Foto Carlos López

 

Lunes, 15 de diciembre de 2014 La Noche Roja

Han pasado escasamente siete días, pero todo está tan fresco como si sólo hubieran pasado siete minutos. Que a estas alturas de mi película, yo cometa una locura de este tipo (hacer 1.010 km para ir a un concierto), justifica completamente el porqué hace casi dos meses que me compré un billete de ida y vuelta en AVE a Madrid para ver a un grupo en directo por primera vez: Reserva Espiritual de Occidente.

 

REO eran los teloneros del telonero (Die Weisse Rose) de Death In June el pasado lunes, 15 de diciembre, en la sala Paddock de Madrid. Voy a obviar los detalles que van desde las 08.20 h. (mi desembarco en la ciudad) hasta las 18.00 h. (mi llegada a la sala) para no alargar excesivamente esta crónica, pero reconozco que hubo algunos momentos dignos de ser mencionados aquí si tirara de la mejor pluma eléctrica posible.

Llegué tan pronto al lugar porque quería ver la prueba de sonido, el momento de la verdad desnuda del artista que el público se pierde habitualmente. Después de bajar las escaleras, y llegar al anfiteatro del local, saludé a todo el mundo saludable que no vestía uniforme de camuflaje, que era algo superior en número a la unidad móvil de la Wehrmacht que se había desplazado a la capital de Hispania.

Douglas Pearce se cree que es una estrella sin serlo, ni merecerlo, visto lo visto a posteriori, pero se nota en su cara de pocos amigos quién es el cabeza de cartel de la noche. Dispone a modo de atrezzo en el escenario varias calaveras ¿proeuropeas? y toda suerte de cacharros percusivos, que se mantendrán durante toda la velada a sangre y fuego, toque quien toque. La frase ‘quien mucho abarca, poco aprieta’ quedará flotando en el ambiente desde ese primer vistazo a la escenografía wagneriana de bazar chino que inunda la puesta en escena de DIJ. Pasé olímpicamente de su puesta a punto sonora, creo que el conversar sigilosamente con mis amigos era mucho más interesante en esos momentos que disfrutar de ese despliegue de egocentrismo de andar por casa. No se extendió mucho porque no había mucho por qué extenderse, aunque luego puso a más de uno al borde del ataque de nervios por lo mucho que alargó innecesariamente su recital.

Thomas Bøjden, alias Die Weisse Rose, ha plastificado 12 canciones (grabadas en estudio) en 13 años, si mis cálculos no fallan, y parece ser que su show es el mismo desde hace un quinquenio, como mínimo. Pero su modestia es elegante, y no se contenta con enmascararla como otros. Le hice hasta una foto para ponerlo por delante, levemente, de su santo y seña. Su música no me desagrada, y es el típico ejemplo de que un disco, normalmente, es infinitamente superior a un directo funcionarial. Pero ya se sabe, lo regular, si breve, es casi bueno.

Foto Carlos López

REO es punto y aparte. Sólo hay un tambor. No hay nada grabado. Nadie viste de militar. Es un quinteto. Hay una mujer al frente. Hay electricidad y acoples. No son neofolk. Se lo toman en serio. Te los crees. Dan miedo sin ir disfrazados. Destilan una seguridad a prueba de bombas (sigo con el paisaje guerrero). Son místicos sin llegar a la autoparodia. Y tienen la arrogancia suficiente, y sincera, de los verdaderamente jóvenes.

Fundido en negro, hay que comer algo antes de la ceremonia largamente esperada.

Empieza la segunda bobina con la escena bañada en un suave rojo sangre. La música enlatada suena mal, y a duras penas se distinguen los 40 Principales del afterpunk. Me fui arriba (había planta superior), y me coloqué justo enfrente de donde Svali ejercería de mc orioccidental. La velada prometía, pero el nirvana sólo duró escasamente unos 40 minutos. Menos mal que no tuvimos que esperar mucho (eso creo recordar) para observar la bella tormenta que se nos venía encima.

REO salió enfundado en trajes oscuros ellos (la elegante madurez de la sobriedad), y en espartano kimono ella (¿homenaje a Yukio?). Basaron el repertorio en temas nuevos de arreglos clásicos y en temas clásicos con arreglos nuevos. Con menos prejuicios y más claridad, con más contundencia y menos remilgos, dejaron bien claro quiénes eran los amos de la noche. Como unos Interpol con mala leche, evidenciaron que ya no necesitan Primavera para que se hable de ellos (ni la tocaron, pese a que un grito desgarrador la pidió). 40 minutos, que supieron a muy poco, tocados del tirón, como si fuera la primera vez y no hubiera mañana. Se han ganado a pulso dejar de ser teloneros, merecen ya un primer papel de protagonistas porque han cerrado el ciclo formativo con máxima nota. Han rebajado su aridez para sonar accesibles, pero sin dejar de ser difíciles y complicados. Sólo les falta reproducir, sin llegar al calco, los inteligentes arreglos de estudio en directo, y equilibrar la presencia de nuevos y antiguos instrumentos para ser casi perfectos. No puedo describir más y mejor, no puedo calificar más y mejor lo vivido. O se estuvo allí, o nunca sabrás realmente lo qué pasó con REO en la noche del lunes 15 de diciembre de 2014. No puedo reproducir la belleza de la EVOLUCIÓN en directo con palabras. Lo siento.

Foto Carlos López

Para ver a Die Weisse Rose me puse al lado del escenario, pero ni por esas conseguí emocionarme lo más mínimo. Menos mal que me quedan sus discos de estudio (ahí sí que lo consigue bastante bien), y menos mal que la duración de su actuación fue inversamente proporcional al interés que despierta en directo.

Y como el cansancio apretaba, y como el interés disminuía, me fui al fondo de la sala para escuchar a Death In June tranquilamente sentado. Me entretuve viendo al público como disfrutaba de la fiesta (unos mirando hacia delante y otros hacia atrás), mientras que la música que se oía de fondo iba de la desgana al tedio, del formalismo al aburrimiento, de lo vacuo a lo reiterativo... No digo que sea malo, pero pienso que DIJ en 2014 no aporta absolutamente nada. La épica ha muerto.

La noche fue mágica. La organización perfecta. El sonido mejorable. El público demasiado condescendiente con quiénes no debía y demasiado frío con quién mereció muchísmo más. Quizás asistimos a un relevo generacional (con todas las distancias del mundo) sin salir de casa. Yo lo tengo claro, larga vida a la Reserva, merecen el futuro que se les acerca velozmente. Febrero está muy cerca.

Luciano Alvarez

Foto Carlos López

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