Adriana Petit

 

Adriana Petit (Carne Roja) Bella Doliente

“Nací un invierno nevado en Mallorca, en 1984, el año en el que estaba previsto que seríamos vigilados a través de televisores con ojos. Durante mi parto en la tele del hospital se emitía Calígula, sí, la de Malcolm McDowell. No fui una gran estudiante, por entonces aún no se tomaban en serio la dislexia, incluso el colegio católico, al que fui hasta los dieciséis, estuvo tentado de meterme en clases de diversificación. En un test que me hicieron predijeron que me decantaría por las bellas artes, por una vez acertaron. Aunque cursé dos años de bachiller artístico, nunca lo acabé: me puse a currar de cualquier cosa, y gracias a ello viajé. Indagué por mi cuenta, y durante algunos años renegué del arte, consecuencia directa de mi paso por el bachiller. Ahora llevo casi doce años sin parar. Fotografía, música, vídeo, collage, escritura automática... Estoy en esencia inspirada en el DIY, y estéticamente he ido investigando hasta encontrar un lenguaje visual que, aunque no pueda definir yo misma, es relativamente propio. He hecho algunas exposiciones, pero mi ventana al mundo ha sido, sobre todo, Internet. Si hay una frase que pueda resumir mi trabajo es ‘narración inconsciente tratando de expresar alguna lógica’ ”.

“Pues aquel que vive más de una vida, más de una muerte tiene también que morir”.

 

¿Te consideras una artista que hace música?

Me considero una artista que usa todos los medios posibles para alcanzar la creación pura. El arte no es más que un modelo de transmisión de esa información encapsulada y abstracta que nos eleva (no desde un sentido secular, obviamente). Y creo fírmemente que el artista es un mediador, y cómo manifieste ese mensaje debería ser lo menos importante para él.  A priori no distingo entre un Cristo románico y una novela de Nabokov: la acción es la misma, sólo cambia la forma. La intencionalidad es inmutable en el tiempo. Otra cosa es el gusto del receptor, y en qué forma prefiere que eso se presente. Otra cosa es el transmisor, y en qué forma se siente más cómodo construyendo ese diálogo. Los matices existen evidentemente, y diría que al final son lo que importan de un modo más directo, pero entiendo la acción primera del arte como un puñetazo contra el espejo, y no como esa danza compleja en la que se acaba convirtiendo. La estética perece y muta, el contenido perdura porque es lo que lo acciona.

Incluyo a la música como parte de eso, y no como una disciplina satélite. Es curioso que a la música, teniendo una dimensión tan directa, se la haya destituido siempre a un rincón de otro orden.  

Adriana Petit

¿Qué dicen de ti que eres/haces? ¿Qué dices tú ser/hacer como respuesta?

Lo que dicen de mí prefiero no saberlo porque me patina bastante, y a la vez soy muy sensible para escucharlo, aunque la realidad es que soy algo wildeana, y me recreo bastante en que se diga algo, aunque sea en mi contra. Suelen llamarme fotógrafa, cosa que en el fondo me molesta, precisamente porque simplifica ese estado alegórico al que aspiro haciendo todo aquello que hago, incluido el no hacer nada, que pueda ser visto y nombrado como tal. 

Cuando preguntan suelo dar respuestas vagas que no reafirman para nada lo que estoy diciendo aquí, ni me reafirman a mí como algo aludible. Prefiero moverme en ese terreno inexacto, precisamente porque no puede definir lo indefinible, y porque la palabra 'Arte' me hace rechinar los dientes, aunque sea la única que se aproxime. Soy hedonista antes que artista, y una sacrificada soldado raso de la causa trascendental antes que ociosa.

¿Sigues escuchando música todo el día? ¿Qué música escuchas últimamente? ¿Sigues buscando música? ¿Qué buscas exactamente?

Escucho música casi todo el día, pero desgraciadamente tengo que escuchar la de los demás. No solamente porque estoy obligada a habitar espacios ajenos, sino porque el silencio rara vez se manifiesta a mi alrededor para que lo pueda llenar, cosa que se está convirtiendo en mi principal flagelo cotidiano. El hecho de vivir en una ciudad que omite el silencio, y con silencio también me refiero a intimidad, uno siempre está supeditado a lo otro y a lo ajeno, con poca posibilidad de escuchar lo propio sin interferencias y sin invadir lo externo. Así que esa libertad de la que antes disponía viviendo en un espacio vital mucho más amplio (en los Intramuros y en el Ágora), se ha transformado en otra cosa a la que poco a poco me voy acostumbrando, aunque a regañadientes. 

Soy muy obsesiva con la música, y cuando tengo la oportunidad de tomar el control de YouTube me vuelvo odiosa. (Esto es un guiño para todos los que me han tenido que aguantar).

Escucho casi la misma música que he escuchado durante años, mi gusto es más o menos pétreo (ventajas de tener gustos firmes, y de haberlo descubierto muy joven). Por suerte descubrir grupos nuevos le da una nueva dimensión a esa práctica sistemática. Así que, para despistar lo uniforme, voy alternándolo. Lo mismo hago con mis estados interiores.

Siempre busco música. Siempre busco la música que materializará mi disposición emocional, y la llevará al limbo en el que existirá y podré soportarla. Ese lugar que funciona de espejo y te saca de la soledad. A mí me gusta toda la música, pero solamente aquella en la que puedo reconocer mi propia naturaleza en ella. Mi interior alberga tantos mundos como música escucho, es una especie de relación infinita e inacabable. El día que llegue al techo me pego un tiro.

Adriana Petit

¿Tu música también se basa "en lo gótico, en el sado, en lo ritual, en lo pagano y en la Velvet Underground"?

Digo muchas chorradas, pero por supuesto que sí. Mi voz interior, la que grita más y me jode más la vida, habita mundos muy oscuros. "Cuando miras mucho al abismo, el abismo acaba mirando dentro de ti". Lo curioso es que en la oscuridad me siento cómoda, y acabo por no diferenciar entre luz y oscuridad. ¿Es el amor algo luminoso? La creencia popular dirá que sí, pero el propio amor alberga los monstruos más temibles, y viceversa. Manifestar físicamente esos horrores puede en un momento dado estar absolutamente cubierto de luz y placer. Eso no significa que lo practique ortodoxamente, sino que vendría a decir que también veo violencia en el sexo, y no por ello le adjudico dolor. La vida apacible me asfixia, igual que lo hace el Caos. La eterna dualidad.

El ritual, al que añadiré lo pagano en un mismo combo, para mí lo es casi todo. En cada gesto y en cada acción, por rutinaria o vulgar que sea, le doy esa magnitud ritualista adherida a ciertos tics cargados de T.O.C..

VU, y esto no lo digo yo, abrió esa grieta que le devolvió a la cultura popular su extensión prohibida, y lo hizo con esa morfología pop que distraía al oyente de su verdadero mensaje oculto. Recuerdo que en uno de mis curros como camarera abrieron otra sede del mismo restaurante en otro lugar, y en la gramola que puso mi jefa Heather metió el disco de la Velvet en homenaje a mí. En la inauguración estaba llenísimo de gente, puse Heroin a un volumen escandaloso, y disfruté viendo como se retorcían de angustia e incomprensión cuando esos violines deformes y asonantes sonaron. 

A veces tengo la oportunidad de poner mi música en esos lugares comunes en los que no soy y estoy obligada a estar. Y aunque sea muy respetuosa, suelo disfrutar viendo como la música que yo escucho (incluso la que me parece absolutamente radiante) les lleva a ciertos estados que, por no entender, les incomoda. El oído es como el corazón, tiene que acostumbrarse a todo. Y yo aspiro a sentirlo todo, y a entender todo lo que escucho, incluso aquello que duele o aquello que molesta al principio.

¿Es también reflejo de la época oscura (yo también lo creo) en la que estamos inmersos?

Cuando la crisis financiera se empezó a manifestar, lo celebré. Era la única manera de destapar el velo que mostraría por fin la verdadera crisis: la del Ánima. Yo viví la "España va bien", y la recuerdo como la peor de mis pesadillas a nivel humano, cultural e intelectual. 

Estamos en una época oscura, definitivamente, pero igual de oscura que siempre. Nada ha cambiado. Pero saber que somos más conscientes de ello me reconforta, y que de allí saldrá rabia y emoción me une a la realidad de la que suelo sentirme una foránea. Una batalla ganada para mí: la oscuridad que entraña la vida ha salido fuera, y se la puede combatir o abrazar. Un paso adelante como sociedad si se encauza bien.

¿Sigues pensando que haces noise eléctrico o ya has cambiado de opinión/estilo?

Sigo haciendo noise eléctrico porque no puedo ser Billie Holiday. Si pudiera cantar como Billie haría soul industrial, que es mi aspiración máxime.

Adriana Petit

¿Qué prefieres, musicalmente hablando, estar sola o en compañía?

Prefiero trabajar sola porque no tengo que cuestionar mi savoir faire. Empecé a investigar con la música totalmente sola, y gracias a ello he conseguido llegar a construir y tener un sonido más o menos propio, aunque a nivel formal mis aspiraciones musicales precisen de alguien más, o de más elaboración. Pero ese alguien no puede ser cualquiera, y no voy a diseñar un producto musical (ese concepto me horroriza hasta el extremo) para llegar a esa aspiración metasónica. Mis proyectos colectivos fallidos han sido siempre con gente que estuvo primero en mi vida a nivel humano. Y si han fallado es porque fallamos primero como amigos, y no al revés.

¿Empezaste tu carrera musical en Buenos Aires?

No existe tal carrera musical, aunque Muso Fantasma haya llegado a Japón gracias a More Mars. Aunque si me preguntas por Bs As, puedo hablar largo y tendido de lo que significó para mí,  musicalmente hablando. Allí descubrí por primera vez la counter-culture (la que estaba sucediendo en ese momento), y ese descubrimiento ha marcado el resto de mi vida hasta hoy. Ver con mis propios ojos la cultura musical que estaba en las sombras, y cómo ésta se desenvolvía ajena a órganos oficiales, y la libertad con la que se manifestaba, fue fortísimo. Aunque una luego se dé cuenta de que no era tan así, pero yo tenía 19 años, y esa vasta y casi infinita proyección de cemento y masividad humana, con sus luces y sus sombras (sobre todo sombras por esa violencia enrarecida que hay en la ciudad), me maravillaron. Aprovecho para aclarar de una vez que yo nunca viví allí, aunque mi primera juventud esté estrechamente ligada a esa ciudad, directa e indirectamente.

De sus casi 3 millones de habitantes yo fui a dar con la crême de la crême. Seres absolutamente maravillosos que me abrieron las puertas de aquello que buscaba, y aún no sabía qué era. Luego he comprendido que estaba buscando mi propio lenguaje. Lo encontré allí por primera vez, y siendo una pendeja. 

¿En qué momento empiezas a trabajar con Pedro Amodio?

Desde el mismo momento en que se convierte en mi compañero absoluto de vida, y me quito ese respeto infantil hacia el sonido. Pedro es un poeta, una voz totalmente instintiva de la belleza salvaje y pura. El romanticismo más descarado y el hiperrealismo más despiadado. Pedro tiene esa maldita capacidad de revelar sin esfuerzo el mensaje encriptado de los Dioses hablando de la miseria más cotidiana. Con dos palabras esa voz arrabalera es capaz de apuñalarte hasta lo más hondo. Y eso, queridos, lo tienen muy pocos. Aunque como a toda figura brillante, o se le ama o se le odia. Pedro entra en trance de verdad. Nunca olvidaré viéndolo alejarse bajo la lluvia, de noche, con el micro en el bolsillo y el cable arrastrando por el asfalto mojado. Se iba sin nada más, y no le importaba. Ésa es la imagen arquetípica que tengo de él: el poeta maldito que acepta como un destino fatal su propia lucidez.

Mi absoluta fascinación por esa innata capacidad poética me llevó a quitarme el miedo y buscar la manera más primitiva que tuve en ese momento por dar cobijo a su voz. Lo que empezó con samples grabados en un porta-estudio de casetes en nuestro palomar madrileño, siguió con una guitarra eléctrica de 100 euros. Luego un controlador con algunas teclas rotas y softwares pirateados en los que empecé a construir cosas más complejas una vez nos fuimos a vivir a la isla. Una batería, donde tendría que haber un sofá, en medio del salón, que aporreábamos brutamente para disfrute del vecindario. Hoy en día lo escucho y me sorprendo de lo que fuimos capaces de crear con nada y con nadie. Y cómo eso evolucionó con los años.

Adriana Petit / Pedro Amodio

¿Qué hiciste con Muso Fantasma (2007-2013) y Tzantza (2012)? ¿Ya cantabas en esos años? ¿Y V?

Cuando una puerta se abre, se abren todas las demás. Sin Pedro no sé si hubiera empezado a hacer música, pero lo cierto es que todo lo que siguió a esa necesidad de materializar y crear el esqueleto para los poemas de Pedro, se convirtió también en mi camino individual hacia la composición desde un prisma primitivista. Pura y dura experimentación. Con Tzantza, MASSA y V, de alguna manera, fue lo mismo. De hecho V es importante porque ha sido la única vez que he sido capaz de repetir fraseos de bajo o teclado muchas veces. Una pena que no consiguiéramos grabar, al menos rudimentariamente, lo que salió de los tres. Ídem con Tzantza.

Creo que inconscientemente fui reticente a que todo aquello que hice musicalmente adquiriera la forma de grupo. "La victoria siempre está al lado de la mediocridad" nos advirtió Yukio Mishima, y digamos que siempre he preferido hacer trampas, no exponiéndome a ese juicio final.

No sé tocar instrumentos, pero tengo esa capacidad casi natural de crear música con ellos, y saber a ciegas qué sonido pega con qué. Mi amigo Sasai me dijo una tarde etílica en su casa, mientras aporreaba su piano de cola, “no tienes ni puta idea de tocar, pero sabes cómo hacer música con él”. En música, él pondría unas comillas del tamaño de una catedral, y sonaría una risa envilecida de fondo.

Ojalá mi madre me hubiera llevado a clases de piano cuando se lo supliqué de niña, pero no podía pagarlas, y no se lo reprocho. A veces imagino qué hubiera sido de mí sin ese lastre económico. Iba para señorita pequeño-burguesa, pero mi padre se desvió, tanto que la línea se torció abruptamente hacia el subsuelo. Y allí me quedé. Aunque al final es parte de lo que soy, y creo que no lo cambiaría. Lo que podría haber sido es producto de mi imaginación y curiosidad.

¿Hay algún proyecto más hasta Carne Roja?

NO.

¿Toda esa época de formación/iniciación te empuja inexorablemente a crear CR?

Definitivamente sí.

¿Qué pretendes con CR?

Carne Roja no existe.

¿Por qué dices que no existe?

Lo considero un proyecto inconcluso, sin definir y sin un principio, pero sí con un fin.

¿Con CR dejas de lado los instrumentos eléctricos y te lanzas a la síntesis pura?

Nada de lo que hago tiene una intencionalidad formal, es lo que sale, es irrepetible, y tiene mil nombres.

¿Por qué empezaste grabando canciones sueltas y un año después lanzas un mini lp entero? ¿Y por qué una versión de Death In June (Little Black Angel)?

Las canciones sueltas no son más que los primeros pasos tímidos a mi reinserción musical después de mi decepción con ella, o la decepción de la música hacia mí, aún no lo tengo claro. Arrastro cierto malditismo, en el sentido menos babilónico de la palabra. Cuando intento crear alguna cosa, u otra, impide que eso tenga proyección alguna. Por eso, previamente, he insinuado que podía ser mi inconsciente. 

Me cuesta pensar en Érase como un mini lp.

Little Black Angel no es sino un homenaje a una obsesión absoluta por DIJ.

¿Cómo pudiste grabar Érase en una única noche?

Con un gramo de meta-anfetamina, varias botellas de vino blanco, dos Winstons, y muchísima tristeza y rabia acumuladas.

Adriana Petit

Adriana Petit

¿Por qué la portada de Érase es en blanco y negro cuando las tres anteriores, los tres temas sueltos, son en blanco y rojo? ¿Son tuyas?

Como bien has matizado entre una cosa y otra hay un año de diferencia. La cuestión monocromática es reincidente en mi ¿obra? Semánticamente hablando, Carne Roja sangra, es rabia y violencia, y Érase es nostalgia, dolor y recuerdos. Aunque ambas tengan de las dos, musicalmente hablando, queda claro qué color y porqué las representa. Dos de ellas sí son mías, ese trasero y rostro emitiendo luz soy yo. 

¿Qué medios precarios usas para hacer tus temas? ¿Qué sintes usas?

Cuando digo que uso medios precarios (que lo son) suelo referirme a que nunca les doy ese acabado final, ni trabajo los temas suficiente para que puedan ser nombrados como tal. Supongo que en el fondo sigo sintiendo ese respeto por la música que tenía al principio, y me cuesta entender lo que hago como un producto musical en su sentido más tradicional. 

Desde hace varios años tengo un Gaia, con el que tengo una relación de amor/odio. Una Wolf Rythm acaba de unirse a la familia, aunque de momento nada de lo que he hecho con ella ha salido a la luz. La idea es hacerle un jaque-mate al Gaia, en breve, con la máquina definitiva. A la hora de adquirir instrumentos aplico parte del judeo-catolicismo que arrastro, hasta que no es merecido: nada de nada.

¿Las letras de Érase son tuyas?

Son cut-ups de cosas mías y retales de frases que se me han aparecido, y que he adaptado, así que se podría decir que sí, en su mayoría son mías. Los berridos lo son sin ninguna clase de duda. Foc, foquet es una frase que mi cerebro lleva repitiéndome desde hace mucho con la melodía del Sol, solet vine'm a veure. Tengo cierta obsesión con las canciones infantiles, esos mantras que extrapolados a un universo adulto adquieren una forma completamente diferente. Al fin y al cabo deben ser adultos los que las hacen, ¿no? En Argentina tienen un juego que vendría a ser una versión alternativa de nuestro Patito Inglés. Su letra me fascina (tengo pendiente hacerle una versión): Juguemos en el bosque mientras el lobo no esté / juguemos en el bosque mientras el lobo no esté / ¿Lobo está? ¡Juguemos en el bosque mientras el lobo no esté! Me parece una declaración de intenciones maravillosa.

¿CR está más cerca de Pharmakon o de Coàgul?

Es una pregunta compleja porque me siento cerca de ambos, a nivel musical venimos de la misma constelación. Y la pregunta entraña en sí misma la trampa de que debería sentirme más cerca de Margaret por ser mujer. 

Conocí a Margaret en el andén de Torrassa, volviendo de algún concierto hc en La Astilla. Nos pusimos a hablar, y en seguida nos enganchamos a hablar de música industrial. En ese momento me sorprendió mucho, yo ni siquiera sabía lo que hacía como Pharmakon, estaba fascinada y encantadísima de encontrarme a alguien en ese entorno que conociera a TG, por ejemplo. Cuando me dijo que giró con Swans como telonera, me quedé alucinada. Luego lo comprendí todo, pero en ese momento, de tú a tú, comprendí que al final es una cuestión de conexión embrionaria. Así que, claro, de ella me siento muy cerca, estilísticamente hablando. Rabia, pasión, feminidad, ruidismo y, al fin y al cabo, una sensibilidad brutal. Y sí, al final se trata de una sensibilidad femenina, pero sobre todo de una forma de devolverle la mirada al mundo de forma universal.

A Marc no solamente me unen unos referentes musicales casi idénticos, una cosmogonía y lugares comunes, Sir Valls, y una amistad en mayúsculas. Identifico cada una de sus canciones como algo propio, su mundo interior engendra una parte muy grande del mío. Marc es una persona con la que es muy fácil comunicarse, y tiene una inteligencia que abarca muchos aspectos de una misma cosa, por eso desde el mismo momento en el que conversamos de una manera más profunda, entendí que comprendía casi milimétricamente lo que yo le decía, y al revés, por supuesto. Y esa conexión subyace en lo que hacemos cada uno, aunque sea de manera diferente, y no tenga una importancia demasiado explícita en el producto final. 

La noche que ambos tocaron en el CCCB, con Una Bèstia Incontrolable, vomité sangre, y creí que me moría, jamás tuve tan claro lo cerca que estuve de acabar. Al día siguiente creí que había sido un sueño, pero lo cierto es que Juan (que me salvó la vida dándome agua y llevándome a la cama cual princesa trash) me dijo “no, no fue un sueño”. "Vomité coàguls" dije en alto, y nos reímos todos los que estábamos allí. 

Añadir que compararme con ellos me queda enorme. Ellos, al menos, han tenido la valentía de salir de su cueva. Añadir que al final cada uno, y aunque provengamos del mismo agujero sónico, somos voces disonantes.

Adriana Petit

¿Cuál será el siguiente paso de CR?

Cambiarme el nombre.

¿Cómo te llamarás?

Supongo que el día que consiga crear "eso" me llamaré Adriana Petit.

¿Llevarás CR al directo?

La idea, por mucho que mi inconsciente y mi inseguridad me la jueguen constantemente, es poder traspasar la línea de fuego. Pero no será con cualquier cosa, soy extremadamente perfeccionista, aunque no lo parezca. Creo que una vez das ese paso tienes que tenerlas todas contigo de una manera mucho más compleja que acurrucada tras la pantalla. Digamos que soy una arista intimista más que social, de momento.

¿Cómo surgió lo de TEKNA? ¿Habrá continuidad?

TEKNA surgió en Marruecos, aunque antes de que Claudia se fuera de Barcelona ya habíamos hablado de grabar algo juntas. TEKNA se grabó en tres días, y nunca antes habíamos hecho nada juntas. La idea esencial era usar los samples que Claudia había grabado de los cantos que salían de las mezquitas, y dejarnos llevar por nuestras máquinas aquí y ahora, pero sobre todo dejarnos guiar por lo que nos transmitió estar envueltas de una cultura ancestral en un momento tan concreto como el Ramadán. Esa decodificación que nos provocó internamente a cada una intentamos plasmarlo a través de TEKNA. Aunque TEKNA en principio seamos Claudia y yo, en realidad somos las cuatro chicas que hicimos el viaje, y creo que, aunque a cada una le afectó de forma diferente, nos afectó con la misma intensidad. 

Si TEKNA continuara dudo mucho que tenga la misma connotación que esta primera cinta, aunque nunca se sabe. Sería una pena que ese nombre tan potente se quedara sólo en eso (otro guiño). 

¿Por qué crees que hay tan pocas mujeres en la escena electrónica de aquí?

Yo creo que cuando se dejen de hacer estas preguntas se normalizará lo suficiente para que no sea una apreciación sustancial a la hora de analizar una corriente musical o artística.

Además soy muy contraria a pensar en la mujer activa artísticamente en cifras, porque lo único que conseguimos así es obviar su obra para centrarnos en su género. Lo que es absolutamente prescindible e injusto. Lo mismo que me incomoda el hecho de que se cree un arte en femenino, o con esa etiqueta.

Mi guerra personal no es encontrar mi lugar como mujer en un mundo supuestamente masculino, sino encontrar mi lugar como persona en un terreno que considero universal y A-genérico, que nos pertenece como especie, aunque cultural e históricamente a la mujer se la haya arrinconado. Y no busco venganza por ello, ni necesito reivindicarme como tal. 

Además no creo que sean pocas las mujeres que estén en la escena electrónica, sin ir más lejos tenemos a Anatomía Humana Desmontable, Todesfuge o Espacio Profundo con proyectos en solitario 100% femeninos, e infinidad de chicas en grupos mixtos a los mandos de la nave a través de sus sintetizadores. Creo que precisamente es una corriente musical, la electrónica, en la que la mujer ha estado fuertemente ligada desde el principio. Delia Derbyshire o Clara Rockmore son eminencias de la proto-electrónica. Digo eminencias, y digo también figuras absolutamente clave de su historiografía. Si te fijas, además, uno de los momentos de mayor esplendor electrónico (en los años ochenta) no había grupo underground en el que no hubiera alguna mujer por allí. Así que puede que la electrónica sea la corriente musical más femenina de toda la música moderna, y coincide justamente con su liberación social. Qué lástima que no tengamos referentes femeninos en el barroco, por ejemplo, de ser así quizás no tendríamos aún que plantearnos estas controversias. Es cuestión de tiempo que nos acostumbremos.

Pedro Amodio

¿Sigues grabando para tu canal de YouTube Ruidos Salvajes?

Ruidos Salvajes coincide con mi primer año en Barcelona, época en la que el tiempo era sólo mío, y Bernat, con el que empecé a registrar todos los conciertos a los que íbamos, seguía aquí. Una vez él se fue, y yo me esclavicé para pagar el alquiler, mis prioridades fueron otras. Ahora mismo voy a la misma cantidad de conciertos que iba antes, pero ahora voy a disfrutarlos exclusivamente.

¿El videoclip para Wind Atlas Eurydice's Chant es el primero? ¿Será el último?

El primero para Wind Atlas sí, pero llevo el mismo tiempo ilustrando la música que haciéndola. Diría que mi sustituto a los directos son los videos que hago, una manera muy postmoderna de presentar la música, por cierto.

Nunca será lo último en casi nada de lo que hago. Soy una metodista enfermiza.

¿Qué nos queda (lo digo en plural) después de las disoluciones de ·Y· y Ciudad Lineal?

Nos quedan los nuevos proyectos que surgirán de sus miembros, los proyectos que seguirán surgiendo de otros portentos que aún no se han lanzado, y las gemas que aún siguen en activo dando guerra. Esto no para casi nunca, sólo se estanca, muere y renace con otra forma, o la misma.

Luciano Alvarez