Adele

 

Críticas Profanas Adele: 25, dame pan y dime tonto

Adele Laurie Blue Adkins ha vuelto, a lo grande, a lo bestia, como regresan los elegidos para vender millones de discos, perpetrando nuevas herejías musicales. La industria musical, bueno, la industria en general ha perfeccionado mucho sus mecanismos de promoción. Sin embargo, parte de esa transformación es parte también de una sociedad muy distinta a la de hace tres o cuatro décadas. Las nuevas tecnologías y una mentalidad mucho más pragmática nos ha llevado a valorar el arte desde un punto de vista mucho menos objetivo, más impersonal y más ligado a la gran mayoría de lo que nos gustaría reconocer. Lamento comunicar que hoy, en materia artística, hemos perdido no sólo nuestra opinión personal, sino lo que es aún más grave, nuestra capacidad para valorar una obra por encima de su éxito.

 

He seleccionado el disco de Adele como caso práctico, pero podría escoger otros campos, y obtendría el mismo resultado. Ahí tenemos lo nuevo de La Guerra de las Galaxias, perdón… Star Wars…, el último best-seller del momento, o las espasmódicas y recauchutadas actuaciones del actor o actriz de moda en Hollywood.

Todos hemos visto el ganado pastando sobre los plácidos campos verdes, llevado armónicamente por el pastor hasta el cauce de un río, y si alguna ovejita rebelde se descarría, el mastín con collarín de púas la pone en su sitio. Ése es más o menos el proceso que sufre el gran público en la actualidad. No estoy queriendo decir con ello que seamos ovejas, no, podríamos reconocer el mismo paralelismo con monos de circo o focas amaestradas, para el caso práctico el animal es lo de menos, lo verdaderamente importante son los hechos, que en este caso son más o menos así.

Alguien nos dice qué comprar, y lo compramos. ¿Por qué lo compramos? Porque es lo mejor, lo más de lo más. ¿No? Bueno, y porque los demás lo han comprado, no queréis estar fuera de onda. Luego lo valoramos, evidentemente, cómo lo que es... una maravilla. Al fin y al cabo todos estamos de acuerdo en ello, los periódicos, las revistas, la crítica 'especializada', nuestros amigos, tu hermana, la televisión, el ranking radiofónico, YouTube, y la madre que los parió a todos.

Llegados a este punto quiero deciros que el nuevo disco de Adele no me gusta. Es más, me parece vulgar y prefabricado, listo para servirse como una exquisitez para sibaritas cuando no es más que una especie de muzak plomizo y repetitivo. Bien producido, sin florituras, e interpretado de una forma correcta, pero más vacío y vacuo que las entrañas de una estatua de cartón piedra. Compararlo con cualquier disco representativo del pasado es un insulto a la cultura y a la inteligencia humana, y por tanto no voy a entrar a diseccionar obras como The Dark Side Of The Moon, Sgt Pepper’s, Blowing In The Wind o The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders Of Mars, por poner sólo cuatro ejemplos destacados.

Adele

Lo nuevo de Adele palidece simplemente en comparación con su anterior trabajo, que tampoco era para entrar en un orgasmo múltiple, pero reconozco que estaba mucho mejor armado, y su calidad dentro del mainstream era, como poco, respetable.

El single principal, que a la vez es la primera pista del álbum, ya da aviso de lo que vamos a encontrarnos: la voz, la buena voz, menos mal, de Adele entonando el “Hello it’s me again” como si no nos hubiéramos enterado después de dos meses de extenuante bombardeo promocional a discreción. Porque vamos a ver, si te fusilan a publicidad, y luego das a luz un Quijote o un Padrino, o un lp como Revolver, pues vale. Como decía en su apogeo Sasha Grey, “habrá que tragar”, pero para lo que nos ofrece Adele en su nuevo trabajo, no vale la pena ser torturados cruelmente de esa manera. Es completa y absolutamente innecesario porque el mundo, dentro del plano sonoro, va a seguir exactamente igual, o como mucho, peor aún.

Hello contiene, en esencia, casi todo lo que puede aportar el álbum, que es nada en lo referente a originalidad, y muy poco en materia musical, y por supuesto no va a cambiar el mundo. La potente voz de Adele se abre camino sobre una suave melodía de piano, bastante sencilla, olvidaros del dodedecafonismo y todo eso, que está pensada en el más puro estilo soul de las grandes divas, salvando las distancias claro, con una buena técnica vocal, pero excesivamente aséptica. Parece que la muchacha se ha dedicado a realizar gárgaras con alcohol etílico de noventa grados. La melodía o composición del tema no sólo es poco original, peca además de inercia, y vaga por los surcos del vinilo carente de alma, que es lo peor que le puede pasar a una artista que basa su música en la calidez de la voz y el impacto emocional de su obra. Pese a todo, Hello es de los mejores cortes del disco, y no es broma, a base de escucharla unos tres millones de veces por todas las emisoras de radio, la vas engullendo mentalmente, y hasta con una copita de más sería una buena banda sonora para enrollaros en el sofá de vuestros padres, algo es algo. Al menos se puede recuperar la inversión si sabemos cómo montárnoslo. Como diría el profeta, “es mejor encender una luz que maldecir la oscuridad”.

Hello cuenta con un billón de visitas en YouTube, ¿qué se puede decir? Ni la Novena de Beethoven oigan. Recuerda un poco al experimento que se realizó, no recuerdo el país, con una maceta, que la colocaron en una ventana, y a base de una publicidad machacona se convirtió en todo un fenómeno de masas. A tanto llegó el vegetal que cuando se secó hubo llantos y lágrimas para inundar un par de pantanos. Otro ejemplo experimental lo realizó no hace mucho Andreu Buenafuente con el famoso Chikilicuatre, que con la coña se plantó en la final de Eurovisión para vergüenza suprema del actor que lo representaba, y la atónita mirada de Buenafuente que lo tuvo que flipar en colorines. El single de Adele, no merece el récord de visitas, pero sus publicistas lo merecen con creces, eso sí. Decirles que con esta sociedad globalizada y teledirigida lo tenían un poco más fácil, y que el mérito no es solo suyo, sino un poco de todos nosotros.

Send My Love, el segundo corte, es una de las canciones más moviditas del disco, es decir, la pueden bailar unos ancianitos con artrosis crónica galopante sin excesivos problemas. Está aderezada con un tambor de estilo africano y un coro de auténtica grima. Adele despliega diversos gorgoritos que son innecesarios porque el tema no lo levanta ni la Filarmónica de Berlín. Una melodía muy dispersa, y que nos recuerda a los 30 segundos de haberla escuchado, siempre que tengas buena memoria.

I Miss You, la tercera toma, comienza como una banda sonora para películas de terror, y con el paso de los minutos se reafirma en lo del terror, muchos uuuuuuuu y aaaaa para una sobria producción que desaprovecha todos y cada uno de los elementos que utiliza.

El segundo single es el cuarto tema del disco, When We Where Young, cansina hasta el hartazgo. La misma base de piano a ritmo de suave pandereta, con algo más de fuerza en su sobado estribillo. Sin embargo, no tiene la suficiente consistencia para sobresalir o destacar lo más mínimo. Probablemente alcance en poco tiempo el número uno en todas las listas musicales.

Remedy. Seguimos con el piano para darle clase y categoría al glorioso trabajo. Remedy podríamos definirlo como un tema absolutamente mágico, nada por aquí y nada por allá. Una rancia extensión del tema anterior, y del anterior del anterior.

Water Under The Brigde es la misma canción que las dos anteriores, pero con un tempo más rápido para disimularlo un poco. Ya sólo el título es toda una osadía a la vanguardia de las letras. Puente, agua, lo nunca visto. Los coros, para rematar, no ayudan nada, y Adele sigue a lo suyo, cantando envasada al vacío como mi paquete de cereales para el desayuno.

River Lea es una animosa representación de canción gospel. Fusión imposible, y como imposible que es, el resultado no es muy satisfactorio que digamos, pero aún y eso se deja oír, que es el mejor cumplido que puede hacerse de ella.

Love In The Dark. El amor está en la oscuridad, y no me extraña. Cómo decidan desnudarse al tempo de la música, pueden tardar varios años. Lenta, repetitiva y de una vacuidad mortal. El arreglo de violín le viene bastante bien, pero vamos, un burro con ruedas no deja de ser un burro.

Million Years Ago. El piano se queda a un lado para dejar todo el protagonismo a la guitarra acústica en esta triste y evocadora melodía con sabor a película de espías. El punto más alto del disco, junto con Hello, es sin duda el mejor tema de todo el álbum, y da pena observar algo de luz en semejante pozo sin fondo.

All I Ask. Volvemos a lo de siempre, base de piano y más simpleza que el mecanismo de un chupete. Parece una continuación enfermiza del resto de canciones.

Sweetest Devotion, cancioncilla casi eclesiástica que cierra el álbum, y que parece sacada de un mitin para las juventudes cristianas. Mala es quedarse corto.

Existe una versión ampliada del disco llamada Target, con tres temas más, pero no he tenido lo que hay que tener para escucharla, por lo que no puedo opinar sobre ellos.

Adele

Es increíble que un compendio de canciones como éste se encuentre arrasando por todo el mundo, como si estuviéramos ante el máximo representante actual de la música sobre la Tierra, cuando es literalmente imposible recordar cualquiera de los cortes del disco después de escucharlo detenidamente durante horas. Un trabajo que no aporta absolutamente nada al panorama musical, ni a ninguno de los géneros que toca. Su esmerada y pulcra producción ni tan siquiera puede destacarse, es obvio que la genialidad se cotiza a la baja a día de hoy. A lo nuevo de Adele sólo puedo concederle un récord, el de ser el disco más sobrevalorado de la historia de la música, título concedido por una de las sociedades más manipuladas de la historia, así que en realidad engloba dos récords.

¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto? ¿Qué lo comercial es malo? ¿Qué nos toman el pelo? No, no en todos los casos obviamente, pero debemos andar con pies de plomo cuando algo nos lo quieren imponer con tanto ahinco. Durante las décadas de los 50s y 60s la publicidad se diseñaba de manera distinta. Primero escogían un buen producto, luego lo publicitaban, y después podía venderse o no. En la actualidad el producto importa más bien poco porque lo que cuenta es venderlo, más rápido y en más cantidad que tu competencia, y les importa un pimiento que se trate del Adagio de Albinoni o de la conocida María de Ricky Martín.

Es hora de comenzar a valorar las cosas por nosotros mismos, o quizá ya sea demasiado tarde. Tal vez ya estamos demasiado drogados. A lo mejor lo que realmente nos preocupa es aumentarnos los pechos, tener el culo más prieto, los músculos más grandes, ser tan cósmicos como nuestros amigos, tener el móvil más avanzado, el coche más rápido, ir a los mismos sitios y hacer las mismas cosas que el vecino. Pero para todo eso no es necesario pensar, sólo hay que conectarse a Internet, leer el periódico o encender la tele. Es más, ahora mismo, mientras leéis este artículo, estáis pensando que tengo razón, que estamos dirigidos en cierta manera, y es cierto, pero yo, al igual que todos los demás, no tengo la verdad absoluta, así que aprender a diferenciar entre lo que sale de vuestro propio pensamiento, y lo que os ha sido impuesto por mis palabras mientras leíais este artículo. Si lo conseguís, estaréis un poco más cerca de ser vosotros mismos. Puede incluso que con el tiempo lo nuevo de Adele os parezca un soberano engaño, una farsa, una burla muy bien planeada, y mejor vendida. Hasta entonces seguiréis formando parte de este circo permanente para cerebros en modo off.

J.E. Luque

- Pero Charles… la gente pensará…

- ¡¡Lo que yo les diga que piensen!!

Ciudadano Kane, 1941