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Kraftwerk Endless, Endless (2ª Parte)

“El reportaje cuenta con una de las mejores entrevistas que recuerdo a Ralf Hütter a cargo de Chris Bohn, en la que destacaría el lado político que tiene este disco (Computer World), ya que a la vez que citan en sus temas un contenido lúdico ("time, travel, comunication, entertainment"), también lo hacen en otra dirección ("Interpol and Deutsche Bank, FBI and Scotland Yard, business, numbers, money people, computer world"), todo un guiño al complejo policial de Wiesbaden que, con la excusa de los atentados de la Baader-Meinhof, contaba con un novedoso inventario informatizado de la población. El periodista acaba su artículo sorprendido de que, pese a los rigores de las largas giras, al acabar el concierto Ralf Hütter y Wolfgang Flür se fueron a bailar a la discoteca Studio 54 del Paralelo, otro espacio que al igual que los Baños de San Sebastián fueron demolidos por el delirio olimpista barcelonés”. (Javier Hernando)

 

Cuando vi que algunos de los títulos de vuestro nuevo disco serían Computer World y Pocket Calculator, mi primera impresión fue que Kraftwerk había caído en una parodia de sí mismo.

¿Por qué pensaste en la autoparodia?

La búsqueda de temas de la nueva era, desde muñecos como robots hasta ordenadores...

Bueno, creo que era lo único que podíamos hacer en ese momento porque habíamos pasado tres años desmontando nuestro estudio y reconstruyéndolo con ordenadores. Sólo mirando a nuestro alrededor, nuestro estudio y fuera, vimos que estábamos rodeados de ordenadores, y que toda nuestra sociedad está informatizada. Y mientras trabajábamos en la conexión entre números y notas, los ordenadores parecían el tema más cercano. No fue pensado de una manera paródica, para nosotros parecía el siguiente paso, desde robots/automatización física hasta programación de pensamientos dentro de Kraftwerk, y de la sociedad. Dentro de Kraftwerk porque todos estamos programados sociológicamente, y al trabajar a lo largo de los años con reproducciones de máquinas, cintas, fotos y videos, descubrimos mucho sobre nuestra propia programación anterior, una época en la que no nos enteramos de que estábamos programados: en educación, por padres, y otras cosas.

¿La combinación de estudiar los ordenadores y construirlos en el estudio era casi un proceso de limpieza de la programación previa?

Sí, procesar es la palabra para describir el asunto. Todo en nuestro estudio ahora está interconectado a través de ordenadores, por lo que tuvimos que volver a pensar en todo el sistema, y programarnos para eso. Ahora todo es automático, pero siempre podemos interferir ya que tenemos acceso a la programación. Significa que ahora podemos tocar cualquier cosa, y eso cambia por completo nuestra relación con la música física. Ya no puedes decir "es buena música, pero necesitamos tres trompetas más", porque si queremos sonidos, obviamente los haremos nosotros mismos. Nos va a provocar nuevas tensiones y posibilidades.

¿Eso te asusta o te excita?

Estamos nerviosos, pero también fatalistas...

¿Por qué fatalistas?

Porque somos alemanes, y hay una cualidad fatalista alemana que nos sigue todo el camino. No se trata de utilizar un pequeño ordenador aquí, y conectarlo al sintetizador allí, y mantener al resto del grupo como estaba antes. Cerramos la puerta durante tres años, y no la abrimos. Tratamos de hacerlo todo ese tiempo: imponer el proceso como una disciplina sobre nosotros mismos. Realmente seguir el camino, y luego salir de la sala para ver a dónde nos llevaba eso. Creo que es muy germánico.

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Ampliando el tema, la canción principal Computer World insinúa una conspiración internacional en su letra: "Interpol and Deutsche Bank, FBI and Scotland Yard".

Bueno, ahora que ha sido penetrada por la microelectrónica, toda nuestra sociedad está informatizada, y cada uno de nosotros está almacenado en algún punto de información por alguna empresa u organización, todo ordenado por números. Cuando entras en Alemania por una frontera colocan tu pasaporte en una máquina conectada al Bundeskriminalamt en Wiesbaden para que puedan verificar si puedes entrar o salir, por varias razones distintas a si tu pasaporte es correcto. Va mucho más allá de eso, hay toda una filosofía de… Es nuestro 1981.

Pero la disposición de la gente a aceptar algo como el complejo de ordenadores de la policía de Wiesbaden parece indicar que la mayoría de los alemanes quiere orden, o al menos un estilo de vida regulado.

Si no estás seguro de tus instintos básicos, entonces tienes que mirar y escuchar los impulsos externos para decidir qué hacer. No es exactamente de lo que se trata, pero sí de lo que se trata de una gran parte de Alemania. Viviendo allí, trabajando allí, no puedes desvincularte completamente. Hemos descubierto que esas cosas son parte de nuestra programación. Y trabajando con ordenadores todo el tiempo te vuelves muy consciente de cómo funciona el control, y lo que se puede hacer, especialmente en Alemania, donde la informatización de las organizaciones de control es muy grande. Hay sociedades que controlan tu situación financiera, por lo que toda la informatización se parece más a una visión de 1984. Nuestra idea es sacar los ordenadores fuera del contexto de esas funciones de control, y usarlos creativamente en un área donde las personas no esperan encontrarlos. Como usar calculadoras de bolsillo para hacer música, por ejemplo. Nadie sabía que se podría hacer eso. Siempre intentamos hacer cosas para romper el orden normal, y conociéndolo tan bien desde Alemania, sabemos cómo romperlo... posiblemente (una leve sonrisa). Se trata de utilizar la tecnología sin miedo, cosa que no debe ser ni rechazada, ni vilipendiada, ni glorificada. Sí, creamos una actitud suave, yendo mucho más al comportamiento humano de ese tipo de cosas. Lo que siempre tratamos de hacer es conectarnos, y coger un poco de esas compañías usando tácticas de guerrilla para robar a los ricos conglomerados... Como si hiciéramos que ese matemático hiciera algo que normalmente no haría: ayudar a hacer música. Y le comunicamos datos por ordenador, evitando así el monopolio telefónico de las oficinas de correos en las comunicaciones.

Es irónico que Kraftwerk tengan una reputación de ser tan claramente alemanes: trajes, observación de las formalidades, comiendo pasteles en cafés… cuando obviamente no les gustan algunos aspectos de la Alemania moderna.

Ja, ésa es la guerra. Tenemos que pasar por todo ese proceso porque en Inglaterra o en Estados Unidos tienen una cultura viva, pero en Alemania no tenemos eso. Con la guerra Alemania terminó, todo se evaporó, física y mentalmente. No estábamos en ninguna parte. Las únicas personas con las que podíamos relacionarnos tenías que remontarte 50 años atrás, a los años 20. Por otro lado fuimos criados en el sector británico, y no hay nada con lo que podamos relacionarnos. No hay otra música que no sea la música de hace 50 años o la música electrónica semiacadémica, lo que significa que psicológicamente tuvimos que ponernos en marcha. Y eso sólo ha sido posible por nuestra generación. Puedes ver la generación anterior a la nuestra, que es diez años mayor, que no pudieron hacerlo. Lo único que podían hacer era engordar y beber. Había tanta culpa acumulada que físicamente fue otra generación la que fue productiva, al estar dispuesta a decir "está bien, estoy haciendo una canción llamada Trans Europa Express", o algo así. Es por eso que no tenemos ningún contacto con personas mayores que nosotros. Es simplemente imposible, a la vez que un verdadero descanso. Pero ahora nuestra generación ha comenzado de nuevo, con las películas de Fassbinder, Herzog y Wenders, o la escritura de Peter Handke, por ejemplo. Nuestra música fue utilizada en la última parte de Alexanderplatz (la famosa novela de los años 20 de Alfred Doblin, recientemente sometida a una polémica serialización de TV por Fassbinder). Hubo aproximadamente 20 minutos de visiones y secuencias de terror con nuestra música.

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(Un enlace adecuado entre generaciones). ¿Qué hay de la relación con tus padres?

Es difícil, son mayores, incluso prenazis... Representamos a la generación sin padres. No tenemos a nadie a quien escuchar, ni viejos sabios, ni nada. Tenemos que preguntarnos a nosotros mismos, y tratar de encontrar la respuesta correcta. El hecho de que estuviéramos completamente solos fue muy difícil de aceptar al principio, pero después de algunos años descubrimos que también era en cierto modo alentador porque te daba la posibilidad de hacer cosas nuevas.

En Inglaterra estamos agobiados por tradiciones inútiles y decadentes que, sin embargo, son difíciles de desechar...

Creo que sí, pero eso se derrumbará...

Volviendo a tu generación, ¿no se mencionaron RAF/Baader-Meinhof como razones para la mayor vigilancia que resultó del centro de Wiesbaden?

Tal vez, pero las personas que crearon Wiesbaden simplemente están poniendo sus mentes sobre la mesa. Quiero decir, tienen eso en la cabeza desde hace mucho tiempo, por lo tanto, si fueran Baader-Meinhof o el clima lo que les dio la excusa, lo habrían hecho, porque eso es lo único que pensaban hacer. Las personas involucradas fueron criadas en los jardines de infancia nazis, y siempre ven las cosas en términos de castigo, culpa, restricciones… todo anotado en un papel. Y nunca pueden descubrir cómo son, y no pueden ir tan atrás en el proceso de programación para cambiar sus módulos de comportamiento. El tipo responsable de Wiesbaden está retirado ahora, pero probablemente impone el mismo sistema de orden en su casa, es parte de su sistema.

¿Tu generación tenía dos opciones: identificarse con las culturas extranjeras de las potencias ocupantes o remontarse a los años 20?

Creo que somos antiamericanos en cierta forma porque sentíamos mucho cómo llegaron a Alemania con la Coca Cola y mascando chicle. Cuando niños, al principio, pensamos que era genial, ya sabes, el tío abuelo viene con Coca Cola. Todavía puedo recordar cuando era muy joven cómo vinieron por las calles en tanques repartiéndolas. Lo aceptamos en ese momento, pero a lo largo de los años dudas cada vez más de lo que está sucediendo y de tu posición. No tiene nada que ver con los sentimientos nacionalistas, es más una cuestión cultural: tiene que ver con sentimientos más espirituales, sentimientos continentales...

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¿Te preocupaba que tu identificación con Alemania fuera malinterpretada en el extranjero?

No. Para nosotros fue más una cuestión de identidad. Fue el proceso de descubrir quiénes éramos. Todo el asunto de Kraftwerk pasando por esos diferentes lps... como Autobahn, todos en Alemania dijeron que cantar en alemán era una locura. ¿Te imaginas que el 75% de nuestros programas de radio estaban en inglés? Naturalmente, no queremos que todo esté en alemán, ¿pero un porcentaje tan alto en inglés? Todo está mejor ahora, me quejaba hace unos años.

Habiendo hablado con grupos alemanes más jóvenes, como D.A.F. y Der Plan, siempre estoy impresionado por su sentido de propósito y su voluntad inconsciente de hablar sobre su música, un área que los grupos ingleses suelen rehuir.

Bueno, es tan difícil en Alemania ser productivo que tienes que disciplinarte y esforzarte mucho para llegar a cualquier parte. Cuando comenzamos era imposible encontrar un lugar donde tocar. Construimos nuestro propio equipo, montamos y arreglamos todo nosotros mismos... Era sólo una pequeña táctica de guerrilla para llegar a algún lado. Y una vez que hayas decidido hacerlo, lo habrás adoptado como un estilo de vida. Pero finalmente se ha roto, y ahora hay mucha actividad en alemán. Ya no es el caso de personas que niegan completamente su identidad y tienen que cantar en inglés.

El proceso intelectual que obviamente ha entrado en la construcción de vuestros lps se manifiesta de una simple forma pop. ¿Crees que se está poniendo tan fácil que la gente está perdiendo el interés?

No. Consideramos que nuestra música es minimalista hasta cierto punto, y que, quizás, tenga algo que ver con nuestra lucha interna clásica, donde uno de los objetivos más altos es tocar piezas muy complicadas. Preferimos ir a por el significado. Si quisiéramos tocar cosas complicadas con nuestro equipo, sólo sería cuestión de presionar uno o dos botones más. Además, nunca me gusta ensayar porque eso es nuevamente parte del sistema del orden: pones las notas en orden. El sistema se impone en todos los aspectos de la vida humana, no sólo en los pasaportes, sino también en la música. La música debe estar en orden, también. Esto creó algunos sentimientos muy extraños en mí mismo en ese momento. Nuestra música es muy primitiva: la palabra alemana es geradeaus (al frente), y ésa es la mejor palabra para describirla. Simple significa un medio estúpido y minimalista reducido, pero geradeaus significa que sabes hacia dónde se dirige, e intentas llegar lo más rápido posible. Una vez llamamos a nuestra música industrielle volksmusik. Creo que eso es lo que defendemos. Estamos muy involucrados con el medio ambiente. Düsseldorf se llama "La Oficina del Rühr" (el cinturón industrial pesado de Alemania), es todo vidrio, y acero, y hormigón, y edificios...

En Inglaterra muchos de los llamados grupos futuristas tomaron la idea de The Man-Machine por el lado equivocado, adoptando una visión simplista de ensalzar la maquinaria cuando deberían haberla usado.

The Man-Machine es como establecer un equilibrio entre el hombre y la máquina, una amistad, de lo contrario habríamos llamado al álbum Machine. Además, en los años 70 todo el mundo llamaba a sus álbumes algo así como Hombre. Todo el mundo hablaba de manera simplista acerca de las cualidades humanas: "te amo baby, para siempre", por ejemplo. Pero queríamos hablar sobre la relación entre el hombre y las máquinas, y el contexto ruso de rabotnik, que significa trabajador. Siempre nos consideramos trabajadores del sonido, trabajadores de estudio o de música, no músicos o artistas musicales. Pero como trabajadores musicales, entrar al estudio para trabajar. Y todo fue desarrollar eso. Tuvimos tantos problemas en los años 70 porque nadie estaba en sintonía con eso.

Regresando del concierto de la noche pasada, tu colaborador Emil Schult habló sobre un estilo de vida más saludable y natural. Dijo que Kraftwerk en cierto modo lo reprimía.

Eso tiene que ver con la segunda revolución electrónica. Pasamos por el lado mecánico hace tres años, y ahora son los datos y el procesamiento electrónico: estamos obteniendo más del software y cómo se forman los organismos. Hay una tendencia a leer biorritmos dentro del grupo de personas que viven en nuestro hogar. Para nosotros ya no existe una diferencia entre todas esas cosas, todas han sido parte del proceso de programación. Una vez llamamos a nuestro Kling Klang Studio el "Jardín Electrónico": hemos salvado la brecha entre la música y la tecnología.

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¿La relación de Kraftwerk con los ordenadores es ambivalente?

La ambivalencia es correcta, no estamos glorificando nada. Es como vivir en Alemania Occidental y ver cómo se puede manejar la sociedad con esos ordenadores. Lo que estamos tratando de hacer primero es que eso sea transparente, y luego tratar de exponer cómo se pueden hacer otras cosas, porque los ordenadores son como cintas en blanco: puedes cubrirlas con bits o cambiar su dirección, qué hizo cambiar nuestras actitudes hacia la música... Es realmente difícil expresar esto en palabras porque Computer World está tan cerca que aún no he reflexionado nada sobre él.

¿No te dan ganas de decir algo más de esto en tus letras, que son principalmente descriptivas?

Siempre intentamos emplear letras como pistas, como códigos, porque de lo contrario las letras tienden a atraparte intelectualmente, y sólo hacen eso. Eso perturbaría nuestro principio de ganzheit (integridad). Además, es parte de lo germánico, lo poco sinfónico, donde las palabras están ahí, pero las voces no se mezclan. Lo principal fue el sonido, y las palabras se deslizaron sobre nuestra música.

La música fue más extrema antes, un sistema de contrastes y opuestos: fuerte/silencioso, suave/difícil, melódico/cacofónico... Todo se ha vuelto más unificado, más fácil para el oído...

Sí, pero hemos sido más radicalmente sintéticos. Todo lo que hacemos ahora se produce completamente informatizándolo todo. Incluso los ritmos están organizados horizontal y verticalmente.

El personal de Kraftwerk parece fuertemente integrado en la personalidad de Kraftwerk, ¿hay alguna diferencia entre su carrera y su vida privada?

Nuestra vida personal es nuestra vida escénica, a veces se confunde y se mezcla. Es sólo un nivel de conciencia, un sentimiento momentáneo. No hay nada más que hacer aparte de Kraftwerk y cosas relacionadas. No tenemos otra opción que ir totalmente en ese sentido.

¿Es extraño que frecuentes las discotecas disfrutando de la actividad física del baile?

Sí (con una sonrisa astuta), pero bailamos muy mecánicamente. Para nosotros es parte de... Somos situacionistas. Es difícil de expresar, tal vez deberíamos escribir algunas canciones más al respecto. Al igual que Showroom Dummies, que dice que "son las dos en punto, empezamos a bailar, somos muñecos de feria que cobran vida”. También vivimos en las calles, en las ciudades, en todas partes. No podemos separar esta vida de eso. Es la vida, y al final estamos muertos.

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¿Ves a Kraftwerk como una comedia de costumbres?

¿Eso es forma de ser? Seguramente hay un cierto grado de humor negro en nosotros, ¡casi todos vestimos de negro! Hay una cierta tradición de humor en la que vivimos que se ha convertido en parte de nosotros.

Parece que estás alegre cuando tocáis Pocket Calculator, cuando todos dejáis el teclado para realizar una rutina de baile en la parte delantera del escenario.

Sí, porque estamos obligados a construir los equipos. Florian compró una calculadora de bolsillo (musical) las navidades pasadas, la llevó al estudio donde comenzamos a jugar con ella. Fue algo nuevo para nosotros. Fue una liberación minimalista. Creo que los aparatos minielectrónicos son muy interesantes.

Al estar tan interesados n el vídeo y en los seres automatizados, ¿por qué habéis emprendido el camino vosotros mismos en lugar de enviar ayudas visuales/mecánicas como suplentes?

Lo hicimos antes, hace un par de años. En Nueva York tocamos en un pase de prensa con maniquíes. Y una vez en París para lanzar The Man-Machine. Lo que queríamos hacer esta vez fue ponernos en la nueva situación de salir con todo nuestro estudio porque habíamos estado encerrados durante tres años para hacer este nuevo álbum y concepto. Por primera vez podríamos ir afuera, hacer algunas pequeñas excursiones, caminar y regresar por el otro lado. Es algo realmente abierto porque no sabemos cómo resultará. Se reflejará en nuestra música porque siempre sacamos nuestras ideas del trabajo que hacemos, poniendo tu música y maquinaria en todo ese proceso.

¿Hay un interés fatalista en el momento de crisis, cuando las cosas están en equilibrio?

(Después de una larga pausa) Tal vez, porque ése es el punto donde ocurren los cambios y, quizás, al menos inconscientemente, nos aburrimos muy fácilmente con una situación estable. La música electrónica es una situación muy líquida, no como el rock’n’roll, que es un formato muy estable. No estamos en una caja como ésa, no tenemos miedo, nos atraen ciertas cosas en movimiento...


Entrevista de Chris Bohn (NME)

Transcrita por Louise Bell

Traducida por Ralf & Florian