Arcos de Nepal / Jose +

 

Arcos de Nepal Retorno al Pasado, Regreso al Futuro

Sin embargo, la sulfúrea deidad ofreció redención a su osadía. Cesaría su deambular, para plácidamente consumirse en el averno, si eran capaces de transmitir uno solo de los conocimientos absolutos, sirviéndose para ello únicamente de la música. Lo referido acaeció en otro tiempo y en otra dimensión, pero la misión de Arcos de Nepal no conoce ningún tipo de fronteras, y siempre que los portales interdimensionales lo permiten, los fratelli oscuri se materializan doquier, anhelantes de por fin hallar una mente preclara capaz de facilitarles la redención.

 

Las apariciones de ADN en esta dimensión y en este planeta se produjeron en los años 90 del siglo XX (1993-2000), y no sólo dejaron un rastro de inverosímiles actuaciones, sino que además legaron la edición de tres álbumes autodestruibles publicados en casete, de los que dada su naturaleza apenas quedan ejemplares, pues tras su escucha se desintegraban ya que la resistencia atómica en dimensiones ajenas a la propia tiene una hasta ahora insalvable caducidad. Por fortuna o no para los mortales terrestres de esta dimensión, en enero de 2015 una tregua en las hostilidades interdimensionales provocó la reapertura de los portales facilitando la rematerialización de ADN en el Convento de San Agustín de Barcelona. Ahora que las guerras interdimensionales han definitivamente cesado, son de esperar nuevas corporeizaciones de los atormentados fratelli en este mundo. Nuevamente se podrá contemplar su pasión y unirse a su sufrimiento.

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Con el fin de reforzar la posibilidad de cumplir su imposible misión, ADN presenta El Final de la Era Industrial, un cd que recopila su primera fase en la tierra de la veinteava centuria, de la mano del sello Nøvak, encargado de asegurar la persistencia atómica del material empleado.

Hartos de vagar por infinitos mundos en que la inteligencia brilla por su ausencia, con la esperanza de hallar por el contrario un alma lo suficientemente sensible para captar la verdad, en 1993 ADN albergó una nueva esperanza, la Tierra en nuestra dimensión y época. Todo parecía indicar que se daban las condiciones adecuadas para hallar esa extraña mezcla de lo sensible y lo cognitivo en una unidad de carbono, sin embargo tras 22 años intentándolo no se ha conseguido. Por todo ello ADN sopesa seriamente la posibilidad de explorar nuevos mundos una vez más, por lo que empieza a entreverse que restan pocas oportunidades para seguir gozando de sus apariciones en nuestro mundo. Voces del más allá nos dan a entender que por lo menos podemos esperar que esta etapa nos deje como legado la publicación de un por entero nuevo álbum, así como probablemente una publicación que testimonie el nuevo modo de interpretar sus temas históricos, e incluso se baraja la posibilidad de publicar una recopilación de composiciones inéditas que por circunstancias varias no llegaron a publicarse en su momento, pero que sí fueron interpretadas en los conciertos. Su desesperado sufrimiento no conoce limites, y es que ya lo han intentado todo. Empezaron realizando conciertos en mundos preindustriales, para hacerlo después en contextos industriales, postindustriales, y en mundos futuros que no estamos en disposición de imaginar. Tampoco han faltado conciertos para vegetales, animales inconscientes, formas de vida microscópicas y macroscópicas, e incluso para materias inertes. Así, nada parece indicar que la condena de los soberbios fratelli cese jamás. Y de todo ello obtenemos una moraleja, y es que únicamente en la conformidad y la simpleza se halla la gracia terrena y ultraterrena, al menos en tanto el humano no mute en algo cuyas capacidades le permitan abarcar lo por ahora inabarcable.

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Taludio Rativo y Trazon Tecib son los actuales integrantes de ADN, y fueron los mismos que en 1993 publicaron El Ruido de los Cuerpos Celestes, el primer álbum en nuestro mundo. Sin embargo los dos siguientes, 1994-1995 y Animula Vagula Blandula, no contaron con la participación de Tecib, que durante ese período, y por circunstancias aún desconocidas, experimentó una incompatibilidad atómica con nuestra dimensión de la que ahora se ha recuperado. Udo Látex, un fratelli que hasta entonces había permanecido en el mundo originario custodiando el cenobio, acompañó desde entonces a Taludio, hasta que también experimentó la incompatibilidad atómica. A partir de ese entonces, Rativo, especialmente resistente a nuestra dimensión, siguió intentándolo todo con la ayuda de una pléyade de iniciados dispuestos a cruzar el portal, sin los que las escenificaciones de ADN nunca hubieran sido lo mismo. En el año 2000 se produjo la última actuación de ADN en nuestro mundo tras una trayectoria que les llevó a recorrer toda suerte de escenarios, desde ínfimos garitos a grandes festivales como el Sónar.

Arcos de Nepal / Jose +

Anímense a degustar el cd El Final de la Era Industrial, testimonio verídico de una propuesta singular de la era preinternética, cuando los hombres eran hombres y las máquinas eran máquinas, los músicos eran músicos y los que ponían los discos eran los pinchadiscos, cuando un músico no podía ni grabar, ni publicar, ni promocionar su música sin pasar despiadadas, aunque sanas, cribas industriales, o bien andar sobrado de posibles. Una época en que el acceso a los escenarios era infinitamente inferior al actual, un mundo en que no bastaba con una simple computadora portátil para iniciar, completar y difundir una obra sin importar cuan nefasta ésta pudiera ser, un tiempo en que, en definitiva, llegar a algo, sobre todo desde el lado oscuro de la música, era cuasi imposible, más si cabe en el ámbito de la música electrónica en un país muy poco dado a la misma, y en una comunidad prácticamente retrógrada al respecto, inundada de música subvencionada por un gobierno interesado tan sólo en “normalizar” una lengua, aunque para ello hubiese que inculcar a las masas las más infectas producciones, que para más INRI destilaban una alarmante aculturación que imponía un abismo entre quienes abrazaban el futuro y aquellos que se identificaban inexplicablemente con el mundo rural de la Norteamérica profunda. Se gestaba la convulsa situación que empieza a asfixiarnos actualmente, y que nada bueno depara. Terminaron los días heroicos de la música para dar paso al informe mundo actual en que todo es demasiado fácil: la prometedora democratización de la música se ha convertido en su talón de Aquiles. El famoso dicho según el cual todos tienen derecho a sus quince minutos de gloria ha quedado obsoleto en la era del consumismo, que ofrece, a cambio de una mensualidad, una ilusión de gloria permanente hasta para el más lerdo.

Agoten ustedes el disco, y animen así a sus creadores a darnos nuevas muestras de sus poderes, así como a la completa recuperación de su obra originaria. 

Iñaki Zalabardo Larraza Fecit