Glastonbury

 

Nuestros festivales El Mundo es de los Valientes

Este desparrame verborreico viene a cuento de lo previsibles que son los carteles de las fiestas mayores (antes conocidas como festivales) que tienen lugar a lo ancho y largo (a lo estrecho y corto, tanto monta, monta tanto) de la geografía patria durante los cinco meses soleados que van desde abril a octubre. Esta bajada de categoría es lógica consecuencia de nuestras costumbres semánticas, acordaros que aquí a los conciertos se les llama galas.

En este putrefacto país (bajo de escala política a Hispania, dada la cantidad de gusanos que la están minando, y la pongo a la altura de la cabecera de un periódico de ámbito nacional) hubo una vez que todas las ciudades querían tener un aeropuerto, un auditorio y un museo de arte moderno propios, aunque no sirvieran para nada. Y los pueblos, un polideportivo y una piscina olímpica municipal. Y en ésas estábamos cuando a algún iluminado se le ocurrió que podríamos importar la idea europeoamericana de que la música es la mejor cultura de masas conocida (el fútbol lo llevamos muy dentro desde siempre). Os sitúo: hablamos de finales de la primera parte de la década de los 90s (Primavera Sound empezó en abril del 94, Sónar en junio del mismo año y el FIB en agosto del 95), porque de antes sólo se tenía conocimiento de algo que se llamó en su día Festival de Benidorm.

Estos tres iniciados se anclaron bien a suelo rocoso (sólo el FIB pilló arena a partir de 2010, cuando curiosamente cayó en las manos de un pérfido inglés), y crecieron, crecieron y crecieron. Y alrededor de ellos empezaron a surgir, como hongos descontrolados, festivales de todo tipo, tamaño y razón de ser, donde el santo y la seña solía ser la más absoluta mediocridad. La pasta es la pasta, y sólo los que la tienen podían conjuntar criterio y logros, máxima que se debería esculpir en las entradas de los despachos de los programadores de aquí para recordarles a todas horas que son mortales. Con este montaje ficticio sólo se consiguió diluir el concepto, aproximarlo más a una fiesta patronal que a un acto de veneración musical, dando fe que nos encanta regodearnos en cotos cerrados de aburrimiento galopante.

Y todo este puto rollazo viene a cuenta de que hace unos días vi el cartel de Glastonbury de este año, y se me cayeron al suelo. Elaboré una mierda de teoría, digna del tema tratado. A saber, el Doctor Music Festival (el Rock In Rio es lo peor, y por eso no cuenta para nada) es lo más parecido que se ha conseguido hacer aquí ‘imitando’ el modo de hacer glastonburyano, pero el hecho de que se celebrara allá donde Cristo perdió su crédito y que sólo fue un amontonamiento de nombres con cierto orden y concierto (un festival ha de tener una filosofía, aunque sólo sea la de la creencia en el mainstream deluxe), convirtió su defunción en una cuestión de tiempo.

Retomo el hilo, y sigo con mi teoría de la caída testicular cual manzana newtoniana. ¿Cómo puede ser que en un festival tan masificado puedan acabar confluyendo James Blake, Bonobo, Chvrches, Metronomy, John Grant, Richie Hawtin, Goldfrapp, MGMT, Skrillex, Massive Attack, Disclosure, MIA, Four Tet, Chromeo, François Kevorkian, Crystal Fighters, Nitin Sawhney y Jamie XX, y sólo hablo de quizás un 30% del listado total de la edición 2014 de un evento que no es ni multimedia, ni avanzado? ¿Cómo puede ser que en un festival tan masificado puedan acabar confluyendo The Wailers, Wilko Johnson, Blondie, Bryan Ferry, Dexys, Suzanne Vega, Dolly Parton, Robert Plant y The Sun Ra Arkestra, y sólo hablo de quizás un 15% del listado total de la edición 2014 de un evento parcialmente más propio de la Costa del Sol, de la Costa Brava o de Suiza? ¿Cómo puede ser que en un festival tan masificado puedan acabar confluyendo Interpol, Mogwai, Manic Street Preachers, Arcade Fire, Kasabian, Jack White, Elbow, The Black Keys, Pixies, Midlake y Warpaint,  y sólo hablo de otro 30% del listado total de la edición 2014 de un evento donde no aparece por ningún lado el concepto indie? Y he dejado de lado, para no aturdir al respetable, a Jurassic 5, Lily Allen, Lana Del Rey o De La Soul (mujeres y hip-hop, curiosa compañía), entre otros muchos.

¿Dónde puede radicar el éxito del invento? Desde el ofertante, en su falta de prejuicios de todo tipo, en no cebarse en los hits del año en curso, en lograr casar cosas aparentemente incasables, en saber convertir una filosofía de ser en una columna vertebral invisible que sujeta algo más que un concepto y en no tener que recurrir a la playa o a la piscina para tapar su incompetencia a la hora de confeccionar un cartel medio decente. Desde el demandante, en comprar todo lo vendible sin saber quién coño toca ese año pese a que cuesta algo más de 60 euros que el más caro de aquí (el 6 de octubre pasado se tardó 87 minutos en colocar los 120.000 abonos que se pusieron a la venta en la web del festival), en desplazarse, sin ningún problema, a lugares no urbanos, pero a distancias humanas razonables y en aguantar un tiempo mucho más inclemente que el nuestro sin ningún tipo de aspaviento estilístico (desgraciadamente, esto se lleva en el adn, no se enseña en ninguna universidad a distancia virtual).

Por eso nos invaden, porque ya no tienen suficiente con lo suyo, porque quieren más, como vampiros pop que son. Aquí, mientras tanto, encontramos a los mismos en los mismos sitios casi en plan bucle. O hay poca oferta, o muy poca imaginación organizativa, eligan la respuesta correcta ustedes mismos. Raphael es una mísera pica en Flandes, una epifanía en medio de la niebla agosteña. Ellos, mientras tanto, aún mantienen en secreto a uno de los cabezas de cartel, y todo lo dicho, hasta ahora, sólo es el primer avance de este próximo Glastonbury 2014.

glastonburyfestivals.co.uk


Los 13 principales de aquí más ubícuos este año (tomados al azar)

El Columpio Asesino (8 festivales)

Lori Meyers (6)

Sidonie (5)

Love Of Lesbian (5)

Triángulo De Amor Bizarro (5)

Vetusta Morla (4)

La Habitación Roja (4)

Amaral (4)

Second (4)

Niños Mutantes (4)

We Are Standard (4)

Dorian (2)

Iván Ferreiro (1)