La Nueva Guardia

 

La Nueva Guardia

Cuatro nombres muy interrelacionados entre sí, de una u otra manera, que basculan entre la electrónica de cámara, el pop de raíces oscuras y los ecos industriales, con conexiones que van mucho más allá de lo profesional, aunque provengan de los cuatro puntos cardinales estilísticos, notándose sobremanera en la coherencia de los doce temas que se recogen en el compilado, producto de un año exacto de labor.

 

Aunque nueva, esta Guardia siempre ha estado allí. Por eso, aunque vieja, con cada reencarnación vuelve a aparecer como nueva. Cada una de las cuatro entidades que nos manifestamos en este compendio somos vieja y nueva guardia en un sentido o en otro. Las cuatro llevamos años -algunos más de los que se pueden contar con las dos manos- custodiando una determinada manera de sentir la realidad. Un tipo de percepción cuya definición sería tan específica y ambigua, simultáneamente, que las nomenclaturas estilísticas se quedarían cortas por sólo ser capaces de acotar poco más que un cierto marco musical contingente. Nos haríamos un flaco favor exponiéndonos aquí a la luz de esas nomenclaturas, ya que el saco en el que nos meteríamos nos obligaría a ser leídos en la misma clave que todas las demás entidades existentes, que se autodefinen inscribiéndose en dichas nomenclaturas. Y no es eso lo que queremos.

Aclaremos pues algunas de nuestras coincidencias para-musicales. Una de ellas es que, cada cual a su manera y en diferentes matices de afecto, todos nos situamos en un eje "geotrópico" que se orienta entre Barcelona y Viena. La primera ciudad es la nuestra, la de todos, el punto desde el que miramos. La segunda es hacia donde miramos, el viejo mundo que quiso ser Nuevo Mundo, el vórtice espacio-temporal desde el que nos nutrimos y extraemos nuestro maná. Otra de nuestras coincidencias es la posibilidad de afirmar con total certeza que estamos desencantados con los ideales. Nunca nos los hemos creído mucho, pero llegados a las presentes latitudes, su efecto se nos presenta todavía más pernicioso de lo que nos habíamos imaginado. Frente a esa encrucijada sin salida, algunos optamos por cantarles las cuarenta a los totems de la ideología, otros por reírnos con la sarna canina con la que la contemporaneidad nos ha bendecido, otros por regodearnos sádicamente en la constatada ausencia de las virtudes que se nos habían prometido, y otros por ahogarnos en la nostalgia de tomar distancia de perspectiva. Es precisamente esa nostalgia otra de las actitudes que nos unen. Abrazamos voluntariosamente la contradicción que atraviesa nuestros corazones: renegamos de los ideales, pero no podemos evitar mantener esa agridulce mirada hacia atrás, nos gusta regodearnos contemplando la costa de esa tierra a la que ya no volveremos nunca más, desde ese barco cuyo destino nos es desconocido, al son de las tonadas de otros tiempos.

Será cosa de la edad, dirán algunos, pero nosotros sabemos que ya éramos así cuando todavía éramos jóvenes, y que la perspectiva atemporal que nos aporta la conciencia de lo cíclico es lo que nos hará seguirlo siendo eternamente. Los años se suceden uno tras otro, constantes y estoicos como una vaca bajo la lluvia, repitiendo la rueda de las cuatro estaciones y los doce meses. Con la misma proporción fractal que transfigura el tiempo en espacio, este año la Nueva Guardia se reencarna en estas cuatro entidades y estas doce canciones. Igual que en el zodíaco cada una de las cuatro estaciones está compuesta por tres signos que determinan los tres tiempos de cada una -auge, apogeo y caída-, las tres canciones de cada una de las cuatro entidades de este compendio funcionan con la misma lógica trinitaria, expresándose transversalmente a través de cuatro órdenes de realidad: nigredo-albedo-rubedo en el primer caso, frustración-revisión-corrosión en el segundo, ansiedad-aislamiento-miedo en el tercero, pasado-presente-futuro en el cuarto.

Marc O’Callaghan


 

Coàgul

Escama Serrada

Comando Suzie

Ô Paradis