Daniel Miller

 

Daniel Miller 20 Minutos Hacia el Futuro

Aunque lleva hablándose de ello desde hace años, ahora más que nunca parece como si la música pop(ular), tal y como la conocemos, haya llegado a un punto sin retorno, un estado en la que cualquier posible evolución se antoja altamente improbable.

TEXTO  JESÚS BROTONS

Este hecho, en sí, no es nada grave. La música es un ente vivo que, como los seres humanos, se mueve por ciclos, y en un momento u otro vuelven a tomar presencia cosas que previamente habíamos olvidado (como dijo aquél, lo único nuevo bajo el sol es aquello que no recordamos). Consideremos que los únicos cambios importantes en los últimos tiempos han venido por parte de la gran industria, y en terrenos periféricos al hecho musical en sí: el hardware (nuevas y más potentes herramientas de creación musical) y la distribución (canales alternativos, entiéndase Internet). La importancia de todo esto, que por supuesto la tiene, es relativa. No deja de ser ortopedia de progresiva sofisticación. Sería deseable un profundo y generalizado cambio de mentalidad que permitiera abrir nuevas vías a lo que debería ser ante todo una forma de comunicación entre las personas, y no el fantabuloso negocio que en la actualidad es.

¿Y qué tiene que ver todo esto con Daniel Miller? Nada, en realidad, y a la vez mucho. Miller, factótum de Mute Records, hoy por hoy la más determinante compañía independiente que por el mundo rula; responsable directo del exagerado éxito de Depeche Mode; artífice en gran parte del característico sonido de grupos como DAF, Fad Gadget o Renegade Soundwave; músico participante, y a menudo no acreditado, en grabaciones de parte de la plana mayor de la bizarrería industrial (con el currículum de este hombre no es tan difícil imaginar de quiénes se trata); músico influyente por derecho propio (The Normal, Silicon Teens, Missing Scientists (junto a TV Personalities), Duet Emmo [Miller + Dome]... ¿cuántos aprendices de mago tendrán como libro de estilo las inquietantes secuencias de Warm Leatherette?). Persona discreta en grado sumo, casi esquiva, su campo de influencia es inversamente proporcional a su deseo de aparecer ante el público. Casi veinticinco años de historia viva del pop electrónico, corpulentamente encarnados y sentados ahora delante de mí. ¿Y qué le pregunto yo a este hombre? Por supuesto, hay cientos, miles de cosas de las que el capo de Mute podría hablar con autoridad, pero como el tiempo no es elástico opto por dejar aparte cuestiones coyunturales y entrar en terrenos más amplios, aquellos de los que se da cuenta en el párrafo inicial de este artículo. No se trata de una entrevista propiamente dicha, sino de una distendida conversación sobre un tema que estimo pertinente. Algo subjetivo, sí, pero después de todo, ¿por qué desaprovechar la oportunidad de que alguien con su enorme experiencia nos comente su visión del cotarro musicoso en los próximos años?

Mr. Miller, en su opinión, ¿en qué medida ha cambiado la música pop(ular) en los últimos años, si es que lo ha hecho?

“¡Uf! Ésta es una pregunta peliaguda. Aunque cada país es diferente, en lo que se refiere a la escena mainstream no es que haya cambiado mucho. O mejor dicho, sí ha cambiado, pero sólo a un nivel muy superficial; hacer música comercial con el único objetivo de vender no es propio de una mentalidad muy progresista, y ése sigue siendo el mismo patrón arcaico por el que se rije el negocio discográfico. A un nivel estrictamente formal sí ha cambiado, y de forma asombrosa, a través de la electrónica, principalmente en terrenos como la música de baile y la experimental. Me da la impresión de que, en general, las cosas tienden cada vez más a polarizarse. Por un lado tenemos el mainstream, que sigue siendo conceptualmente igual a como era hace años, y de forma paralela se ha originado una muy interesante escena experimental, que siempre ha existido, pero que en la actualidad está mucho más extendida, y el abismo entre las dos es cada vez mayor’’.

“En los últimos veinte años la tecnología se ha ido haciendo progresivamente más barata, permitiendo que un mayor número de personas tengan acceso a los medios necesarios para hacer música, y más medios en manos de más gente significa más posibilidades de que surjan nuevas ideas, nuevas combinaciones. Por regla general, cuando pones las nuevas tecnologías en manos de músicos profesionales, terminan haciendo lo mismo que ya estaban haciendo con instrumentos tradicionales. Por eso es muy interesante poner esos medios en manos de gente que nunca antes pensó hacer música, o ser disc-jockeys, o lo que sea. Muchos de los mejores hallazgos de los últimos tiempos los han hecho personas que trabajan con un pequeño equipo que se han instalado en su dormitorio. Y creo sinceramente que lo mejor aún está por llegar”.

El uso y abuso de la tecnología por parte de no profesionales con el objetivo de crear música sin restricciones: ni más ni menos que la génesis del dub, del punk y del industrial. Daniel Miller sabe de lo que habla. En 1977, por pura diversión, sin contacto de ningún tipo con otros músicos (ni siquiera con aquellos con los que comparte longitud de onda, como sus coetáneos Throbbing Gristle o Cabaret Voltaire), graba en la intimidad de su habitación el profético single TVOD / Warm Leatherette con un sencillo equipo consistente en un sintetizador Korg 700S, un cuatro pistas TEAC y una unidad de eco alquilada. Neu, Kraftwerk, Can y Klaus Schulze son por entonces sus principales referencias. Warm Leatherette, tema inspirado por la iconografía del Crash de Ballard, una de sus reconocidas obsesiones, sería con posterioridad versioneado por artistas tan poco afines como Grace Jones (?) y Pankow.

“Para que se diera una innovación real a nivel musical sería indispensable que primero se produjera una transformación en lo político. Los verdaderos cambios no surgen sólo de la voluntad investigadora, sino de una profunda desazón con el estado de las cosas. En la actualidad la mayoría de la gente no siente la necesidad de ser crítica con el Sistema. Vivimos en un estado de seudodemocracia especialmente pensado para que las personas creamos que somos libres. De todas maneras, ya no es posible que alguien se suba a un escenario, grite ‘empezad la revolución’ y sea tomado en serio. La gente ya no es tan ingenua. Lo que sí tengo muy claro es que las soluciones colectivas no existen. Cualquier posible cambio debe darse primero a un nivel individual”.

Estos ideales tan libertarios, ¿son también los que rigen a la hora de llevar las riendas de Mute Records?

“Mute ha sido desde el principio un sello independiente que trata de no restringirse en ningún sentido. Y, sí, intentamos seguir una política libertaria. Procuramos no influir en los artistas, darles el mayor control posible, ya que esa es la única forma de crear música de calidad. Eventualmente yo puedo dar algún consejo, echar una mano aquí y allá, pero es importante que tanto los músicos como su música tengan una fuerte personalidad, que sepan de antemano en qué dirección quieren ir. Tener las ideas claras es básico para mantener una buena relación de trabajo. A la larga esto se traduce en una línea definida, en una coherencia que en definitiva creo que es la clave de la pervivencia y el éxito de Mute Records. Estamos constantemente buscando un equilibrio aceptable entre experimentación y comercialidad; no hay que olvidar que, después de todo, dependemos de las ventas para sobrevivir. Arte y negocio, a veces es muy difícil conjugar ambos factores”.

mute.com/

Daniel Miller y Dave Gahan

Por difícil que sea, Daniel Miller, consumado prospector de música de calidad, ha logrado retener en su sello durante años no sólo a Depeche Mode, sino también a Nick Cave, Diamanda Galás, Einstürzende Neubauten, y un largo etcétera. Por algo será. ¿Tal vez por su claridad de ideas?