Clonaciones Petunio

 

Escupemetralla El Futuro, Literalmente, Ya Está Aquí

Recuerdo haber asistido, en aquel ya lejano, dicen algunos que primoroso, año 1992, a un festival autodenominado de música “urbana y de laboratorio” en La Bàscula, sala entonces de complicado acceso ubicada en la falda de Montjuic. No sé ni cómo llegué; probablemente resoplando tras haber caminado ladera arriba, lo cual deja claro, creo yo, mi interés por lo que esa noche iba a cocerse allí. Interés relativo, debo decir: de los distintos grupos que actuarían, alguno de los cuales se haría bastante famoso poco tiempo después, sólo dos merecían, a mi entender, que mis piernas hicieran semejante esfuerzo locomotriz. Uno de ellos era G.O.S., a quienes –si bien ligeramente– ya conocía en persona. Y los otros eran Escupemetralla.

 

Veinticuatro años después, separados ellos y yo por sendos cafés, tengo a los dos componentes de Escupemetralla delante de mí. De una voluminosa carpeta, uno de ellos extrae, perfectamente conservado, uno de los carteles que se imprimieron para aquella ocasión. El cartel hace de magdalena proustiana y provoca que me venga todo a la memoria… No lo que se desarrolló esa noche, que en algún rincón de mi cerebro debe anidar, pero no emerge, sino mis circunstancias personales en aquel particular año cero barcelonés. Tiempos de descubrimientos de todo tipo, aunque los que más han perdurado, más allá de emociones efímeras, fueron los musicales. Descubrimientos hechos, muchos de ellos, a través de modestas casetes autoeditadas; artefactos empleados entonces por simple necesidad y no por moda, rebosantes sus pistas magnéticas de sonidos que yo entonces ni siquiera imaginaba que existieran, emisores de una actitud ante la vida y ante el arte que, cosas de la juventud, servidor quizás magnificara. Los precios de algunas de esas casetes trascienden hoy la obscenidad en los zocos internáuticos, que como en los reales, abundan en carteristas. Si hay oferta, eso es que debe de haber una demanda, me figuro. Lo que no logro identificar es el perfil de quien, tarjeta bancaria en mano, hoy puja, por ejemplo, por las cinco casetes (cajetillas, en palabras de ellos) que entre 1988 y 1994 publicaron los Escupemetralla a través de su propio sello electrodoméstico, Clonaciones Petunio.

Tengo a los escupidores de metralla (sonora) un poco abandonados, por cierto, rebuscando como estoy en mi particular tiempo perdido. Dejaré que sean ellos quienes rememoren esos años desde su punto de vista. “En Barcelona tenías a Macromassa, Javier Hernando, Ràdio Pica, Ignorant, Superelvis, G3G y Cuatro Sellos (la memoria falla y los que nos olvidamos seguro que eran igual de significativos). En Madrid, EG, Interacción, José Miguel López haciendo proselitismo desde una emisora estatal, Miguel A. Ruiz, fanzines y revistas como Cloruro Sónico y Syntorama (…) En aquellos tiempos la sensación era de que pasaban muchas cosas, pequeñas y para los de siempre, un pequeño grupo de guerreros galos rodeados de legiones romanas en un rincón de la península. Todo sucedía a pequeña escala, pero ése era nuestro mundo, claramente ombliguista y endogámico, y con eso ya nos sentíamos a gusto. Había energía, ilusión, locura, curiosidad, morramen y ganas de plantearse retos tipo ¿qué pasaría si hiciéramos esto?”

Sublimado Corrosivo, 1988

Detengámonos a describir brevemente qué era esa abstracción llamada "esto". Adscrita por decir algo al sonido post-industrial –en cuerpo y espíritu, y también porque se creó con posterioridad a la época en que “lo industrial” no era todavía otro género codificado– la música de Escupemetralla era un denso y rotundo sopapo electrónico, carente de estructuras fijas, que empezaba cuando lo hacía y terminaba cuando le tocaba; cada uno de sus temas navegaba a una libre deriva, movido por sus propias corrientes internas, sobre un mar siempre agitado de penetrantes calambrazos de MS-20, sonidos pregrabados manipulados hasta la desfiguración, abstrusos mensajes transmitidos por voces inconexas, fragmentos ajenos trasplantados sin ninguna manía y a ver qué pasa, algún ritmo ocasional de procesional monotonía, los parloteos agónicos de cacharros inocentes despanzurrados y reconectados… y todo impulsado por el motor de la curiosidad y del sentido lúdico que sugiere ese abierto “qué pasaría si hiciéramos esto”. Como Guillem Castaño, del sello G3G, escribió en su día en Rockdelux: “Ruidismo con humor, sampling y radios rotas y manipuladas, Casios, cajas de ritmos y metálicas percusiones... Todo ello destinado a la pura diversión, primero la suya, claro, y si cuela, mejor para los afortunados”. Afortunados nosotros, aquellos a los que nos la colaron, dicho sea sin segundas.

Uno de los retos “y si”… que se autoimpusieron los escupidores en su particular totum revolutum era “destripar cachivaches y conectar cables sin ton ni son para que berrearan, gimieran o eructaran sonidos electrónicos en trance sintético. Ahora eso se llama circuit bending (…) Destripamos un par de radios analógicas, les conectamos unas calculadoras digitales, y con eso hicimos nuestros primeros instrumentos”. Todavía faltaba un tiempo para que llegaran los teclados manufacturados en Japón, los reproductores multipista y ese flamante sintetizador al que se hicieron acreedores en 1991 gracias al premio que les concedió Rockdelux a la mejor maqueta de ese año en la categoría de “electrónica” (¿urbana y de laboratorio, quizás?). “Lástima que, al pasar los años, aquellos instrumentos acabaran en la basura”, dicen. Exactamente donde debería estar un gran tanto por cierto de la musicastra creada en el último cuarto de siglo, me permito añadir… pero no nos desviemos.

Burros de Dios, 1990

Responsables a partir de 1983, bajo el nombre de los Salmones Ahumanos, de Escuela de Sirenas, pistonudo espacio radiofónico (la programación: Chrome, SPK, Residents, Chris Carter… imaginen) que dejaría de emitirse entre 1987 y 1991 tras el cierre de Ràdio Pica por orden de esa Generalitat nuestra, tan diligente en acabar con cualquier cosa que no redunde en su beneficio económico, los Escupemetralla emplearon el parón en dar salida al Boletín Oficial de la Escuela de Sirenas, publicación que duró diez números y que no he tenido ocasión de hojear, pero que intuyo volcada gráficamente a la misma sátira desfachatada que desprende la música del grupo, y en potenciar el radio de alcance de este mismo. “Nos invitaron a tocar en Transformadors”, explican, “en la inauguración de una exposición de fotografía forense de Marc Viaplana (ex-Último Resorte) y Mabel Palacín titulada I Am the Wound and the Knife. Para tan solemne evento preparamos Boato, que luego acabaría regrabada en el casete. En vista del éxito, nos atrevimos con una versión de Cabaret Voltaire, Nag, Nag, Nag, que tradujimos convenientemente al idioma palmípedo como Cuac, Cuac, Cuac. Y a partir de ahí, todo fue coser y, mayormente, cantar como almejas”.

El lamentable cierre de Ràdio Pica tuvo, pues, un efecto secundario positivo. “La pobreza de estímulos que dicho cierre provocaba originó que algunos de sus oyentes pasaran a la acción. Por ejemplo, Vita Beata, OAA+Sedcontra, Iéximal Jélimite, entre otros”.

El casete al que Escupemetralla se referían es Sublimado Corrosivo, aparecido en 1988. Escupemetralla se nos descubre en él como un proyecto con las ideas ya bien perfiladas, con su sonido característico; no hubo para ellos fase de tanteo, etapa embrionaria o como queramos llamarla: Escupemetralla era, o al menos a mí me lo parece, una entidad perfectamente formada desde el principio; algo, con toda probabilidad, resultado de la pericia con el recortapega sonoro desarrollada durante sus años radiofónicos. La cinta, como nuestros lectores podrán suponer, supuso un triunfo en toda regla para Escupemetralla, que fueron recibidos con honores por distintas autoridades políticas y eclesiásticas, condecorados, ataviados con fajines dorados y premiados con un viaje sin reparar en gastos a la Costa Brava. Hasta se empezaron a ver camisetas con sus nombres (Muhammad y Muhammad) en los tenderetes de los mercadillos. “La recepción de Sublimado Corrosivo fue apoteósica cuando apareció la caja”, confirman ellos, “junto con otras más, a editar en posteriores años, en la mesa camilla de nuestro prócer fundador, el Señor Petunio, directamente teletransportada desde el futuro. No era la primera producción de Clonaciones Petunio, líder mundial en clonación de artículos de oficina y objetos de escritorio, pues ya se había publicado Tratamientos Térmicos de Iéximal Jélimite, pero sí la primera que llegaba directamente desde el futuro”.

Vida y Color, 1991

Expliquemos brevemente esto último. Según Escupemetralla han contado en anteriores ocasiones, manteniendo en todas una firme coherencia que excluye la posibilidad de trola, toda su producción se grabará dentro de unos años, diez aproximadamente a partir de ahora, y el hecho de que viera la luz hace más de veinte se debe a que se retrotransmitió hacia el pasado; una paradoja científica en toda regla que en realidad no es tan paradójica si nos detenemos a meditar en el hecho empírico de que, hoy, festivales que se dicen de música avanzada basen un 80 por ciento de su programación en música abiertamente retrógrada. Así, ateniéndonos a este particular folklore, Sublimado Corrosivo apareció en 1988, pero se grabó en realidad en 2025, abarcando la posterior cronología de la producción escupemetrallera las cintas Burros de Dios (aparecida en 1990, pero grabada en 2027); Vida y Color, que en buena ley debería haberse registrado un año después, pero que figura en sus créditos como grabada entre 1990 y 1991 (aquí ha fallado la línea temporal, o algo); Totum Revolutum, que al haberse publicado en 1993 debería ser, ateniéndonos a la lógica, un producto creado en 2030, y la casete que supuso el se acabó lo que se daba y cada uno a su casa, Multimierda, que si bien podemos datar como un lanzamiento de 1994, se describe en su hoja interior como grabada en 2025, lo cual nos devuelve a la fecha de partida inicial, y crea un enmarañado bucle temporal que no se sabe bien si avanza o retrocede, y que un servidor, recién levantado, no se ve ahora mismo con ánimos de desentrañar. Ustedes perdonen.

Turno de palabra para Escupemetralla. “Desde el año 2021 hemos visto cosas que no creeríais: atacar inmigrantes en llamas más allá del cinturón de seguridad de Pedralbes… Hemos visto rayos gamma proyectados contra los transeúntes cerca de la Portaferrissa, y cómo sus cuerpos mutaban al momento... Tal y como había predicho Ballard, la vida sólo se podrá soportar a base de seguir las propias obsesiones, y las nuestras son la ciencia y la música”. Lo que ni el autor de Mitos del Futuro Próximo (adecuado, ¿no?) podría haber predicho en la más salvaje de sus elucubraciones es que una obra como Totum Revolutum, acaso la de gestación más intrincada dentro del canon escupemetrallero, una cinta con dos progenitores naturales, pero con genes de un buen número de padres putativos, acabaría en 2016, un año que no es ni pasado ni futuro y en el que nada parece moverse, plasmada en cd, en sí ya un formato oficialmente retrofuturista. La discográfica barcelonesa Nøvak se ha entestado en hacerlo en un movimiento que no ya Ballard, sino los mismos Escupemetralla, podrían haber visto venir: “Con el tiempo muchas cosas se magnifican y, no nos olvidemos, las tiradas de Clonaciones Petunio apenas superaban las 50 copias, y el 90% eran regaladas, ésa era la idea, regalar, enviar a radios, fanzines, llenar de basura sonora el mundo… o sea, que la cosa era como un moco que se desprende de la nariz y ni te das cuenta. Es increíble que alguien aún conserve algo de eso, o se proponga reeditarlo. Seguramente, al menos, a alguien le parece divertido. Es lo que nos parecía o parecerá a nosotros, aunque ahora no nos haga nada de gracia”.

Totum Revolutum, 1993

El meollo de Totum Revolutum consiste, consistió o consistirá en un trabajo en comandita, en el que los colaboradores (Gat, Superelvis, OAA+Sedcontra, Iéximal Jélimite, Vita Beata, Audiopeste, Javier Hernando y los populares creadores de villancicos veraniegos Reciclador Brrnyopfdsgrt) cedieron (o cederán; bueno, vale ya) material sonoro a Escupemetralla para que estos, a su simpar criterio, lo transformaran, desfiguraran, “plunderfonificaran” y, en definitiva, lo hicieran suyo. Recluidos, según me explican ellos, en una institución para seres improductivos, algo que puede parecer descabellado, pero que se me antoja una idea plausible en las mentes de algunos de nuestros gobernantes, “nos reencontramos con Ignorant, Javier Hernando, Gat y los demás. Para romper el aburrimiento de los paseos por el patio, repleto de basura y mastines rabiosos, les propusimos que nos pasaran algo en formato estéreo o 2-pistas, con la idea de que nosotros añadiríamos otras dos. La cinta salió sin que los contribuyentes hubieran escuchado el daño infligido a sus contribuciones. Los más dejaron de hablar con nosotros, al menos por un día. Los menos, por unos minutos… Luego todo fue un no parar de hablar, y no pudimos entender lo que les pareció tamaño engendro”.

El término “engendro” tiene, según la RAE, varias acepciones, entre ellas éstas: “criatura informe que nace sin la proporción debida” y “plan, designio u obra intelectual mal concebidos”. La primera de ellas no es, en mi opinión, aplicable a Totum Revolutum ya que lo de la proporción debida es un concepto tremendamente subjetivo: no todo tiene por qué concebirse con la proporción áurea en mente. De ser así, yo mismo no estaría aquí… El trabajo resultante de este conciliábulo de cabezas inquietas y manos no tan ociosas como proclaman los dos Muhammads es, posiblemente, informe, dado que el material suministrado por los invitados y el dúo invitador se amalgama, superpone, yuxtapone, confunde, y en última instancia destila en un espeso, acorazado combinado electroalquímico que pone las leyes de la composición del revés, crea un nuevo orden de las cosas en lo que a composición se refiere, y se instaura, muy posiblemente por pura casualidad, y para sorpresa de sus artífices, en un nuevo e inopinado elemento en la tabla periódica de la música industrial, cuyas propiedades sólo llegaron a sugerir gente como Smegma, los Nurse With Wound de sus muy inicios, P16.D4 en algunos contados momentos, proyectos anarcomusicales como The Tape-beatles y Evolution Control Committee y… posiblemente algún collagista experimental desconocido que murió de hambre en una esquina en algún momento de la primera mitad de los años ochenta.

Multimierda, 1994

En cuanto a la segunda acepción, disentamos con todo el rigor que podamos: Totum Revolutum no es un plan, designio u obra mal concebida ya que, de hecho, su concepción no fue tal sino más bien una espontánea generación sobre la marcha, un desarrollo constante a partir de una idea detonante, y una obra gradual en un sentido similar al del cadavre exquis surrealista. Surrealismo, por qué no; no rehuyamos la palabra. Todo en Totum Revolutum, y por extensión en Escupemetralla, despide un aura netamente surrealista. En sus siete u ocho años de existencia, Escupemetralla subvirtieron los significados, tergiversaron a conciencia y con afán lúdico las normas aceptadas acerca de lo que se supone que es la música electrónica y cómo debe ser y actuar un grupo musical, y obraron siempre obedeciendo únicamente a los designios dictados por su propio flujo de conciencia. Y lo hicieron empleando, como los surrealistas clásicos, el sonido, las artes gráficas y, por encima de todo, actitud y convicción. Había que hacerlo, luego lo hicieron. O como ellos mismos me responden a la cuestión de cómo se sentían, si afines o refractarios, con respecto a otros proyectos subterráneos, electrónicos o no, que había entonces en Barcelona. “Es una pregunta muy difícil. Desde el punto de vista de Escupemetralla nadie se sentía ni se dejaba de sentir de ninguna manera. Escupemetralla seguía los dictados de su destino inexorable e inoxidable”.

Jesús Brotons

Escupemetralla