G.O.S.

 

G.O.S. Entre la Nada y la Eternidad

En España la primera mitad de los años 90 era, en lo que se refiere a la música electrónica, un campo de cultivo potencialmente prometedor, pero al que todavía le faltaba que alguien roturara, sembrara y abonara. G.O.S. cumplieron esa labor, ingrata aunque necesaria, pero desaparecieron sin llegar a aprovechar los frutos de su trabajo.

 

Si bien no cabe hablar de pioneros absolutos del techno en nuestro territorio –ellos mismos, de hecho, presentaban ya desde los 80 un interesante currículo que ofrecía desde tecno-pop hasta EBM, con proyectos más o menos fugaces como Barbie Lovers o Brainstorm– el Grup Organitzat de Soroll que integraron Fermín Durán y Juan Tantinyà exploraron en esos años, no en solitario, pero casi, unas formas sonoras que en el extranjero llamaban cyber, techno industrial o EBM, y que aquí no se llamaban de ninguna manera porque simplemente no las había.

Hablamos de una época y un lugar de absoluta barbarie musical, una era hyboria en la que Internet todavía estaba en pañales, el Sónar no existía, la única cultura de clubs existente era la de los clubs de fútbol y los pocos ordenadores que esporádicamente se veían en los escenarios eran el Atari ST y el Commodore Amiga. Determinadas músicas había que ir a buscarlas a recónditas, y a veces algo sospechosas, salas del extrarradio, y cada uno se organizaba como buenamente podía, librando una guerra de guerrillas en la que para dar a conocer tus grabaciones había que darlas en mano o enviarlas por correo postal, y lo de actuar en directo era como hacer una incursión en la selva Lacandona: sabías dónde y a lo que ibas, pero no lo que pasaría. Así de poco receptivo era a veces el público.

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G.O.S. duraron tres o cuatro años, un lapso en el que actuaron en simas del infraground (la antigua sala Communiqué), discotecas de alcurnia (la Sala del Cel) y prefacios de futuros mastodontes (el Sónar en su primera edición). También se las arreglaron para grabar, amén de algunos temas sueltos, Stimulation, una cassette que profetizaría parte de lo que vendría poco después, y que por desgracia no tendría continuidad. Remasterizada y editada hoy en cd por el sello Nøvak, Stimulation suena mejor que nunca, y pone en bandeja reunirse con Juan y Fermín para hablar de los viejos y los nuevos tiempos.

Vosotros veníais trabajando desde mediados de los 80, si bien en proyectos de otros estilos musicales. G.O.S. supuso una continuación de esa trayectoria, pero también una ruptura bastante clara con lo que habíais estado haciendo hasta entonces. ¿A qué se debió ese cambio?

Fermín Durán: Nosotros hemos hecho de todo. Juan y yo nos conocemos desde bachiller. Hemos pasado desde el tecno-pop hasta el afterpunk y el ruido mal hecho, por decirlo así, y luego por separado también he hecho otras cosas. Con G.O.S. lo más importante es que abandonamos los sonidos EBM.

Juan Tantinyà: Empezamos a descubrir nueva música. A principios de los 90 escuchamos cosas como la gente del sello Warp o Psychick Warriors Ov Gaia, y eso nos hizo cambiar un poco.

Entonces fue una evolución natural. En ningún momento dijísteis “vamos a hacer algo diferente”. No lo percibís como una ruptura, como yo apuntaba.

FD: Fue más bien un refinamiento. Evolucionar hacia otros estilos. No pensábamos en términos de quitarle oscuridad al asunto, pero sí que nos aproximamos a otros estilos, como el intelligent techno, como se decía entonces. Nuestra música, sencillamente, adoptó unas formas más modernas, más propias de esa época.

JT: Fíjate que gente a la que admirábamos y ya seguíamos de antes, como Richard H. Kirk de Cabaret Voltaire, también pasó a formar parte de Warp. U otros como Uwe Schmidt, que también venía del EBM con Lassigue Bendthaus, y que con el alias de Atom Heart pasó a formar parte del sonido techno de Frankfurt, que también nos interesaba mucho. O Chris & Cosey, por ejemplo, que venían de Throbbing Gristle y editaron también con Wax Trax!, que en sus discos pasaron de lo industrial y el EBM a modular influencias más variadas, como el techno, o cosas más abstractas. Todo eso fue entre el 91 y el 93, precisamente cuando empezábamos, y a nosotros nos pasó una cosa parecida. Tampoco fue algo repentino. Tuvimos una evolución similar a la de todos ellos. Vimos que estaban saliendo otros sonidos interesantes, y nos apetecía hacerlos.

Esto lo pregunto como espectador, desde fuera. En G.O.S. parece que los roles estaban bastante definidos, ocupándose Fermín de ritmos, secuencias y programaciones, y Juan aportando líneas ácidas, efectos, etc. ¿Estoy en lo correcto? ¿Lo decidísteis así porque a cada uno se le daba mejor una cosa, o bien se generó sobre la marcha?

FD: Eso se puede aplicar más bien a la puesta en escena. Pero en la elaboración de los temas, que se hacía en el estudio, no teníamos ese planteamiento.

JT: A nivel de composición no había tal reparto de funciones, lo hacíamos los dos. Pero sí, en directo Fermín tira más de la programación y lo puede hacer mejor, ahora y antes, mientras que yo puedo aportar más lo que decías: efectos, líneas, muestras, samples

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No sé si ha sido tu caso, Juan, pero Fermín siempre ha podido tener bastante equipo a su disposición, o eso me ha parecido a mí. ¿Fue el equipo el que definió vuestro sonido?

FD: En mi caso, lo que lo fue definiendo todo fue la economía, así de claro. Hubo un momento en que ni él ni yo teníamos apenas nada, quizá un órgano y una caja de ritmos. Íbamos a la tienda de música, nos decían lo que valía todo y cómo pagarlo en cómodos plazos, y entonces nos íbamos a tomar un café y pensábamos en cosas más reales. En aquella época el sampler se llevaba mucho en la electrónica, y recuerdo como una decisión histórica cuando me paré a pensar: “habrá que conseguir dinero como sea, trabajando más o haciendo bolos”. El sampler yo ya lo quería desde finales de los 80, era como una deuda pendiente que arrastraba. Cuando lo pude comprar fue un hito en mi historia personal. ¡Al fin!

JT: Nos dimos cuenta de que lo que necesitábamos era analógico. Era lo que usaba toda esa gente de la nueva música a principios de los 90. Nos pudimos ir comprando y mejorando equipo porque nos fueron saliendo conciertos.

Supongo que eso fue antes de su revalorización en los años 90, cuando se multiplicó el precio…

JT: Sí, pero ese equipo ya lo tenía gente como Aphex Twin y esa peña. Ellos ya lo habían hecho antes. Fueron los avanzados los que se compraron por cuatro duros tal Roland, o ese otro… Nosotros llegamos un poco más tarde, pero a la que encadenamos unos cuantos conciertos fuimos completando el equipo, que tampoco era mucho.

FD: Así como ahora parece que está en boga volver al equipo básico, tipo Aviador Dro en los 80, caja de ritmos y sinte analógico, en aquella época para las percusiones todo dios llevaba sampler. Yo tenía sintes digitales de finales de los 80, pero lo que nos faltaba era el tema filtros, lo analógico. Tenía también un Korg V6000, que era analógico, pero con eso no bastaba. Nos faltaba más para como queríamos sonar.

G.O.S. surgió en un momento en el que había una escena electrónica en Barcelona –muy minoritaria, pero la había– justo antes de la popularización que llegaría a raíz del Sónar y cosas por el estilo. ¿Tenéis la sensación de que surgísteis en un interregno musical? ¿Que no pertenecíais a la generación anterior, pero tampoco formábais parte de la ola que vendría luego, y que eso os pudo perjudicar?

JT: Sí. Nosotros acabamos en diciembre del 95 como dúo; es decir, que los dos últimos años, cuando realmente hacemos las cosas, coinciden justo con cuando empieza el Sónar, en el 94. Ese boom llegó cuando nosotros ya no pudimos acabar más temas, ni meternos en bolos.

G.O.S., 2017

 

Puestos a hacer conjeturas, ¿creéis que vuestra trayectoria como grupo habría sido muy diferente si éste hubiese surgido sólo un par de años más tarde?

FD: Depende del tiempo que llevas y de la edad que tienes... Tampoco es que estuviésemos quemados, ni que hubiésemos invertido mucho tiempo, pero si ese boom nos hubiera pillado más jóvenes, pues… Quizá uno lo pilla con más ganas, lo que haces tiene más eco, te llevan más de la mano, no sé.

Otra impresión mía es que quizá también os perjudicó que en este país siempre se piense en blanco y negro, sin matices. Lo vuestro no era experimental en un sentido abstruso y oscuro, pero tampoco era de baile.

FD: Eso es, literalmente. Personalmente diría que quedar en tierra de nadie es mi sino, la historia de mi vida. No éramos Esplendor Geométrico, ni Macromassa o Escupemetralla, pero tampoco éramos Álex Martín, que sí que actuaba en discotecas y la gente bailaba. Un tema tiraba más por aquí, otro más para allá…

Y al final terminábais atrayendo a gente rara como yo.

FD: Sí, o gente sencillamente abierta que en esa época veías tanto en la Communiqué como en la Sala del Cel de Girona.

De todas maneras, ¿qué queríais conseguir con G.O.S. aparte de, supongo, hacer la mejor música posible? ¿Expresaros libremente, triunfar por todo lo alto… ?

FD: No sé… Contesta tú.

JT: Quizá pensábamos que aquí en Barcelona se podía replicar la escena de Frankfurt de gente como Victor Sol y cosas así. Quizá no tan grande, pero sí como en Berlín o Düsseldorf: una escena pequeñita con clubs, pocos grupos haciendo música interesante y un poquito, digamos, “desviada”. La idea era armar un circuito por el estilo, no buscar el éxito. Y progresar sobre la marcha, haciendo cosas. Cuando surgió Barzelona Elektrónika o se hizo el primer Sónar, pensamos: pues mira, la cosa se mueve.

FD: Luego salieron festivales de electrónica a patadas, pero fue mucho más tarde. Los clubs empezaron a surgir unos 10 años después. Eso es mucho tiempo, y no pudimos aguantar tanto.

G.O.S., 2017

 

G.O.S. tocásteis muchos estilos. Ya habéis mencionado las influencias EBM y el rollo Warp, sin embargo había también momentos en los que podíais sonar hardcore techno en plan Joey Beltram. Como músicos, ¿dónde os sentíais más cómodos?

JT: El baile era un poco el camuflaje…

FD: Era una manera de estar en todas, porque esto era muy pequeño. Pero, personalmente, siempre me he sentido más cómodo haciendo cosas más experimentales que cosas orientadas a la discoteca. Y si tengo que elegir entre concierto y estudio, me quedo con el estudio. Y en la época de G.O.S. prefería los conciertos más íntimos, en sitios pequeños. Pero también guardo un buen recuerdo del primer Sónar, cuando tocamos en el Apolo: de la preparación, de mezclarnos con gente como Sven Väth o Ángel Molina… Que entonces era otro, no el que luego sería tan conocido.

JT: Fermín sabe cómo manipular las bases, y nos encontrábamos bien en la Sala del Cel o en Fraga, en el Florida, o en el Overdrive de Madrid, que era un templo del hardcore. Y, oye, también llegábamos a sentirnos cómodos ahí, con la gente botando. Fermín sabía darle una base contundente incluso a las partes más experimentales.

FD: Sí, pero luego te venían los djs de referencia y te decían “estáis bien, pero sois raritos”.

JT: Les parecía rarito nuestro techno psicodélico, y en plan insulto nos decían que éramos un poco rollo trance y GOA, cuando en realidad la referencia era más bien Richard H. Kirk o Atom Heart y todos sus alias, y Psychick Warriors Ov Gaia, que lo que hacían no dejaba de ser electrónica psicodélica. Siempre cito a los mismos, pero es que para nosotros eran la Biblia.

FD: Clock DVA también los podríamos meter ahí, sobre todo al principio.

¿Para vosotros el directo era una obligación, o lo disfrutábais?

FD: Lo disfrutábamos, y cuando lo dejamos fue precisamente porque ya no disfrutábamos. Oyendo grabaciones de sets que he ido colgando ordenadas en el Bandcamp, me doy cuenta de que en el último año de nuestra trayectoria nos centramos únicamente en preparar sets de directo. Hay buenos sets, como uno en el Nitsa. Cuando estábamos ahí, en la barrera entre lo psicodélico, lo experimental y lo bailable, un tercio de cada, ya no había una concepción artística para hacer un álbum. En esa parte final olvidamos la parte en la que realmente podríamos haber aportado más, que era el estudio. En esos sets seguramente parecíamos raritos, pero me imagino que si ahora escucha eso Andrés Noarbe diría “esto era techno, tío”.

En Bandcamp tenéis toda una serie de material, pero en formato físico salió la cassette y algún tema repartido por ahí. ¿Cuál fue el motivo de que no sacárais más cosas?

FD: La cassette se vendía en sitios como la tienda Sonido Electrónico, o quizá ya había cambiado de nombre a Darkzone [aka “la tienda de Gervasio” – ndr]. Ahora queda muy hipster sacar una cassette, pero para nosotros era un mal menor, una manera de sacar la maqueta porque a ninguna discográfica le interesaba sacarnos cd o vinilo. Bueno, Geometrik sí que se interesó.

JT: Quizá también por eso se acabó el grupo. Nos salió una cantidad increíble de actuaciones, nos dedicábamos a preparar los sets y ya no nos quedaba mucho más tiempo. Podríamos haber arreglado algunos temas, eso sí; algunos están ahí, en directos, sin haberse plasmado en disco. Pero no lo hicimos, y se acabó.

FD: En Stimulation se van a incluir también los temas que hicimos para Geometrik. Visto con el tiempo… Mira, en ese momento cada uno tenía sus trabajos, sus movidas, que se te comían el tiempo… Todo costaba mucho. Ahora es fácil pensar “hombre, podríamos haber cogido algunos temas y hacer otra versión más producida”.

JT: Muy prolíficos no fuimos como grupo. Habrán unos 15 o 16 temas.

FD: En el cd creo que saldrán 16. Y en Bandcamp he colgado material con la duración de unos tres álbumes, entre cosas en directo y cosas grabadas que me he dedicado a ordenar y masterizar para que quede constancia.

G.O.S., 2017

También en el terreno de la edición os quedásteis a medio camino de todo. Los más experimentales del lugar ya tenían su microcircuito, la International Cassette Network entre otras cosas, y los músicos más mainstream ya tenían cómo editar sus cds y vinilos. Y vosotros, en medio, a ver cómo os dábais a conocer.

JT: Había muchos menos sellos entonces. Todos eran extranjeros. Álex Martín sacó muchos maxis y cds, casi todos con sellos extranjeros, menos lo de Disco 2000.

FD: Cuando empezaron a salir sellos aquí, como Stereophonic Elefant Dance Recordings, nosotros ya lo habíamos dejado.

JT: Incluso cuando salió Satélite K, o el mismo Self, nosotros ya no estábamos.

FD: Pillamos una época de transición. Un pico de ola nos pilló demasiado críos, como la del tecno-pop, por decirte algo, y esta segunda ola nos pilló fuera. Y eso que en esa época Juan y yo habíamos ganado un premio de Rockdelux.

JT: Bueno, quedamos segundos. Ahora no sé si dentro de la categoría pop o en la experimental. Recuerdo que ganaron Vamos a Morir.

FD: Fue en la de pop.

JT: Pues fíjate [risas].

FD: Es que éramos pocos. Si ya somos pocos ahora en la escena… Aunque hablar de escena local directamente está fuera de lugar. Lo que está claro es que no encajábamos al 100% con ninguna movida en concreto. Y tampoco teníamos un inglés modélico, ni siquiera no modélico, y no había Internet. Imagínate lo difícil que era promocionarse.

La electrónica, buena, mala o regular, es más popular ahora que nunca. ¿Qué opinión os merece lo que se hace ahora, o por lo menos lo que os llega y escucháis? No me refiero a un nivel exclusivamente underground, sino a un nivel medio-medio.

FD: Pues que ahora se suena muy bien, pero me aburre mucho. Y que no tengo tiempo de escuchar ni una décima parte de los enlaces que me llegan. Escuchas unos segundos, pasas a otra cosa… No tengo una opinión muy formada. Cuando algo no es nuevo, no me sorprende, y con las cosas que están saliendo, y si son nuevas, pues no las acabo de entender, la verdad.

JT: En los 90 también había fragmentación de estilos, pero lo de ahora es bestial, todo es micro. Y otra cosa es que tengas tiempo, y ganas, de descubrirlos todos.

FD: Si antes se manejaban una docena de estilos, ahora son doce mil. Está todo muy atomizado. Prácticamente hay tantos sellos como estilos.

Decidme qué impresión os produce editar este cd ahora, después de tantos años, y haberos reunido para presentarlo en directo.

FD: Es normal. 20 años más tarde todo vuelve, es como un ciclo. Y… No sé, está bien. Por lo menos quedará constancia en cd y en directo de un período concreto, y de que existimos. Que G.O.S. no es un mito urbano o una grabación chunga que alguien ha subido al YouTube, sino que existió.

Jesús Brotons

Fotos 2017: Chus Ferrer