Foto Isabel Francoy

 

BCN, ¿Sello Discográfico? The Future Sound of Barcelona

“’Escena’ es una palabra delicada. La comunidad sabe que es un arma de doble filo: implica la idea de un grupo de personas reunidas bajo una estética común, nexos de unión –y de colaboración, por tanto- fuertes y con proyección internacional” (Javier Blánquez).

 

Las autoras de este sorprendente (porque menos es mucho más casi siempre) experimento 'espaciomusical' son Alicia Álvarez, periodista, e Isabel Francoy, arquitecta. Aunque aparezcan 36 voces diferentes en él (entre otras, las de Dowliners Sekt, bRUNA, Pau Roca, Wooky, Fibla, BeGun, David Puente, Carles Novellas o Javier Blánquez, destacadas aquí por mi previo conocimiento, no por una preferencia especial hacia ellos) es de lo más digerible, cosa que representa un triunfo neto de ellas dos (ya se sabe, lo bueno, si breve, dos veces mejor). Un interesante retrato del presente electrónico barcelonés, poco deudor del pasado, que ha de cuajar en un futuro más próximo de lo que pueda pensar el más optimista de los protas.

“Las conexiones son muy estrechas. Vimos una colaboración tan fuerte, más de lo que creíamos nosotras y de lo que creían ellos, que nos sugirió lo único que no sabíamos antes de empezar el documental: cómo acabarlo” (Alicia Álvarez).

Pero lo más curioso para mí, en este caso, es la obra cinematográfica en sí misma, no el tema que toca, que no deja de ser el 'mismo' de siempre (si exceptuamos la conexión arquitectónica, que es algo bastante marciano por estos lares a la hora de hacer un documental musical, una de las últimas modas que han llegado a este rancio reino del sur de la muerta Europa), aunque sea notable en este caso. Que alguien armado con una cámara de súper 8, un iPhone, un micro de corbata y 3.035 euros (recaudados vía crowdfunding), con un equipo de producción formado únicamente por dos personas (un montador y un editor de sonido), del sexo femenino (seguimos siendo unos machistas de campeonato, no hay duda digan lo que digan), en modo primerizo (el mundo está claro que es de los francotiradores benignos valientes), consiga llevarlo a cabo, y que pueda estrenarlo en el festival de documentales musicales más importante de aquí (¿es el único?), es epopéyico, y una noticia mucho más importante que saber que fabricar unos pocos cientos de vinilos ya cuesta dos meses de paciente tiempo perdido.

“No recuerdo muy bien cuándo empezamos a hablar de hacer un documental. Sí, tengo flashes, pero de eso hace casi tres años” (Isabel Francoy).

Pero la música siempre será lo único importante, y ésa no falta, ni sobra, en este documental (es una metáfora, que conste en acta). Ojalá mucha más gente se líe el phone de marras a la cabeza, y hayan más puntos de vista 'diferentes' de lo que pasa realmente aquí, y ahora. Cuántos más seamos, más bailaremos en esta pista de baile imaginaria.

Que nos cuenten ya sus protagonistas lo que es realmente cometer una locura audiovisual en estos tiempos de cólera.

Foto Isabel Francoy

¿Por qué tuvísteis la necesidad de hacer un documental? ¿Hubo una causa o fue un impulso?

Isabel: Desde que nos conocimos, ya hace más de 6 años, siempre nos ha unido la pasión por la música electrónica. Beats, zapatilla y romanticismo sería una buena descripción para nosotras. Alicia, periodista musical, y servidora, arquitecta, cada una en su campo, pero siempre curiosas por la fusión de ambos, el sonido y el espacio como escenario de su producción y difusión.

Causa(s)-impulso diría yo. Una causa bastante importante, pero no detonante, son los 1001 viajes que hemos hecho a Berlín de turismo nocturno. Cada club, after, fiesta… eran siempre emplazamientos con encanto (en el sentido más amplio de la palabra, por supuesto) que te hacían disfrutar (sentir) todavía más la música. Y ésta fue una de las cosas que nos dio qué pensar también. La otra causa fue que no había finde que no encontráramos plan electrónico en Barcelona. Y de aquí, el impulso… ¡Pim pam! Algo se estaba cociendo en la Ciudad Condal… Y el espacio en sí, seguro que de una manera u otra, influye.

Alicia: Fue más bien un impulso. Si hubiera una causa concreta estaría en la confluencia de inquietudes y nuestras ganas de hacer algo donde aunásemos nuestras pasiones (la arquitectura, el periodismo y la música electrónica). Creo que si hubo alguna necesidad fue la de indagar por nosotras mismas en una idea que veníamos dándole vueltas desde hace ya tiempo.

Foto Isabel Francoy

¿Cómo se prepara uno para acometer la producción de un documental? ¿Cuáles fueron las primeras decisiones que tomásteis? ¿Os repartísteis los papeles o las dos hacíais de todo? ¿Hubo planificación o improvisación?

Alicia: Hubo mucha más planificación que improvisación. Sobre todo al comienzo, cuando escribíamos la sinopsis y justificábamos las decisiones que íbamos tomando: el porqué del uso del iPhone, por qué hablar con un sello y no con otro, con un artista y no con otro... Todo está justificado, no hay nada gratuito.

Lo primero que hicimos fue leer sobre el tema, recopilar información sobre el ‘estado de la cuestión’, es decir, rastreamos qué se había escrito hasta entonces. Y eso fue, en gran medida, lo que nos llevó a delimitar el tema del documental.

Podría decirse que prácticamente las dos hemos hecho de todo, aunque sí es verdad que cada una ha tenido más peso en su propio campo.

Isabel: Uf… Prepararse… Creo que alguien amateur como nosotras no sabe realmente a lo que atenerse, ni es consciente desde el principio de lo que esto supone. Y casi mejor, porque supone mucho trabajo (y satisfacción, por supuesto). Es mejor verlo venir poco a poco, que ser consciente en su totalidad de lo que te espera. Para mí ha sido un curso avanzado de crecimiento, no sólo profesional, sino también personal.

Las primeras decisiones que tomamos fueron qué queríamos transmitir (BCN como escenario, su(s) sonido(s) y su relación), cómo lo íbamos a conseguir (opiniones en primera persona de personas involucradas, imágenes de dicho escenario), qué formatos y el porqué (super 8 –analógico/emotividad- e iPhone –digital/cercanía-) y lo más importante, y lo que siempre tuvimos MUY claro es que seríamos SIEMPRE fieles al material obtenido, sin cambiar ni manipular nada por temas de guión, sino todo lo contrario. Y de aquí el resultado que obtuvimos.

Desde que empezamos a darle vueltas al tema siempre hemos ido muy a la par en cuanto a ideas, proceso, método de trabajo… y siempre hemos trabajado como un equipo. Al ser un equipo de dos personas para todo, las dos hacíamos de todo, a veces juntas, y cuando no podíamos quedar pues nos repartíamos el trabajo. En cuanto al documental en sí, Alicia era la que entrevistaba (la voz) y yo la que grababa (la cámara), pero si un día una estaba fuera y no podía acometer su papel, la una cubría a la otra.

La única planificación previa, y que perduró, fue el tema entrevistas. Quiénes, su localización (elegida por cada entrevistado) y las preguntas (a cada especialista se le preguntaría lo mismo, así que preparamos un bloque de preguntas para cada especialidad - músicos, periodistas, arquitectos… -). Aunque ya sabíamos muchos lugares imprescindibles (barrios, clubs… ), que seguro saldrían en el docu, fueron los propios protagonistas los que nos acabaron de remarcar estos puntos electrónicos en BCN, así como algunos suyos personales que para ellos eran, en algún sentido, especiales/importantes. Las diferentes declaraciones de lo que estaba pasando en BCN serían el punto de partida, y de ahí todo fue rodando sólo.

Partimos de la planificación, pero al final todo acabó siendo improvisación, obviamente con unas pautas muy claras que ya teníamos marcadas, pero fue el proceso, las entrevistas, recorrernos BCN de mar a montaña y del Llobregat al Besós, viviéndola de día y de noche… La investigación propiamente dicha de lo que se está cociendo electrónicamente en la Ciudad Condal es lo que nos acabó marcando las pautas para el guión definitivo.

Tenemos muchas imágenes ‘planificadas’ grabadas, e incluso alguna movida que montamos ex profeso (de propio, que diríamos en mi pueblo) para el documental, como una fiesta en mi azotea con TSOWC, que al final no pudimos sacar en el docu porque no encajaba. El guión nos lo fue dando el proceso y la investigación, y luego ya con todas las entrevistas impresas, y carpetas y carpetas de vídeos (un hurra enorme para Guille nuestro montador por el peazo trabajo realizado y la paciencia), empezó el non stop de leer, subrayar y compactar más de 30 opiniones junto con las no sé cuántas imágenes en una película de 48 minutos.

Imágenes improvisadas (inesperadas, deseadas y al pelo para lo que queríamos contar) también tenemos unas cuantas. Como cuando EVOL estuvieron (sí, los dos, ¡¡¡Roc y Stephen!!!) en el mostrador de Discos Paradiso. Estábamos trabajando en casa de Alicia, y de repente lo vimos por las RRSS cuando ya llevaban un rato... No recuerdo una carrera semejante desde que en la ESO nos hicieron el test de Cooper.

Foto Isabel Francoy

¿Qué cantidad y calidad de información existe sobre el 'estado de la cuestión electrónica'? ¿Y audiovisual en concreto?

Isabel: Cantidad mucha y cada vez más. Supongo que este último año ha habido un bombardeo de información sobre la Barcelona electrónica, ‘la escena’ que muchos llaman. A nosotras había momentos durante el desarrollo del documental que creíamos que no nos iba a beneficiar. Temas que íbamos a tratar y reflejar, de repente un día aparecía un artículo sobre ello. “Se nos están adelantando” era el primer pensamiento que nos pasaba por la cabeza. Pero ya en frío y con perspectiva sabíamos que en el fondo no era lo que nosotras queríamos reflejar, lo nuestro era una visión más personal (que es como empezó todo, como un proyecto personal), una visión sobre el espacio que lo contiene (Barcelona), las personas, de cómo se relacionan en él y de la relación de todo esto con el sonido.

[No sé si el documental habrá influenciado en parte o no en todo este bombardeo, aunque prefiero pensar que sí y que con este proyecto hemos conseguido agitar algunas aguas].

En cuanto a calidad, la calidad de la información es muy relativa y depende según la persona: hay colores para todos los gustos. Pero lo que está claro es que todo el esfuerzo de toda la gente (periodistas, artistas, amantes de la electrónica… ) que se ha movilizado y ha querido expresarse sobre el tema de una manera u otra (artículos, entrevistas, fiestas, encuentros, documentales… ) a través de tantos medios (blogs, revistas, y me atrevo a incluir a los festivales, jornadas, ferias… en este saco, siendo también plataformas de difusión haciéndonos percibir esta información de una manera más cercana, haciéndonos partícipes de lo que está pasando y poder valorarlo por nosotros mismos), ya en sí le da una calidad a todo el conjunto en cuestión de que es para sentirse MUY orgulloso de nuestra Barcelona Electrónica.

En cuanto a audiovisuales, la cantidad es notoriamente menor, quizá no indagamos lo suficiente, pero no encontramos nada similar para tomar como antecedente. No digo que inconscientemente de vídeos, clips, algún documental musical, etc. que fuimos viendo se nos pegara algún recurso, o todo lo contrario, nos ayudara a darnos cuenta de lo que no queríamos, pero no recuerdo que todos fueran de Barcelona. El primero que vimos que se acercaba a nuestro tema fue el que hizo Red Bull para el Sónar pasado, pero ya estábamos en un punto muy avanzado para que nos influenciara,  más bien hubo alguna cosilla pensada que descartamos porque ellos ya la habían utilizado.

Alicia: En general, sobre el estado de la cuestión electrónica, una barbaridad. Ya sea en libros, en la Red o en formato documental. Pero en concreto, sobre el tema que nosotras planteábamos (la relación entre un espacio y un sonido) no mucho. Encontramos algunos artículos del campo de la etnomusicología publicados en algunas revistas de investigación. Aunque ninguno de ellos tocaba el mismo tema que nosotras queríamos tratar, sí nos daba algunas pistas, como uno de Francisco Cruces titulado Música y ciudad: definiciones, procesos y prospectivas. De todas formas, donde obtuvimos más información sobre este tema fue obviamente en la Red. Por citar algún ejemplo, The Guardian publicó un artículo en 2010 que se titulaba Has Internet killed local music scenes?, y ahí había muchas claves. También fuimos cogiendo ideas de textos que no hablaban tan directamente sobre espacio y sonido, pero sí tocaban el tema de las escenas locales. En este sentido recuerdo algunos artículos de Frankie Pizá sobre diferentes escenas, como Detroit, más vivo que nunca, que publicó en 2013, o incluso una crítica al Kindred EP de Burial escrita por Javier Blánquez, donde hablaba del concepto de bedroom producer (que era algo que iba muy ligado al documental).

En lo audiovisual no encontramos nada que se acercara al tema en cuestión. Obviamente sí hay documentales sobre las escenas musicales como Krautrock, the Rebirth of Germany, Rock Radikal Vasco, Hype!, Barcelona era una Fiesta (Underground), etc. etc....

Isabel Francoy y Alicia Álvarez  / Fotos Estrella Adé y Kiko Alcázar

¿Cómo sufragasteis la aventura? Supongo que fue el gran problema que estuvo sobrevolando casi todo el rato sobre vuestras lindas cabezas.

Alicia: Con mucho amor. Por un lado, y de manera crucial, el de las personas que colaboraron con la financiación del proyecto a través de Verkami. Y por otro, el nuestro, porque hubo más gastos aparte de los tanteados en el crowdfunding. Pero bueno, es lo que hemos dicho más veces, el no depender de nadie a la hora de llevar a cabo el proyecto fue un gustazo porque hicimos lo que realmente quisimos. Claro que hubiera sido genial disponer de un mayor presupuesto, pero quizá hubiéramos hecho otra cosa completamente distinta.

Isabel: Gracias al apoyo de toda la gente que confió en nosotras y en nuestro proyecto (gracias, gracias y MIL gracias) conseguimos vía Verkami 3035 euros, de los que a nuestro bolsillo llegaron unos 2000 euros (aún sigo sin entender muy bien cómo se hicieron estas cuentas, pero bueno… ). Así que el resto que necesitábamos, más imprevistos, de nuestro bolsillo…

¿Repetiríais la experiencia? ¿Qué os pareció cuando lo vísteis en el In-Edit anunciado? ¿Qué sentisteis cuando se apagaron las luces y comenzó la primera proyección con público?

Isabel: Sinceramente, creo que es una experiencia irrepetible. Fue una aventura en la que nos embarcamos juntas, y de una manera totalmente amateur y pasional. No es como si nos dedicáramos a hacer documentales de forma profesional y eligiéramos un tema y ¡ale, a rodar!, sino todo lo contrario, era algo que nunca habíamos hecho. Fue el medio perfecto para expresar nuestras inquietudes comunes. Así que cada día era, o podía ser, una sorpresa. Cada día aprendíamos y descubríamos cosas nuevas. Y al documental, que no es poco, se suman más experiencias, como todo el marketing y comunicación, eventos, imagen, etc. Cuando estás con un proyecto literalmente de tu profesión, estás en tu zona de confort, y aunque cada proyecto sea un mundo, las bases de cómo sacarlo hacía delante, la técnica, etc. las conoces, pero toda la emoción de la novedad, de no saber inmediatamente cuáles serán los siguientes pasos, y toda la improvisación y nuevas ideas para enriquecer el proyecto, esto es un subidón muy grande de adrenalina. Una experiencia así es muy difícil de repetir salvo que tengas un tema que realmente  te apasione y quieras compartir con el resto del mundo, y sobre todo estar dispuesto a mucho estrés y mucho curro, pero sabiendo que te va a dar una satisfacción muy grande. Esta experiencia, sobre todo el haber conseguido las metas propuestas, me ha dado energía para seguir adelante con algún proyectillo que tengo en mente, y que por fin ahora tendré tiempo para darle caña, pero eso sí, despacito y buena letra, que Roma no se hizo en 2 días.

Ilusión, orgullo, la verdad es que no me lo creía… ¿Nuestro docu? ¿Nuestros nombres anunciados por mil sitios? Realmente habíamos conseguido nuestra meta, y la verdad es algo que sienta MUY bien. Recuerdo que en cuanto nos enviaron el email diciéndonos que estábamos dentro, llamé a mi madre corriendo, llorando como una magdalena de EMOCIÓN, y mi madre asustada pensando que me había pasado algo “¿pero qué pasa?” y yo entre lágrimas le intentaba explicar que no pasaba nada malo, sino todo lo contrario, que habían seleccionado el documental, bla bla bla… pero no me entendía (no me entendía ni yo), y mi madre preocupadísima seguía “hija, pero ¿estás bien? ¿QUÉ HA PASADO?” Me costó unos (largos) segundos poder vocalizar “¡mamá, ESTAMOS EN EL IN-EDIT!” “Hija, me habías dado un susto… [suspiro de madre]”, y de aquí ya nos emocionamos juntas.

Un subidón acompañado de un manojo de nervios (dedos cruzados, “que todo salga bien, que todo salga bien”). Y sobre todo estrés por la “perfección” audiovisual deseada, pero que sabíamos que no íbamos a tener, sobre todo en cuanto al audio, pero bueno, al fin y al cabo fue nuestra decisión en cuanto a la cercanía con los entrevistados, micro de corbata y pa’lante.

Alicia: Quizá repetiría experiencia dentro de un tiempo... La verdad es que verlo anunciado en In-Edit era como mentira todo, porque siempre fantaseábamos mucho con esa idea. Hicimos muchas horas imaginando el documental en pantalla grande. En realidad, en esa época hacíamos muchas horas fantaseando con cada proyecto que hacíamos (y también con los que no llegábamos a hacer nunca). En mi caso no recuerdo muy bien qué sensación tuve cuando comenzó la proyección, estaba algo nerviosa. Seguramente pensaría en todas las horas que le habíamos echado y en todo el amor que le habíamos puesto... Bueno, y por supuesto en toda la gente tan maravillosa que habíamos conocido en el proceso.

Luciano Alvarez