Coàgul / Foto Alejandra Núñez

 

Coàgul  Las Edades del Hombre

Hoy en día, después de la publicación de su segundo lp, La Forja Centrípeta (Burka For Everybody, 2015), y tras la consolidación que supuso su concierto en el CCCB a principios de año, incluso podemos hablar de una visión coagular de las cosas. 

 

Diferente proceso de grabación, milimétrico arte y minutaje, ¿es La Forja Centrípeta tu lp definitivo? 

No, creo que cada álbum intenta ser definitivo a su manera. Sí que es el más pensado y encajado en un concepto. Quizá hay alguna otra edición que también sea así, pero como lp sí puedo decir que tiene mucha intencionalidad. La Roda de la Justícia, aunque después lo junté para hacer un todo, estaba formado por canciones que venían de mundos diferentes. La Forja Centrípeta estaba pensado y planeado antes de tocar una sola nota.

¿Quiere Coàgul lograr la cuadratura del círculo?

Sí, a nivel de gran cosa metafísica, refiriéndome a echar leña al fuego para que el movimiento del mundo cumpla su destino y su consecución, sea cual fuere. La cuadratura del círculo la utilizo como expresión del proceso del devenir del mundo hasta que llega a su realización, pero el proceso simbólico es una herramienta colateral. 

¿Cómo surge la idea de la portada?

Procede de muchos grabados medievales donde aparece una figura que traza el mundo. El compás también es utilizado por los masones. En un cuadro de William Blake, El Anciano de los Días, aparece Dios sosteniendo una figura triangular similar al compás, de donde sale un haz de luz. Este haz simboliza la creación. El origen o la divinidad suelen estar representados con el círculo. La creación o expansión es el triángulo. Y el mundo creado o conclusión es el cuadrado, la materia. De alguna manera, si hubiera una cara intermedia en este último lp, su forma sería el triángulo.

En este nuevo lp conviven diferentes tradiciones milenarias de pensamiento. Tanto los griegos como los hindúes hablaban de las edades del hombre, en cambio L’Edat de Ferro tiene una letra que no puede sonar más actual. ¿Cómo conseguiste llevar ese discurso a nuestro presente?

El concepto de las edades del hombre subyace en muchas culturas. La tradición primordial es una teoría no corroborada que explica cómo todas las diferentes culturas poseen una misma cosmovisión. La idea de las edades estaría dentro de la tradición primordial. Es un germen que comparten todas las culturas. Supuestamente ahora nos encontramos en la Edad de Hierro, así que me gustaba la idea de vincular este mundo primordial con el día de hoy. Darle un reflejo en lo contemporáneo.

Todo lo que dice la letra suena actual porque nos hayamos inmersos en esa edad. Desde hace tiempo tengo la obsesión de buscar conexiones entre lo simbólico y lo inmediato. Me pareció una buena manera de llevarlo a cabo. Por ejemplo, en otros casos sería como hablar de la serpiente para reflejar las pulsiones y el deseo, como vincular las discotecas con el impulso dionisíaco y el afán por invocar la serpiente interior.

Siempre busco ese proceso, utilizar lo simbólico para hablar de lo contemporáneo. Me intento alejar de la simple visión historicista, como los discos conceptuales que a lo mejor te explican La Historia del Imperio Romano. No es mi intención. Invertir el orden natural de las edades reafirma esta intención de decir no al historicismo. El vinilo es el soporte, y partiendo de donde estamos, vamos hacia adentro, al interior, hasta llegar a la Edad de Oro a través de los microsurcos. La longitud y el ritmo de cada canción también van en proporción a las edades.

Coàgul / Foto Zoe Valls

¿Es Coàgul un proyecto que se puede leer en clave contemporánea?

Creo que Coàgul sí puede entenderse en clave de cuestiones inmediatas y actuales. Depende del punto de vista. La idea sería hacer cosas lo más universales posibles, tanto en cuanto al espacio como al tiempo. Que sean cuestiones eternas o arquetípicas, y que se puedan ver reflejadas en lo actual, en la historia o en lo abstracto.

En todas las canciones de La Forja Centrípeta aparecen pasajes hablados, ¿puedes explicarnos su significado?

Cada uno de ellos hace hincapié en explicar de manera distinta las letras y la idea de la canción en cuestión. Están sacados de unos vídeos que documentan una visita a un templo masónico en que hay un hermano iniciado que habla de la teoría de las cuatro edades. Los trozos que he utilizado en los samples son los que hacen referencia a cómo sería la persona que equivaldría a cada edad. 

Es decir, si la esencia o la naturaleza intrínseca de esa edad la quisiéramos traducir en una forma de personalidad, sería tal y como lo explica este hermano. “El que defiende la causa para buscar el equilibrio social” en L’Edat de Plata se refiere al guerrero o al político. Es una edad que tiene que ver con ese tipo de cosas. En esta canción hay también un pasaje hablado de Yukio Mishima, que como persona creo que ilustra bien el arquetipo de esta edad. Alguien que se sacrifica por algo mayor que él. Por una causa, sea cual sea. Es un gran aspecto de esta edad superar la coraza individual. Y Mishima sirve para ejemplificar el ethos del guerrero. En concreto, lo que dice, habla de la muerte. De la necesidad de sacrificarse por algo, cosa que la gente de hoy en día no tiene. No recriminando, sino analizándolo. Esto lo dice en el contexto actual de una sociedad menos espiritual, más materialista. “No se preocupa para nada, le dan un sueldo y él está tan tranquilo” en L’Edat de Ferro. Lo que caracteriza a esta edad es la no-necesidad de trascendencia. Solamente hacer por necesidades primarias. No preguntarse las cosas. De todos modos, el hecho de que vivamos en la Edad de Hierro se puede entender como una oportunidad para ser conscientes de todo eso, y trascender. 

También aparecen sirenas de policía en referencia al caos. La policía simboliza la tensión de una autoridad que supuestamente tendría que estar al servicio de la sociedad, pero que al estar todo al revés, esta autoridad funciona como un agente agresor. 

Coàgul

¿Cuál fue tu primer contacto con lo esotérico?

No lo podría situar en un momento concreto. Supongo que a lo largo de la vida, desde que eres pequeño vas fijándote en cosas. No hay un momento significativo, es un proceso. Tampoco he vivido en un entorno particularmente esotérico, simplemente fue un interés paulatino y de cada vez mayor fascinación. 

Podría nombrar a un profesor de Bellas Artes que impartía la asignatura de simbolismo, pero aún entonces yo ya conocía algunas cosas del tema. Cuando era más pequeño sí que sentía una fascinación por lo purgatorial, por el infierno, llamémoslo “mitología cristiana”. 

¿Decidiste bautizarte expresamente?

En mi familia mi madre nunca ha sido religiosa. Mis abuelos sí, pero nunca a un nivel practicante. Iba a un colegio laico, pero precisamente el hecho de que mi entorno haya sido secular o profano hizo que para mí el mundo de la religión pareciera más lejano y muy envuelto en un halo de misterio, eso hizo que me fascinara más.

En el colegio un día un compañero nos contó que le habían enseñado a hacer espiritismo, así que un grupo de nosotros decidimos probarlo en la hora del patio. Incluso hablé con mi bisabuela muerta. Cuando acabábamos siempre quemábamos el papel, para exorcizar el tema. Lo quemamos en el lavabo, y era la hora de gimnasia, así que vino el monitor y nos llevó a dirección. De ello hicieron un gran problema, argumentando la peligrosidad de quemar un papel, pero yo creo que les molestaba más que los alumnos hicieran espiritismo en un colegio laico. Al fin y al cabo todas las instituciones tienen sus dogmas, y en mi colegio intentaban imponer lo secular.

Pero no ubicarías un momento exacto en el tiempo.

No, aunque es cierto que hay cosas de la cultura popular, como Sangtraït y la portada de un disco donde sale un ángel y un demonio (Noctàmbulus), que capturaron mi interés. 

También en el parque de atracciones de El Tibidabo, en la sala de los autómatas, había un gran constructo que representaba el infierno. Tú mirabas por la ventanilla después de tirar una moneda. Era un diorama diminuto donde se veía una pasarela del infierno. Allí los humanos desnudos pasaban por una fila de demonios que les torturaban llevando látigos. También había dragones echando fuego. Todo bañado en una pátina carnavalesca y satírica.

Supongo que es la misma fascinación que ejercen las películas de terror. Existe un cierto morbo, aunque supongo que lo más impactante es ese afán del ser humano por percibir un orden desde la distancia, situar el cielo, el infierno, cada cosa en su lugar. Va muy ligado a la geometría y a lo simbólico, y también al urbanismo. Al final es un mal interno del hombre lógico. Por demasiado ordenado se castra la cosa que se quiere representar.

Coàgul / Foto Adriana Petit

¿Qué elementos te influyen a la hora de componer? ¿Es un proceso más intelectual que visceral?

Hay veces en que parto de una idea muy cuadriculada, como en este último disco. En otros casos viene más de correspondencias, asociaciones entre cosas. Quizá tengo alguna idea que encaja en mi mente, y una base de sintetizador que estaba haciendo por puro regodeo musical. Entonces ambas cosas encajan. Es un trabajo que mezcla razón y emoción. Siempre hay una dialéctica entre estos dos impulsos. Esto define bastante lo que hago en general. 

En L’Edat de Bronze se habla de esto, la dualidad de los impulsos: la columna llunar / la columna solar, la serp vermella / la serp blanca. Son imágenes contrapuestas que también hacen referencia a la masonería. Utilizar la dualidad para superarla y hacer algo nuevo. De ahí el uso del número tres y del triángulo. Lo que Hegel llamaría “tesis-antítesis-síntesis”.

Cabría preguntarse si da lo mismo si parto de la razón, y añado el sentimiento, que si lo hago al revés. Este debate es siempre interesante por el juego que se ejerce entre los contrarios. Otros proyectos más improvisatorios asumen su papel como canal, no como cuenco o como recepción. Ven la música como un flujo, como los materiales que son conductores de electricidad. Yo aunque empecé con proyectos más afines a la improvisación, ahora mismo trato de construir algo que parta del caos, pero que vaya hacia lo sólido.

Coàgul. Konvent Noise Fest / Foto Abel Castells

Coàgul. Konvent Noise Fest / Foto Abel Castells

¿Cuánto hay de performance en los directos de Coàgul?

Ha ido in crescendo, pero ahora ha vuelto a bajar en cantidad e intensidad. Esto es algo más visceral dentro de Coàgul, cuando surge, surge sin más. 

Desde una perspectiva temporal, junto con las canciones de La Roda de la Justícia salieron espontáneamente unas acciones concretas, cada una asociada a una canción. En La Sang, l'Excés, les Flors practicaba la cinocefalia: hacer el perro. Se dio el caso de que había el sample de unos perros, y al hacerlo en directo decidí recrearlo yo. En Astrofàgia iba tocando las partes del cuerpo a las que se refería la canción a medida que progresaba. Vull que em mengis el coll, por ejemplo. 

Su origen no es premeditado, pero cuando surge y se repite se convierte en un canon. De mis propios cánones no quiero huir, sino reforzarlos. Pero en el caso de la performance se gastan muy rápidamente, y se vuelven previsibles. Enseguida se convierte en un tópico. Les cuesta muy poco a las acciones convertirse en caricaturas de uno mismo. Hacer el perro era algo que funcionaba mucho, pero las últimas veces tenía la sensación de estar haciendo un número de circo, cosa que no me gustó. Así que lo dejé de hacer.

De momento no han surgido más. La cosa de interactuar con el público, romper la barrera y físicamente situarme entre la gente es algo que sigo haciendo, y de momento creo que tiene un punto mínimo de sutileza que siempre va a ser fuerte y único: mirar a alguien que no conoces de nada durante un concierto mientras estás diciendo ciertas cosas es muy potente. 

En los últimos conciertos empezaba gritando fuerte, sin nada más de acompañamiento. Esto es una adaptación de la acción que hice en Bilbao titulada Exorcismo. Me dijeron de participar, y la acción consistió en llegar allí y gritar, sin sintetizador, ni micro, en medio de una calle donde se organizaba un mercadillo. Esto lo rescaté, y funciona como apertura. En los ritos masones hay una apertura y un cierre: el establecimiento del espacio de reunión como sagrado y el cierre. Esto parte de la intención de sacralizar un espacio profano, que es el equivalente al círculo mágico en otro tipo de rituales. Norte, sur, este, oeste. Se configura el espacio a través del ritual como un lugar sacro. 

También has realizado numerosas exposiciones. Cuando empezaste a pintar tus icónicos dibujos lo hacías aproximándote al proceso paranoico-crítico de Dalí. ¿Cómo ha cambiado este proceso desde su origen?

En un origen no era tan paranoico-crítico, era más bien automático. Dejarme ir y ya está, al estilo de surrealistas como André Bretón. A partir de lo inconsciente, vomitar. El método daliniano entra en juego cuando trato de crear relaciones entre cosas que hay en mi mente y que a lo mejor no están en la realidad. Tú creas esta relación. Por ejemplo, lo de re-dibujar el mapa de Barcelona introduciendo figuras que yo asocio a cada espacio real. Esto sí fue paranoico-crítico. También proyectaba imágenes de cuadros antiguos sobre las paredes, y seguía las líneas que me interesaban para producir pinturas murales. Dalí miraba las piedras de Port-lligat y veía formas, objetos... Es algo que todo el mundo ha hecho. Yo de pequeño observaba las paredes de mi casa, y en el gotelé veía caballos, ángeles, formas diversas. Deformaciones de la realidad que existen sólo en tu mente. Cada vez lo fui llevando más a lo ortodoxo y asumiendo proyectos más grandes. Esta actitud paranoico-crítica se asemeja a veces al pensamiento mágico también. Asumir que el mechón de pelo de alguien simboliza a la persona a la que pertenece, por ejemplo. Un subjetivismo tiránico, convertir tu subjetividad en algo objetivo.

Coàgul

¿Cuál es el objetivo de tus dibujos ahora?

El automatismo inicial se perdió y el método paranoico-crítico persiste, como en mi proyecto sobre las plazas de Gracia, pero quizá lo estoy llevando cada vez a algo más pensado. 

Lo conceptual del dibujo, las asociaciones mentales o el interés por el urbanismo los estoy llevando a ámbitos que se escapan del dibujo mismo. Como, por ejemplo, los sigils sobre la ciudad. Trazarlos moviéndome sobre el terreno. La dirección hacia donde miro es superar el dibujo y llevarlo a un plano factual, hacerlo cada vez menos bidimensional y más envolvente.

Tu fascinación por la cultura y la poética catalanas son patentes, incluso has versionado la canción popular Una Mosca Volava per la Llum, ¿de dónde procede ese interés?

Esto tiene mucho de inconsciente y de dejarme llevar. No está nada pensado. Sí que llegó un punto en el que me di cuenta de que si todo era de aquí y estaba cantado en catalán, era más único. Le da un punto característico y personal. También es mi lengua nativa. Y por otro lado creo que estéticamente (entendiendo la estética no como algo solamente visual) hubo un momento en que vi que encajaba muy bien. 

Que el contexto cultural de Coàgul fuera el catalán lo veía como algo natural. Salvador Dalí decía: “Que lo ultra-local se vuelva ultra-universal”. No entiendo esa frase como una expansión de una cultura, sino como la correspondencia entre lo micro y lo macro. Es decir, utilizar lo propio y lo inmediato como soporte para conectar con lo universal, lo macrocósmico. En la canción Cobriu-me de Flors, que viene de la residencia que hice en L’Observatori Astronòmic de Castelltallat, lo vi muy claro a un nivel visceral e inconsciente. Sentí una cierta conexión con lo arcaico, lo de pueblo y lo folk. Folk no en cuanto a estilo de música, sino a idea general, a la visión de las cosas. El folclore decadente, la vertiente kitsch y desfasada del folclore. El folclore como tradición rural y su neblinosidad romántica. 

¿Se puede seguir siendo un artista subterráneo y libre, y a la vez dar conciertos en museos e instituciones?

Sí, desde luego. Si te llaman en estos sitios es porque haces lo que quieres de manera totalmente libre, y significa que eres un artista libre. Claro, subterráneo ya no lo eres, pero libre y subterráneo no son lo mismo. Existe el peligro de seguir haciendo siempre aquello por lo que se te valora y no explorar más. Mi voluntad es la de ser autónomo siempre, pero precisamente por eso me niego a abstenerme de tocar en planos overground cuando surge la oportunidad. Lo de ser autónomo significa estar lo menos condicionado posible. 

Uno no debe acomodarse. Es muy fácil caer en ello, pero precisamente por eso hacerlo sólo repercute negativamente en ti. Seguir haciendo lo mismo siempre es algo a evitar. Hay que ser consciente y saber jugar, pero nunca sabes qué va a pasar, todo es tan sibilino y hay tantas puertas con trampa detrás acechando en cada esquina… (risas). Me gusta la idea de no ser fiel a nada ni a nadie. Es una actitud bastante prometeica o luciferina. No me caso con nadie. Ahora resulta que se me valora en tal contexto, soy paladín de tal mundo, pero no, yo soy yo y en cada contexto en que esté, lo estoy por casualidad. Niego mi pertenencia a nada, pero sí, vengo de un contexto en que lo romántico ha imperado. Y cada vez reniego más de lo romántico. La idea del artista del submundo, cuando se ve desde una perspectiva crítica, tiene mucho de romántico (en sentido negativo). Seamos maduros. Vivimos en un mundo en que se tiene que comer. El artista es un trabajador. Yo antes lo veía distinto, pero cada vez observo más que el artista no deja de ser un trabajador.

Coàgul / Foto Tornemi (Efrén Razquín)

Si Coàgul fuese la banda sonora de una película, ¿cómo sería el filme?

Estructuralmente hay una cosa que me interesa cuando hago vídeos para Coàgul, y es realizar cortes rápidos e insertar imágenes-pulsión que vayan con el ritmo de la canción. 

Me imagino una gran película, muy larga, donde todo el rato se entremezclen los cortes. La estructura subyacente sería un entramado en el que de cada diez cortes, el primero corresponda a una escena. Diseccionar cada acción escénica en mil pedazos formando un gran puzzle. Al prolongarse en el tiempo sería un mazacote homogéneo dentro del que podrías percibir una cierta narración. Todo ello formando una alucinación, similar a lo que hicieron William Burroughs y Brion Gysin con su Dreamachine. Se inventaron un tubo con una bombilla dentro que giraba al colocarlo sobre un reproductor de vinilo. Con unos agujeros, y a una velocidad concreta, se proyectan luces sobre ti a un ritmo. Cuando los haces de luz impactan sobre tus ojos cerrados te hace entrar en un trance lumínico y produce alucinaciones. Una máquina para soñar despierto. 

¿Cuales son tus planes de futuro?

Hay algunos discos a la vista. Está a punto de salir el single Cobriu-me de Flors, una edición en vinilo flexi con forma de postal editado por el sello de punk Discos Enfermos. Otra edición será con Nekofutschata, un sello austríaco llevado por la gente de Nový Svìt. Se titulará Tot Encaixa!, y contendrá seis canciones grabadas durante las mismas sesiones que La Forja Centrípeta. Son canciones muy diferentes entre sí, y tremendamente viscerales. Apuntes de ideas. Algo mucho más impulsivo. Una de las canciones se llama El Vostre Futur, y me vino a la mente de una manera casi impuesta en un momento puntual. No sé qué significan las frases, son algo a interpretar. Es algo bastante mediúmnico. Es como si algo o alguien lo hubiera dicho a través de mí.

 

No tinc secrets,

Aquest és el nou món.

No tinc secrets,

Aquest és el vostre futur.

 

Víctor Morcillo Hidalgo


Coàgul tocará el día 19 de septiembre en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, dentro del ciclo #MACBAesviu junto a Fifteen Years Old y Narcoléptica.

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Coàgul, La Forja Centrípeta / Bandcamp

Coàgul, La Forja Centrípeta / Bandcamp