguen haciendo la misma música que hace veinte años. Yo preferiría jubilarme antes que caer en eso''. Creo que ya todo está dicho, y muy bien por cierto. Y no lo digo por mí, que conste.

Luciano Alvarez

Spin-O-Rama

The Primitives, Spin-O-Rama (Elefant, 2014)

Hay grupos que nunca deberían osar volver, otros en cambio nunca deberían haberse ido. Los vi en directo a principios del año pasado, y estaban en espléndida forma. Sólo funcionaron durante 6 años (1986-1992). Luego hubo 17 de invisibilidad (hasta 2009), y resurrección, aunque no parezca que hayan muerto alguna vez, después del fallecimiento del bajista original del cuarteto, Steve Dullaghan.

Estoy hablando de The Primitives, un grupo de Coventry que tuvo un superhit, Crash, y que siempre estuvo infravalorado. Otros más famosos y guays ahora yacen criando malvas. La justicia divina casi siempre pone a cada uno en su sitio, cosa de la que me alegro la mayoría de las veces.

Después del inadvertido Echoes And Rhymes de 2012, un disco notable de sobresalientes versiones, retoman su carrera con su cuarto largo de estudio 23 años después. Spin-O-Rama es un disco sobresaliente de notables canciones nada nostálgico. De entrada suena de muerte (sólo los ingleses pueden hacerlo así de bien, lo tengo comprobado), con un grupo muy compacto (son aún el 75%), dos voces que se complementan a la perfección y una producción que no se ha dormido en los laureles. Dos canciones destacan, Spin-O Rama y Lose The Reason, de entre un buen puñado de gemas pop sin fecha de caducidad. En fin, el tiempo sólo ha pasado para mejorar lo ya conocido. 

Ya está bien de volver por volver. Ya está bien de arrastrarse por un puñado de dólares. Si hay que hacerlo, que sea porque se puede, nunca porque se debe. Todo tiene un principio y un final, y The Primitives aún están en el centro de esos dos no tan imaginarios puntos. Quizás por eso los fichó Elefant, porque aún quedaba el futuro por suceder, y todos queríamos ver cómo llegaba.

Luciano Alvarez

The Primitives Bandcamp

Hablamos De Nosotros

Oviformia SCI, Hablamos De Nosotros (Elefant, 2014)

Esta 'crítica' va a ser muy corta, pero muy intensa. 

La Santísima Trinidad de la Justicia Divina existe, y acaba de escribir su segundo capítulo. Lucho Prosper avanza un paso más hacia su total reconocimiento como figura máxima de nuestra escena electrónica (1980-2015). 

Primero fue Breton Armada y su gran debut Principios De Siglo (2010), el último gran álbum electrónico nacional, a la altura de los Vulcanos de Fangoria o del Palais de Madelman. Ahora Oviformia SCI y su 'debut' Hablamos De Nosotros (2014), el regreso al pasado más brillante de este año de un grupo de los nuestros. Y pronto debería ser Heróica y su nunca editado 4º largo (donde están algunas de las canciones que hicieron despegar a Fangoria hacia la estratosfera exitosa del quinquenio 1999-2004), cuyas cintas Luis Calvo debería empezar a buscar ya porque parece ser que están tan perdidas como estaban las de Oviformia (¿las tendrá Ordovás también?). La gran esperanza cibérica, en estos tiempos tan retroarqueológicos que vivimos, para el año 15 de Nuestro Señor Moog.

Oviformia está a la misma altura que El Aviador Dro, sobre todo en su primera época (1981), que es totalmente electrónica, a diferencia de EAD, que ya tiraba de guitarras, cosa que hizo OS en su segunda época (1982), donde se empezaba a vislumbrar lo que luego sería Heróica, una evolución impura del sintetismo. Oviformia, a diferencia del Aviador, es más hedonista en sus planteamientos filosóficos (letras), pero mucho más comercial (en el buen sentido de la palabra, por supuesto) a la hora de confeccionar bellas melodías (Lucho) y espléndidas secuencias (Clara). Oviformia, a diferencia del Aviador que se ha sabido mantener contra vientos y mareas interestelares, no ha merecido este largo silencio, oído lo oído. Elefant los ha colocado merecidamente en su sitio de una vez y por todas. Quizás en su momento se deberían haber acercado más a DRO (cosa que luego hicieron como Heróica), pero bueno, sólo se vive el presente una vez, con todos sus aciertos y errores. A destacar sobremanera el excelente sonido que se ha conseguido al remasterizar las famosas cintas perdidas, no da la impresión que hayan pasado tanto tiempo 'bajo tierra', más bien parecen recién salidas del microondas.

Veremos si es verdad que van a presentar en directo este disco, sería todo un detalle ver cómo suena Oviformia en 2014 con una maquinaria contemporánea. Y veremos si esta eclosión reveladora no provoca que Prosper resucite a los SCI de manera más o menos duradera.

Al final no ha sido tan corta, pero sí doblemente intensa.

Luciano Alvarez

 

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Transmission-Barcelona

Selfzine

VVAA, Transmission-Barcelona: Second Anniversary (Domestica, 2014)

El sello barcelonés Domestica arremete con el segundo volumen de Transmission. Hablar de Domestica es sin ninguna duda hablar de riesgo. Como todo el mundo sabe actualmente la música ya ha dejado de ser un negocio (menos para unos pocos suertudos) para convertirse en un acto de fé y pasión, y las etiquetas darkwave, minimal, dark, industrial, kraut…siempre van ligadas a las referencias del sello.

Transmission es una fiesta mensual que se realiza en la Ciudad Condal donde se pueden escuchar sonidos sintéticamente oscuros, alejados absolutamente de los circuitos comerciales. DJ Sandman ejerce como maestro de ceremonias, además de compilador, y para esta segundo capítulo ha seleccionado diez nuevas propuestas más que interesantes, que casan perfectamente con la filosofia del sello y de dichas fiestas.

A destacar Madmoizel, la Anne Clark del siglo XXI, Phoshor, In Death It Ends, con otra de sus pesadillas rítmicas a los que nos tiene acostumbrados, y Des Âmes Libres, con su sonido musculado y claustrofóbico,  maniobrando con Today Not Tomorrow. Además, Nöi Rabat se atreve con Kitchen Person, un cover de The Associates que aunque está a años luz del original sorprende por la temeridad con que lo realiza. En el plano nacional nos encontramos a Más Allá con un potente y ruidoso ElectroÁereas. 

Un buen catálogo de nuevas bandas y sonidos incómodos para todos aquellos que prefieran las bombillas de 40W a las de 100W, y que sólo está disponible en vinilo. La tirada no es muy grande, yo me daría prisa…

Rankine

Transmission 2 Domestica  en Bandcamp

Whorl

Simian Mobile Disco, Whorl (ANTI-, 2014) 

A Simian Mobile Disco nunca les había hecho el más mínimo caso. Y un día, por casualidad, me llegó un correo de su sello donde hablaban de la inminencia de este álbum, ilustrado por un vídeo que recogía un extracto de una actuación del dúo en Pioneertown, en pleno desierto del sur de California, el sitio menos futurista que te puedas llegar a imaginar. Así que me veo a dos tíos con dos modulares, dos secuenciadores y una mesa de mezclas. Tangerine Dream como deberían sonar en 2014. Techno orgánico suave, y muy melódico, de muchos enteros. Melancolía fría para imágenes evocadoras de un tiempo que aún ha de venir... Todo eso, y mucho más, es este Whorl. Y si sigues escarbando hallarás rastros del Detroit menos maquinal, de la artificial intelligence menos cerebral y de la música planeadora menos hueca. Caí embelesado bajo la mágica influencia de estos dos, estaba clarinete tras ver el vídeo. Luego sólo fue cuestión de escuchar todo el disco, y todas mis sospechas se hicieron realidad. Este Whorl es mucho más interesante que el Syro de Aphex Twin, si hablamos de presente discográfico electrónico (los estilos no son tan dispares, lo que pasa es que el segundo los retuerce tanto, muchas veces gratuitamente, que los convierte en algo que no son, ni serán), poniéndolos muy cerca de los totémicos Boards Of Canada. Grabado en directo, y en una sola toma, el abril pasado en el Joshua Tree National Park de California, Whorl confirma a SMD como uno de los candidatos más serios a ocupar el trono sintético de este 2014. Notable muy muy alto, rozando lo sobresaliente.

Ralf & Florian

Salteado De Ambientes

Taylor Deupree, Lost & Compiled (12K, 2014)

El título de lo último del, casi siempre, ambientalista norteamericano (esto a tiempo completo) ya explica de qué va el lote, y viene a ser en disco lo que pasa cuando vas a comprar algo y en vez de soltar un billetazo cuentas las monedas sueltas que llevas, y resulta que te llega. Taylor ha echado la vista atrás, recuperando temas en distintas fases de desarrollo, inéditos varios y cosas que se le habían quedado en los bolsillos, y le han llegado para completar un disco, uno que además no está mal, da el pego en lo que se refiere a unidad, coherencia interna y todo eso que siempre se dice, y se deja escuchar estupendamente como sonido de fondo que tapa conversaciones idiotas en el tren y los putos silbiditos del whatsapp. También se puede poner uno las gafas de bucear y explorar a sus anchas en esos ambientes abisales, por momentos levemente melódicos, sintiéndose envuelto por las cálidas capas de sonido mientras busca un pecio, analiza la estructura, aguanta la respiración, se hace el muerto, o algo, pero eso lo digo más largo en el segundo párrafo, o sea que vete allí si quieres. Éste lo voy a agotar explicando que Deupree tiene un estilo muy definido, hace lo que hace desde los tiempos gloriosos en que tenía pelo en la cabeza, y es por eso que da igual que el hombre recurra a fondo de archivo y ponga, uno al lado del otro, temas que intuyo para instalaciones, fragmentos que a lo mejor no acabó, y luego los continuó, y le salió otra cosa, cortes que quizá eran para un disco, pero se lo pensó mejor, o largas piezas arrullando en directo al personal. Cuando llegas al final, el conjunto no te ha dado impresión de batiburrillo.

Bienvenidos al segundo párrafo. Lo que aquí vengo a decir es que Lost & Compiled es, en efecto, un álbum de música ambiental, pero no de esos que simplemente amontonan mantas sonoras y casi te asfixian porque, aparte de calorcillo atmosférico, no hay allí mucho más que poder rascar, sino que una audición un poco al loro descubre elementos inesperados que te alegran la escucha y el día. Además de sonidos de los de ponerte en la posición del loto y hacer como que meditas, aquí y allá se localizan lejanos zumbidos de maquinaria perezosa, impresionistas indicios de lo que Debussy podría haber hecho de tener un laptop y no un piano, sonidos de grillos sintéticos llamándose a larga distancia a ver qué hacen esa noche, y símiles de punteo guitarrístico que invocan con ouija electrónica el espíritu de Derek Bailey. Tiene el disco mucho de enoísta, pero también de clusteriano, recompensa igual tanto si pones la oreja avizor como si no, y si lo haces encuentras que Taylor Deupree no se limita a dejar plantado el dedo en una tecla y dejar que suene. Se sostienen sus temas en un cuidado sólido armazón que revela la importancia que el tipo concede a la composición, en un sentido tanto estructural como al que atañe al efecto que un determinado sonido produce si se combina con otro. Es agradable, el disco, y como apunto arriba, nada deslabazado. Está bien.

Jesús Brotons

Tinseltown In The Rain

Lewis, L'Amour (Light In The Attic, 2014)

“El misterio es tan perfecto que sería una tragedia resolverlo”. Con esta genial frase cierra Stephen M. Deussner su reseña del disco que nos ocupa para Pitchfork. Ciertamente no le falta razón. La intriga que envuelve a este álbum es tan exquisita y enrevesada que le otorga un halo de romanticismo crepuscular delicioso. Los datos conocidos respecto a la autoría y grabación de este artefacto son pocos. Bajo el título de L’Amour fue registrado en 1983 en los estudios Music Lab de Los Angeles por un tal Randall Wulff que usaría el seudónimo de Lewis para firmarlo, con ayuda del ingeniero Bob Kinsey y el teclista Philip Lees, y editado en el misterioso sello R.A.W.. Los créditos incluían una dedicatoria a la supermodelo Christie Wrinkley. Lewis contrató al fotógrafo Ed Colver, célebre por fotografiar la movida punk de la Costa Oeste, pagándole con un cheque de 250 dólares sin fondos, y esfumándose para siempre. Veinticinco años más tarde el coleccionista Jon Murphy se hizo con una copia del álbum en un mercadillo de Alberta, Canadá, probable lugar de procedencia de Wulff  dado que allí es donde el cineasta Jack D. Fleischer, junto a Markus Armstrong, obsesionados con el álbum localizaron a un sobrino de Wulff que aseguraba que su tío había grabado diversos discos bajo distintos y desconocidos seudónimos, y que había perdido todo contacto con él desde hacía tiempo. Pese a tan sucinta información Lewis sigue siendo un fantasma y L’Amour un enigma, más allá de las voces que aseguran que se trata de un fraude o una broma. 

Ahora, gracias a la exquisita discográfica Light In The Attic este disco se reedita más de treinta años después en una lujosa edición que permite que la música de este bizarro, pero genial álbum, esté a nuestro alcance y hable por ella misma más allá de conjeturas espacio-temporales. Se trata de un disco espectral, suave, crepuscular e íntimo. Sus composiciones se basan en sintetizadores que flotan en el espacio, guitarras acústicas y voces susurrantes e ininteligibles. Algo así como un cruce entre un soundtrack de Badalamenti para Lynch, el Nebraska de Springsteen y los The Blue Nile más intimistas. Una delicia auditiva que masajea la mente y hace volar nuestra imaginación hacia anocheceres en un Los Angeles ochentero con reflejos de luces de neón, palmeras agitadas por la brisa y descapotables circulando cerca de la costa. Puro delicatessen sonoro envuelto en un halo de misterio que lo hace sin duda perversamente atractivo e irresistible. 

Albert Masferrer

Techno Mystic

Legowelt, Crystal Cult 2080 (Crème Organization, 2014)

La escucha de lo último de Legowelt puede inducir extrañas ensoñaciones y visiones la mar de raras a mentes sencillas e influenciables como la mía. Esas imágenes digo yo que variarán en función de cada quisque; en mi caso, me he imaginado caminando por un bosque cubierto por una densa neblina baja, igualito que en una de aquellas películas de la Hammer, avanzando en plena noche hacia unos lejanos sonidos que en mi batiburrillo cerebral se confunden con los de una rave mezclada con algún tipo de ceremonia de invocación ocultista. Ahí termina la imagen, pero no me cuesta imaginarme llegando al lugar y topándome con una multitud con capucha y hábitos de monje contoneándose, medio místicos medio colgaos, mientras suena Psychotic Endurance o The Future Of Myself. El sonido de Legowelt se me antoja así, tan retrofuturista como ceremonial: una mezcolanza de cajas de ritmo antañonas (o emuladas para que suenen como tales), pads digitales engordados para darles tacto analógico, voces incorpóreas flotando como fantasmas de un cuento de terror gótico, melodías circulares de aires abracadabrantes, alguna que otra secuencia ácida y puntuales estacazos de extracción ravera, anegado todo en la clase de ultrarreverberación que te deja en flotación libre, y luego, al quitarte los auriculares, te sorprendes de lo seco que suena el mundo real. Bien. Me gusta que un disco sea un viaje.

Crystal Cult 2080 es así, un viaje. De Danny Wolfers, el sumo sacerdote que oficia como Legowelt, se puede decir, y por ahí se dice, que es autocondescendiente y destajista, y que de uno a otro disco suyo no median grandes diferencias. Nada de eso debería importar, ya que Wolfers aplica con esmerada caligrafía lo que a mediados de los 90 se expusiera en sellos como Warp o Rephlex, que sonaba diferente a (casi) todo entonces y lo sigue haciendo ahora. Imposible no acordarse del Aphex Twin esotérico en temas como ese final A Distant Meadow In Your Soul: idéntica atmósfera irreal, la misma sensación de elevación por encima del plano terrenal. O de Future Sound Of London en un corte como How I Live, similar a los de aquellos por su relajada, invitadora propulsión y ambiente reminiscente de ese cuarto mundo, en parte hipertecnológico y en parte depauperado, del que tanto se hablaba hace unos años y que ya tenemos aquí, a la vista está, con sólo abrir la puerta de casa. Crystal Cult 2080 avanza por carriles conocidos, cierto, pero dado que esos carriles transportaban tiempo atrás a parajes que sólo en parte se exploraron, no veo por qué razón no deberíamos subirnos al tren que Legowelt propone y seguir buscando las elásticas fronteras del techno de los 90. Vestidos de monje y con el reverb calándonos hasta los huesos.

Jesús Brotons

Hipnotrónica

Automat, Automat (Bureau B, 2014)

Jochen Arbeit andaba hace escasos meses por Barcelona haciendo cosas que a un servidor le merecen el mayor de los respetos, como ofrecer conciertos de pequeño formato en salas de aforo reducido (y en las que aún sobraba espacio; por estos lares seguimos sin ligar ni media) y trasegar cerveza en volúmenes discrecionales. Cosas cabales. Lástima que por una cuestión de sincronía desplazada (falta de coincidencia, vamos) éste que lo es no escuchara el primer álbum de Automat, el grupo en el que Jochen maneja guitarra y maquinejos, hasta hace relativamente poco. Sin duda me habría acercado a él presto a ponerle otra cerveza en las manos, caso de que las tuviera libres, y le habría dicho que el disco es bueno, por momentos hasta muy bueno, y que lo que él y sus dos compinches han logrado con su orgánica mezcla de Can, electrodub, minimalismo repetitivo y progresiones funk debería gozar de un éxito mayor del que me atrevo a augurarle. Automat, el disco, es cojonudo, y ojalá me equivoque, pero está destinado a pasar desapercibido entre el continuo marasmo de ediciones que a diario se nos viene encima. Demasiado elegante. Muy a su aire. Nada condescendiente. No es lo que vende.

Lo primero que llama la atención en una primera escucha son los temas cantados, pues son Lydia Lunch, Genesis P-Orridge y Blixa Bargeld quienes prestan sus vocecitas. Contagiados tal vez de la atmósfera (relajada, sofisticada, como de pista de baile futurista a las horas en que acaba la noche y el público ha agotado sus energías, pero no el ánimo; todo el disco es así), los tres se nos presentan en su faceta menos histriónica, que siendo quienes son ya es difícil. Más que cantar, Lydia habla y susurra como lo hacía Damo Suzuki cuando le bajaba la adrenalina en un tema de influjos dub; Genesis emplea una cadencia que recuerda a la del cantante de los Residents en un corte ambiental que es más una ensoñación que una canción; y Blixa pone su dicción cortante al servicio de una pieza que bien podría ser, o a mí me lo ha sugerido, una remezcla ondulante y triposa de alguna canción del Future Days de, una vez más, Can. El resto del disco, cuatro temas instrumentales, basculan entre el dub onírico a lo Jah Wobble y un funk de ático lujoso del Nueva York de los años 80, ese tipo de música que está ahí, no se impone, flota a tu alrededor y, cuando te quieres dar cuenta, ya se te ha metido dentro y lo llevas instalado en los pies y el bulbo raquídeo durante días. Lo dicho, un disco estupendo. ¡Jochen, vuelve pronto! Te debo una cerveza.

Jesús Brotons

Acidoflexia

Luke Vibert, Ridmik (Hypercolour, 2014)

Y a todo eso, ¿con qué Vibert quedarse, si el hombre gasta varias guisas y emplea cada una en hacer con diferentes estilos lo que le sale del bolo? Más aún: ¿es preferible el Vibert de inicios de los 90, aquel que contribuyó como el que más a la popularización de una electrónica que hermanaba lo accesible con lo difícil, la academia con la pista de baile, o el actual, que aún se mantiene en forma dentro de un panorama musical que renunció hace tiempo a mover las caderas sin girarle la cara a la experimentación y la personalidad? ¿Te pides la abstracción de, pongamos, Wagon Christ, o el ejercicio de estilo de este Ridmik que ha sacado con su propio nombre? Bueno, basta de retóricas. Aquí uno está para mojarse. A título personal no cambio lo que el inglés hacía veinte años por lo que hace ahora, pero eso no obsta para admitir que Vibert, un consumado experto en extraerle blips y blops a una 303, logra en su nuevo disco que el venerable maquinillo muestre alma; alma en un sentido soulero y vacilón, en temas como Acage, y acercándose en otros, caso de Proper Gender, a lo que intuyo que podría haber hecho Richard H. Kirk de haber mantenido y hecho evolucionar Sweet Exorcist. Y ojo, que esto no lo digo de cualquiera.

Ridmik es un disco acid, está claro (PÍUU-pi-pi-PÍ-pipiPÍUUU; ¿sí o no?), pero no de ese facilón que se basa en la manipulación ad nauseam de frecuencias. No hay aquí grandes subidones, así que mejor no te tomes la rula todavía y siéntate a escuchar, purasangre. Probablemente sin pretenderlo, Vibert demuestra en Ridmik que aún hay chispa, vida y posibilidades que explorar en el momificado género, haciendo al mismo tiempo, como ya he dicho, un clásico ejercicio de estilo en temas-progresiones a la antigua usanza como cs303 o Double Dipped Acid, en los que quizá nos guiña un ojo como diciendo, ''no, si sé de dónde vengo, mira''. Sin provocar que nadie salga a correr desnudo por las calles, Ridmik es, en conjunto, un disco apreciable y más variado de lo que yo mismo le suponía con mimbres tan usados. Es como la papiroflexia: con la misma hoja de papel se pueden hacer docenas, cientos de formas, si tienes la suficiente maña o experiencia. Y Vibert tiene las dos.

Jesús Brotons

Holding The Mirror For Sophia Loren

Donna Regina, Holding The Mirror For Sophia Loren (Karaoke Kalk, 2014)

Érase una vez una etiqueta conocida por indietrónica. Nació entre el final del siglo XX y el principio del XXI. De sus protagonistas el presente apenas se acuerda, pero casi nadie se ha quedado en la cuneta. De su significado no pienso decir nada, es tan evidente que no malgastaré ni una letra más en intentar explicarlo.

Si tomamos como referencia el tracklisting del recopilatorio que editó Sónar en 2002, Indietrónica Vol. 1, el único 'vago' es Hans Platzgumer, todos los demás están más o menos operativos. Y uno de los más 'trabajadores' es Donna Regina, que como The Notwist han editado material nuevo en este 2014. Llevo desde ayer escuchando este nuevo álbum, y siguen tan absorbentes como el primer día. Hay grupos que llevan su 'estilo' hasta las máximas consecuencias, y no aburren, otros, en cambio, tras su segundo single, se repiten más que las series de Neox por la tarde. Será que no tienen prisa, que no perciben eso que llaman la presión de la industria musical (y eso que aún graban para un sello comme il faut), que hacen las cosas por amor... ¿al arte? Eso sí, me sobra el corte 9, Escuchame. Será porque la letra es de risa y la pronunciación es de pena, así de claro. No entiendo el usar un idioma que no es el tuyo para echarte mierda encima. Instrumental hubiera ganado muy mucho. Está visto que nadie es perfecto, incluso ni los que lo parecen. El resto del disco está a gran nivel. No percibo aburrimiento, hay magia, hay ganas, se nota. Más de lo mismo, pero mejor, con más experiencia y perspectiva.

El presente no es tan bonito, así que tendremos que echar mano de los que estuvieron antes aquí, que nos prometen belleza de verdad para mañana.

RUR

Broadwalk Tales

Fluxion, Broadwalk Tales (Echochord, 2014)

Le tenía un servidor extraviado a Konstantinos Soublis desde tiempos lejanos, casi heróicos; en concreto, desde que a finales y comienzos de milenio me aterrizaran los dos Vibrant Forms, un disco sencillo y otro doble, que elucubraban lo que Cluster habrían hecho de nacer en Kingston y ser amamantados con biberones de codeína. Eso al menos me pareció a mí. Eran aquellos sendos álbumes que, fieles a las constantes del sello Chain Reaction, proponían una visión del dub tan cósmica como motriz. Anegados en una nube de ecos interminables y reverberación espesa cual el más espeso puré, provocaban al oyente predispuesto un semicoma en el que el único signo vital era un involuntario movimiento de un pie. Bien tumbado, no era una mala sensación. Lo más reciente de Fluxion avanza en una dirección prácticamente idéntica, si bien prescinde de cualquier elemento de electrónica con trasfondo europeo para sumergirse y quedarse ahí, en un dub que, más que ambiental, se me antoja amniótico: Broadwalk Tales (me) suena como los discos de Rhythm & Sound o, en una línea paralela, Pole, en tanto que al igual que aquellos Konstantinos embebe unos pocos elementos en extracto de reverberación, los dispone en forma de canción y deja que se fundan entre sí, convirtiéndose en un escabeche atmosférico sobre el que planea la voz de Teddy Selassie, cantante a lo Tikiman cuya cadencia aquí es la de un hombre que se lamenta de que le hayan abandonado Jah, su mujer y su perro. Sería fácil acusar a Fluxion de inmovilismo visto lo poco que ha cambiado su música en quince años, pero para qué hacerlo cuando es precisamente carencia absoluta de movimientos lo que ésta induce, y para bien: tres lustros después, me encuentro de nuevo tumbado en el sofá, de vez en cuando alzando un párpado, convertido gracias a Fluxion en un perezoso guiñapo que, indolente, observa cómo se agota el día. La sensación es tan placentera como la recordaba.

Jesús Brotons

Fluxion - Broadwalk Tales